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domingo, 25 de diciembre de 2011

LLORAR

 

Lloran por el Querido Líder o el Gran Dirigente o las dos cosas, que ha llegado a puerto. Su cuerpo relleno de serrín reposa en paz para que sus ciudadanas le lloren y le lloran las plañideras vestidas de luto, le llora la tropa de su ejército, le lloran los gallos y las gallinas del corral, antes de que los campesinos les quiten los huevos del mismo culo para comérselos. Todos le lloran con arrebato, ante los fotógrafos, ante las Leycas de televisión, ante cualquiera que les grave, lloran y se tiran de los pelos, pero ni rastro de lágrimas, porque después de tantos años experimentando, el corazón de los coreanos es más pequeño que uno de mis testículos, lo suficiente para seguir bombeando, sangre.

Todos estos lloros, representan a Kim, el tercero de los hijos que ahora quedan huérfanos, representan a un ejército (de verdad o de mentira), de un millón de hombres, entre los que se encuentran los soldados de madera que miran al otro lado de las líneas fronterizas incrédulos, desmoralizados por el rock & roll, que por medio de potentes altavoces, les brindan cada día y en directo sus vecinos del país del sur.
 


Korrea,  y sus dos mitades. Los de arriba comen hierba y compiten por los mejores pastos con los caballos del Gran Líder, mientras que la totalidad de su economía se destina al bienestar de la familia de este, fabricar bombas nucleares, misiles de prueba que se lanzan al mar y mantener el ejército (de verdad o de madera), que custodia ciudades en las que nadie sabe lo que hay, pero sobre todo creen que hay sospechosos. Los de abajo escuchan a los Stone o Aerosmith en los altavoces de la frontera con sus arrogantes gafas de sol. En sus ciudades hay tiendas de Zara, ven la tele, cantan en karaokes, toman té, comen, van y vienen con sus afanes, como en todas partes y sus plañideras no lloran, pero temen.
El hijo (por el que también lloran)  Kim Jong Un, del que no se sabe nada, casi no existe, sin fecha de nacimiento, sin gestos, sin palabras que suenen a palabras, dentro de un uniforme barato (de lo chino), rasurado por el cogote, también llora.
El cuerpo lleno de serrín, limpio de vísceras, de lefa, de pasión, radiado por la enfermedad, y la cabeza rellena de bolas de papel de periódico apretujado; nariz, oídos, ojos y garganta sellados con cera y conservado a una buena temperatura ambiente, con suficiente humedad, al estilo de Hồ Chí Minh
Y en eso se basa el llanto, crear temor y líderes, miedo, hambre, plañideras, proyectos militares, disciplina a base de correa, cerrar fronteras y silencio, ese gran silencio de los asesinos, que terminan rellenos de serrín y exhibidos en su propio museo chino, al que ahora (o ya desde hace tiempo) también se ha aficionado la vanidad de algunos mafiosos, pero solo los más narcisistas, para que se les pueda llorar más dilatadamente en el tiempo, llorar y llorar.

sábado, 17 de diciembre de 2011

MANCHESTER BAR


Alpha Decay promociona estos días “Contra la posmodernidad” de Ernesto Castro. Presentaron el libro en la Cripta de la Central del Raval en Barcelona. Junto al autor dos escuderos de la misma cuadra, Eloy Fernández Porta y Antonio J. (los de la foto, foto).
Me hubiera gustado estar por allí, pero aquella tarde recogía cartones y los amontonaba en un portal para pasar la noche, junto con mi perra, una botella de vino don Simón y en mi äppäpärat,  un libro de poemas de una chica de veinte años que se abría las venas del brazo derecho, mientras su madre (recitaba nanas y) le cosía las del brazo izquierdo.
(En una dimensión paralela)

En ese momento J. Calvo, pedía una cerveza en el Manchester y alguien le hacía una foto con un äppärät , que en medio segundo aparecía comentada en facebook con sesenta “me gusta” debajo. Aquella noche en el Manchester se juntarían escritores modernos, postmodernos, punkarras, pops, alter egos, egos vagos, y todos sus escoltas, aduladores, caja-risas, debidamente hormonados, enfilados, bien leídos o perturbados.  

“Contra la posmodernidad”, en si mismo guarda los siguientes adjetivos: agotado, petulante, miope, pusilánime, arbitrario, memo, partidista, monocromático, anacrónico, sincrónico, diacrónico, antinatural, amorfo, es decir, cansino, aburrido, anti estético, pacato, humilde propuesta, marrón oscuro, abstracto.
Oscar Sáenz, si asistió al evento, callado, sentado en una esquina, tomando notas y en ese estado puro, pudo después escribir Una humilde propuesta en sigueleyendo, que el joven cínico Juan Soto Ivars, califica en Facebook como: “tan irónico, que es hasta inquietante”.

Más:
Densidad extrema (totalmente necesaria), lubricante, “hubiese pagado lo que me hubiesen pedido por comprender de lo que me estaban hablando”, tono de voz, convicción, nada chabacano, “me aburrí como una ostra”, en primera fila, 1147 amigos, lista de contactos, espectador privilegiado, Manchester.

Cuando J. Calvo, acodado en la barra, le da el último trago a la segunda cerveza, en La Central, Eloy Fernández Porta deglute una palabra bastante hueca, pero muy bien entonada, y la palabra quiebra el micrófono para ir a parar a la nariz de Antonio J, que la devora de un lengüetazo y regurgita una frase sin principio ni fin, sin género alguno, sin motivación, una frase desnudita de veinte minutos, que corre a refugiarse en el sobaco derecho de Luna (poco después vemos como se rasca ese sobaco y se huele el dedo) y a la vez –en paralelo- como a cámara lenta, en blanco & negro J. Calvo, pide una nueva cerveza acodado en la barra del bar, sin un solo gesto en la cara, sin ninguna expresión moderna ni postmoderna, con un solo pensamiento.

-Cobrar entradas en las presentaciones de libros –repite como una obsesión-

Yo en otra dimensión, conectado post-telepáticamente a todos los eventos literarios de la ciudad, hepáticamente al vino don Simón, sigo enmarañado con todos los arañazos que se da la joven poeta y en la ensoñación que me produce este estado tridimensional y termodinámico, me veo enculandola, mientras su madre me recita versos sobre la muerte en un poema muy largo.

En el sueño aparece Antonio J. que ve y entiende la situación y a su vez lee, de forma improvisada, un discurso de entrada en la Modern Akademica de Viena, con los ojos cada vez más estrávicos y desde detrás de  una cortina de terciopelo verde, sonríen de forma distinta Eloy Fernández y Ernesto Castro, digo así “de forma distinta”, porque de la sonrisa de Eloy  no se puede sacar nada bueno (útil o sano), y de la de Castro (sádika-precoital-maliciosa), solo se puede esperar una condena de estilo jesuita  (“-arderás a rabiar, fill de puta”).

Por supuesto, comento la foto y afirmo: los tres llevan puesta la misma nariz. ¿Constituye eso un rasgo de postmodernidad?. ¿Es una nariz intercambiable?.

El sueño dura unos veinte minutos, la joven poeta de veinte años, sangra por todas las costuras y me deja bastante pringoso, creo que es por lo que la perra me lame continuamente. Después digo (al estilo Camilo de Ory )
-Que pase tu madre y ahora lees tu.

Suerte Oscar Sáenz, que nació en Barcelona en 1984, un año muy de Orwell. Entre otras cosas Master Pompeu en Edición. Quizá algún sábado de estos, un lunes literario en la casa del libro, un Jueves en Mutt, en Pequod,  El nostre Racó, en cualquier bar literario, empiecen a cobrar un par de euros, para que uno de estos modernos o contra post-modernos, me pueda babear contra el oído izquierdo, sentencias ferreas e ininteligibles, mientras me acuerdo de sus novias o ardo a lo bonzo y empieza una revolución.
  

 

lunes, 12 de diciembre de 2011

EDICIONES ALFABIA

Entre estas dos fotos, hay un estilo. Eso, el estilo se tarda años en generar, en hacerlo crecer. Se compone de gestos, sonrisas, movimientos, intenciones, silencios, palabras, detalles, porque al final siempre son los detalles los que hacen grande a Bruegel el viejo. Eso es la diferencia entre el ego y los demás. Uno recorta ese estilo y lo va pegando en cada página en blanco y muere con él. Lo que los demás recuerdan es eso, quizá los más allegados alguna frase, alguna palabra, pero el ser serios y negociar con firmeza, eso es algo que se instala y da forma a la silueta de las personas, de por vida.
…hay dos miradas y una sola distancia que parece la misma, pero miran cosas distintas, cosas que no existen, ni siquiera al otro lado del espejo, y eso es lo que siempre da algo de miedo, esos ojos que no sabes lo que piensan, que van más allá,  te dicen:  ” siempre hay algo más”, y si te asusta es que te has relajado para no darte cuenta, mientras que sus ojos lo han visto. Eso se llama distancia.

…hay dos bocas, en una vemos una pequeña sonrisa que lucha por quedarse dentro y a la vez lucha por salir, esa ambigüedad vuelve locos a los hombres, porque son ellos los que quieren siempre una sonrisa o el gesto de una sonrisa. He visto a algunos hacer verdaderas bobadas para conseguir un pequeño gesto que termina siendo un premio por compasión. La otra boca es algo más rígida, es lo que los ingenieros buscan en los materiales, suficiente resistencia y a la vez suficiente elasticidad, para que los edificios aguanten las formas de la actual arquitectura, torsos elásticos que se pierden entre las nubes, así es esa otra boca, construida de un material elástico y a la vez resistente. La foto es en blanco y negro, pero la piel de los labios brilla (algo pintada) en la parte más oscura y se vuelve transparente en la más clara.

… entre los ojos y las bocas, una nariz da forma a toda la estructura, no hay diferencia, es la misma en una y otra expresión, una nariz para vestir con un sombrero, permanentemente atascada, con una ligera curva y que obliga a la boca a un gesto extraño, como de una leve impertinencia por algo que no le gusta pero que no ha probado, por algo que no huele bien, aunque tampoco sabe que huela mal, ni siquiera que huela, de esa forma cuelga la intuición, la parte adivina, la parte de la que uno se puede o no se puede fiar, la parte que conecta con tu interior y que se acerca a un beso, más que un beso.

La piel es joven, porque ella lo es, pero no es nítida, una piel así no puede ser iluminada (ni tocada) porque ya tiene luz propia y  por la misma razón no se puede oscurecer, aunque siempre hay una parte apagada en cada piel, igual que hay una luna azul y otra que nunca se ve y se vuelve tersa en la frente y en las mejillas que son como frentes más pequeñas y uno levanta la frente y a la vez  se lleva con ella la mirada, que nunca se mantiene congelada, por educación, más tiempo que el necesario, salvo en las fotos.

En una de las fotos, el pelo ha entrado en movimiento dibujando ondas, en la otra, es un pelo lineal, débil o fatigado, cansado a falta de sueño o por demasiada actividad, tanto que nadie ha metido sus dedos para quitarle tensión.

Hay una clara elección entre la vida y la muerte, hay un vitalismo que quizá es el talismán para conseguir algo muy deseado, la luz, el blanco, el brillo, y el conjunto de cierta armonía que es más complicada cuando uno posa sentado, pero que se suple con suficiente aplomo, el que da una espalda que nunca se carga con pesos que no pueda soportar. Lo que llama la atención de la foto oscura es la rigidez, la seriedad, la sobriedad, perturba algo, un elemento distante que no sabemos de donde viene y que nos produce culpabilidad.

Ten cuidado con los fotógrafos que te miran dentro, puede que saquen cierta oscuridad en los negativos que terminen siendo las radiografías del futuro.

Entre estas dos fotos, hay una profesional que viste mucho, (no se da puntada sin hilo) porque tiene una empresa que sacar, Alfabia y un criterio, que no deja cabos sueltos, ni sombras, que sabe los límites del campo y da el paso hasta que la punta del zapato a contraluz, se ve asomado al  precipicio. En ese paso sin vértigo no está sola, nadie termina nunca de estar solo del todo, hay un equipo, un olfato, una vena heredada, mucha literatura creativa y muchas cuentas, para pagar todos los gastos, pero siempre hay una carta que no sabes si jugar. Si la levantas puede que case con las que guardas y haces saltar la banca, si te acobardas puede que la banca gane, es una cuestión de principios que se termina comentando en los círculos más tóxicos, rodeados de los que alguna vez han perdido, se han acobardado o no han ganado altura del todo. Hay que visitar esas cuevas el tiempo justo para no quedarse sin aire y volver a trabajar. Como siempre y en todos los viajes, aquí lo importante es seguir en el juego, calcular el escalofrío de la ruta y no quedarse sin gasolina, de noche, en la duda.

Foto en blanco y negro de Alfonso Rodríguez Barrera.
Foto en color de Andrea Barani para “Un futuro brillante” reportaje de El Pais (suplemento S moda) sábado 10 de diciembre de 2011.

jueves, 8 de diciembre de 2011

MADRIZ-BARÇA

                                              

Es sábado y aquí hay futbol. Todo el mundo se ha metido una jarra de sangría, un bocadillo de panseta peluda, chistorra. En una fuente del bodegón, palomitas saladas, quicos, matamoros, banderas y banderillas, himnos, en la otra Cristiano y Leo, frente a frente, dos tallas, dos cuerpos, dos pares de botas de oro y un balón de cuero, cada uno viste su camiseta y detrás escupen en la hierba diez jugadores, en el vestuario Pep y Mou.
-Tots, al camp.
-Ya estamos todos.
Los que saben, dicen que son los dos mejores equipos del mundo y los que saben contestan que son dos filosofías, dos maneras de entender la vida, dos políticas, dos ciudades, dos religiones, el caso es que las cifras marean, las cifras siempre marean y siempre son las mismas, puede haber doce millones de telespectadores viendo el partido, eso es prácticamente la mitad de las familias españolas; en todo el mundo la cosa se dispara y se multiplica. Si esto no es una religión, se acerca, toda esa gente amontonada en el campo, desatada, enfurecida a veces, envalentonada, son los mismos que ovacionan al Papa, a Bruce Springsteen o a José Tomás, todos esos telespectadores constituyen lo que necesita un partido político para su mayoría absoluta, toda esa energía se dilapida en dos horas de circo y fieras. No estamos tan mal.

Este año llegan a esta meta, motivados por los puntos, los goles,  Guardiola y los suyos con el mismo toque de balón, con sus mismos principios de siempre sobre la idea de equipo, vestuario, técnica, velocidad, inteligencia. Mou y los suyos, descubriéndose tras dos temporadas de no ganar, de sacar mucho pecho y muchos goles, pero no los suficientes y se van a encontrar así, frente a frente, con el video del último partido, siseando en la red, en el que Pep chulea a CR7 y este le empuja, lo que analiza y ambienta en su artículo Manuel Jabois (dos estilos) http://www.revistagq.com/articulos/real-madrid-barcelona-dos-estilos/16091, que recomiendo y aplaudo desde esta banda.

Me hubiera gustado haber jugado al futbol de pequeño, y ser aficionado de algún equipo, aunque fuera la Ponferradina o La Cultu, pero soy negado para este deporte y negado para seguirlo por televisión como es de ley, con los amigos, atiborrado de cigarrillos y la nevera llena de cerveza, para eso prefiero el boxeo o el baloncesto, que siendo lo mismo son distintas pasiones; me hubiera gustado, pero soy de esos pocos a los que se les pasará la hora y no se acordará del evento hasta el día siguiente, cuando durante veinte minutos, todos los telediarios de todas las cadenas, se dediquen a repetir las jugadas más interesantes, las declaraciones, los arbitrajes, crear polémica y de ahí a la eternidad en los corrillos de los bares, del pincho de tortilla y caña con los del trabajo, las porras; los lunes, qué gran día para hablar del deporte nacional.

En todo caso, siempre estaré a tiempo, para el próximo año, convencido de que las condiciones del encuentro serán similares a las de este sábado, calentamiento, aforo, pasión, tensión, torsión y ovación. Ya empieza a rugir toda esa maquinaria, es un clam.  
                                        

lunes, 5 de diciembre de 2011

PEQUOD LLIBRES

                                  Pequod Llibres c/Milà i Fontanals, 59

El médico me dijo que tenía que leer para recuperar la memoria, algo así como embutir de historias todo el hueco que dejó un espacio mental, llamado vacío. Desde entonces leo sin cesar y las historias se van decantando en el hueco y allí dejo que fermenten, para trasvasarlo cuando sea necesario a barricas nuevas. Desde entonces ya no bebo solo, bebo en compañía de ciertos escritores, editores, filósofos y ahora libreros jóvenes. Es el caso de Consuelo, que la encuentro detrás de una pantalla LG en su mesa de trabajo, bajando música, escribiendo, leyendo y esperando clientes, hoy lunes 5 de diciembre, día de puente para diez millones de españoles y día de trabajo para otros diez, el resto no entra en ninguna contabilidad y ella, en Pequod esperando la ballena blanca.
-No te engañes –me dijeron-, es una librería pequeña.
No me engaño, puesto que no recuerdo, no puedo engañarme ni desengañarme, no me puedo enganchar ni desenganchar a nadie, puesto que a la vuelta de la esquina, sus caras dejan de ocupar espacio. Lo que sea que hay o no hay en mi cabeza, viene a ejecutarse como una especie de ctrl F4, borrado-reinicio, cada veinte minutos.
Antes de que llegue eso, hoy, en estado de total sobriedad nos vamos a Barcelona, S a ojear ropa y zapatos para el segundo armario, puesto que el primero ya está lleno y yo a buscar un hogar y lo encuentro en el salón de Pequod.
Me va bien, con su sillón, su ordenador, sus estanterías, mesas de juguete, ediciones de libros viejos y libros recién guisados, lo más actual de las nuevas editoriales, de los nuevos escritores y en todo caso solo novela y literatura. Me va bien caminar a lo largo de Gran de Gracia, siempre ves tiendas nuevas y curiosas; me va bien la Ciudad de Gracia con todo su esplendor, sus cines, sus bares, sus diseñadores, las pequeñas tiendas, los pisitos de los traductores, los escritores, las editoriales, allí, al lado del Mercado, allí vive Pequod.

En cualquier parte del mundo, el valor del terreno se mide en metros cuadrados, en Pequod se mide en centímetros. He visto crecer estos centímetros cuadrados y he visto como un espacio infinito se convierte en un espacio sólido, aquí también se puede probar la Conjetura de Poincaré, es decir la dimensión 2 en la Topología geométrica tridimensional, la resolución matemática es una locura, pero aquí solo consiste en una especie de puzzle de voluntad y sonrisa y en esas circunstancias caben tres dimensiones enlazadas tal y como se repite de uno en uno, en todos los comercios, gente inmensa (empeñada en el día a día) que ocupa espacios muy pequeños, planos redondos y geometría.

Entras y ya estas en tu casa y si te apetece te tomas un café calentito o un te y hablas algo de literatura, te informan, te aconsejan, les das tu nombre y te abren una cuenta mental, les das tus gustos en una tarjeta y al momento tienes una libreta de ahorro donde apuntar todas las medidas y los plazos.
-¿La conjetura de Perelman?
-Si, nos queda uno, el del escaparate
-¿Está bien?
-Se está vendiendo bien.
De las conjeturas se sabe como se entra, pero no como se sale, ni en qué estado. Escucho y veo, miro de lado y de frente, y siento esa tristeza infinita de no saber que pasará con los libreros, cuando la gente haga sus compras con el Kindle DX, bajando textos en un par de minutos. En todo caso, mi médico dice: “te tienes que acostumbrar a ir quedándote huérfano varias veces a lo largo de la vida”. Por eso, a veces cuando te encuentras con un oso panda te lo quieres quedar, te quieres abrazar a Consuelo y no soltarla en un par de minutos, pero no lo haces.
Y ahora ya no se a donde quiero llegar, yo quería escribir sobre la librería Pequod, pero he saltado a otra dimensión y ahora estoy en un paisaje desconocido, eso sí tengo la mesa llena de libros, saltos de libros, una conexión entre ellos y sus historias que pasan, por prescripción facultativa a llenar el vacío de mi memoria.

Los libros hoy comprados allí, fueron escritos por Patricio Pron (El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia), William Lindsay Gresham (El callejón de las almas perdidas) y Thomas Wolfe (El niño perdido). Había algunos más pero quedaron pendientes en mi libreta de pedidos Pequod, para la próxima visita.