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viernes, 26 de octubre de 2012

ALBERTO GARCIA-ALIX en la TATTOO EXPO 2012










Nota sobre esta crónica:
Este es un artículo que Sigueleyendo no ha podido publicar...Se tarda menos en contestar un correo, que en echar un hielo al whisky.




Recinto ferial, La Farga. 7.10.2012


Se celebra como cada año en L’Hospitalet. Es la feria anual de tattoo, tatuajes mejicanos, japoneses, africanos, indonesios, con toda la parafernalia del evento, chupas, camisetas, botas converse, Harley, coches tuneados, un ring para luchadores de artes marciales, una pista de break dance y aparcadas en la calle también bicicletas con flores como las de la foto y desde luego docenas de cabinas de tatuajes con los mejores del oficio y clientes que saben del placer y el dolor mientras entra la tinta en la piel, el ruido de los taladros en el oído, la resistencia, jóvenes padres de familia con sus cachorros en brazos cargados de tattoos.

-No veas lo que aguantan las tías –dice Alberto- se pueden tirar ocho horas tatuándose la espalda..
El que lo dice no es otro que Alberto García-Alix, un tipo que ha vuelto de la muerte y de China, dos lugares de donde hay que volver con los brazos llenos de premios. Me lo encuentro allí, al sol, con esa mirada y esa chupa de cuero y esos tatuajes que se le asoman por todas las costuras, desde el cogote hasta la mueca de los labios, en cada pliegue.
-¡Qué bien te encuentro, tío! –le digo-
No me canso de saludar a este tipo, es auténtico y cabal y una leyenda en el mundo de la fotografía, del retrato en tensión, donde cada vez afina más con esas putas Hasselblad que solo el diablo sabe manejar.
-Yo me voy mañana –dice apurando su cigarrillo-
Noto esa gana y gusto en cada calada, como lo nota un exfumador o un exconvicto.
-¿Con la moto?
-Si, claro, la tengo ahí –indica para una calleja-
Con la Harley, las cámaras, la cazadora de cuero, el teléfono móvil y toda esa mirada que no falla, que espera a que pase, porque algo tiene que pasar, siempre hay algo que tiene que pasar, en el formato que sea, poesía, graffitis, tatuados o tatuadores, tías, niños, bicis de flores, una gorda o un oso polar y allí está, apoyado en una columna cuadrada.
-Si a mi me va bien, pero gracias a lo que vendo fuera –con esa voz carajosa-.
Aquí el mercado está cerrado y todo lo que se tenía que vender ya se vendió hace años.
Desde la calle se oye el zumbido de los ciento cincuenta taladros de piel, no sale ni un solo suspiro, ya lo dice el maestro, las tías aguantan. El mapa de dolor de la piel se enciende por los codos, por los sobacos, por la espalda, no es lo mismo que el hombro, cada parte es una dimensión, para cada parte se necesita una resistencia, un carácter. En el recinto cada puerta tiene un Centurión y cada soldado luce sus tatuajes, sus galones, camufla sus armas y se alarga la perilla lo que haga falta, en vez de anillos tatuajes en los dedos macizos, manos de hierro de conducir motos, nadie está muy seguro allí dentro, ni fuera pero porque nadie está hoy muy seguro de nada ni de dios, ni de la patria, ni del rey, pero en ese estado de cosas de quien si te puedes fiar es de los tipos valientes que han elegido la vida como viaje y siguen ahí, de los que todavía son auténticos, de todos esos herederos del diablo que han conseguido ahora ser ángeles y han domado el cuerpo a base de descargarse y de descargas, a base de ver morir y enterrar a los amigos.
García-Alix tiene allí a sus clientes, todos esos tipos tatuados y tiene ahí a la venta su caja de diaporamas, tres cedés titulados “De carne y hueso” una reveladora imagen de aquellos años ochenta llena de caras conocidas, talento, escaleras, callejones, perros y gatos, músicos, sombras, motoristas, ángeles del infierno, centuriones, porno star, enanos, prostitutas, colegas, novias, perros de lujo y perros de mierda, todo era la edad de oro desde Emma Suárez a Camarón y sobre todo los anónimos, legendarios anónimos, todos muertos; “Lo más cerca que estuve del paraíso” y “una perpetua fuga” completan la caja negra,  todo bien adobado con música de Daniel Melingo, en total una hora de idas y venidas y vaivenes. Y sales de allí con ganas de subirte a tu moto y quemar calles y dejar que el aire se encargue de lo demás hasta que los brazos y tu propia cara se llenen de grasa, la grasa del frío y de tu propio calor interior.
El perro no chupa, el gato se estira”

Y las máquinas de tatuar no descansan y cuando se bajan moribundos de las camillas llevan los tatuajes envueltos en plástico y les ves así, recorriendo los pasillos como zombies a punto de desmayo, a punto de arrojarse contra cualquier Centurión para que les remate a navaja. Pero eso no pasa, las cicatrices de tinta se van drenando hacia la carne y supuran agua, la piel se hincha y esperan a que en la calle sea noche cerrada, cualquier cosa antes de que te de el sol en las heridas abiertas.

-Una espalda es mucho territorio, amigo.
-Yo lo quiero así.

En este lugar tan perro no puedes tener la piel fina y es mejor no rozarte con nadie, es mejor no mirar a los ojos, es mejor no empujar ni que te empujen, es mejor quedarte estático frente al ring, ese ring que la organización coloca en un lateral de la feria, junto a un mercedes tuneado, donde dos potros se cocean después de un ritual muy medido, a tres asaltos. Es así como uno se despeja para volver a ingresar de nuevo en las cabinas abiertas a los ojos del público, de un público que muchas veces quiere sangre y fotografía sin piedad los modelos de dragón, para que el colega del barrio los dibuje sobre el hombro, sin anestesia y sin copyright.

Por el camino de ida y el de vuelta me cruzo con dos chicas vestidas como muñecas pin-up, apenas pestañean y parecen decididas a evaporarse en cualquier momento.
Dejo todos los rastros y cuando salgo del recito llevo en una bolsa, una camiseta XL con las mangas dobladas con una bonita serigrafía y esa caja negra de Alberto García-Alix, en ella ha escrito a bolígrafo: “Para Elías un abrazo de Loco a Loco” y sigo caminando rodeado de caníbales tatuados, todos ellos menores de veinte años. Sigue habiendo mercado aunque la Barcelona de ahora olvida que esa caja negra, como la de los aviones, encierra la sabiduría del blanco y negro, las voces, los ecos, sonidos que te rompen, imágenes que algunos de nosotros tenemos tatuadas en el iris, de donde no se vuelve, de donde nunca se vuelve porque siempre la fuga es perpetua y la ciudad de plomo.

A la salida también me cruzo con un grupo de mujeres que salen cargadas con bolsas de la compra (entre azules y blancas). En el mismo recinto, casi pared con pared hay un Caprabo. El tono de tinta que usan para sus bolsas es muy parecido a la que acabo de ver en la piel de muchos tatuajes, algo que a Juan Soto no le pasa desapercibido. 


Siempre hay algo que tiene que pasar y pasa. Recién escrito esto, Alberto García-Alix,  ha sido galardonado con la insignia de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia. Pero Francia es otro planeta. Supongo que lo sabía y no lo dijo.  Todo un placer.


Echa un vistazo a esto:
http://www.cabezadechorlito.net/

martes, 23 de octubre de 2012

JAVIER TOMEO



Librería Laie. Presentación de Cuentos completos.
Barcelona, 23 de octubre de 2012


Javier Tomeo camina con dificultad, pero sigue siendo ese maño grandón que escribe de manera inconfundible, cuyas novelas se representan en el teatro, que tan bien se conoce en Francia y Alemania y que curiosamente no tiene ningún premio (ni comercial, ni nacional) y ninguno de esos llamativos, Nadal, Cervantes, Planeta, nada.
 Acompañándolo en el acto de presentación, se sentaron a la mesa Juan Casamayor el editor de Páginas de espuma y del volumen, Daniel Gascón que ha trabajado la edición de forma impecable, y dirigía la charla a modo de anfitrión.
Conocí a Javier en Cadaqués, en un curso de creación literaria, un verano de hace muchos años, en el que también impartía clases Laura Freixas y de aquella época me quedó muy buen recuerdo y de aquella época conservo El cazador de leones, por él dedicado y dibujado. Poco después en el año 1993, tuve la suerte de presenciar en el Teatro Goya de Barcelona, la representación por Josep María Pou, de ese monólogo con el que Tomeo se asomó a los teatros de todo el mundo. Y ahora de nuevo me lo encuentro aquí, con esos fallos mecánicos que le dan los años tanto a las personas como a los aviones, con ese escepticismo y ese humor negro de siempre y desencantadamente feliz. De alguna forma tanto Páginas de espuma como Alpha Decay han traído a la vida a un viejo escritor, le han devuelto a sus mejores años, porque un novelista así no puede ser olvidado, entre otras cosas por mantenerse en la tozudez y caminar sobre la misma línea, sin salirse, sin concesiones, sin apartarse y nos dijo eso que ya sabemos.
-Soy un escritor marginal.

Por eso me alegro de que se le vuelva a ver, a oir y a leer, de que sean otras editoriales las que se encarguen de señalar que Tomeo sigue vivo, que sus monstruos, sus historias, también y que sus incondicionales no le han olvidado, que somos más de los que nadie cree.
Por eso hoy en esta España en la que no pasa nada, el asesinato del Salobral anima los corros de baturros, en el que el gitano de los churros beatifica al criminal, (poema de Valle Inclán) y en los años cincuenta en una España, en la que tampoco dejaban que pasara nada, sucedió aquel Crímen (real) del cine Oriente, en el que Tomeo basa su novela. En esta España en la que los premios Nóbel se agotaron para las próxima cien décadas de la misma manera que se agotó el partido socialista para otras cien, los crímenes son los que verdaderamente conservan la identidad nacional y los crímenes en España se cometen en la España genuina, la que existe de verdad, la de Valencia, Cáceres, las tierras de la Mancha, lugares donde la pasión criminal que no deja de ser espiritual se vuelve carne, cuerpo y a veces novela. Si don Camilo Jose Cela, tuvo claridad y literatura durante los años en los que no necesitaba bastón, y la fue perdiendo a medida que ganaba premios Nobel hasta llegar a la España actual, que de alguna forma le ha enterrado y olvidado (ayudado por su mujer María Kodama), Tomeo resucita a pelo y con él todos los monstruos, esos que tanto nos gustan, los de siempre, esos seres dislocados de las historias mínimas, que sorprenden y nos dan algunos buenos ratos, más joven y afinado que nunca. A veces es así de sencillo.


jueves, 18 de octubre de 2012

CONVERSACIONES (3)




Había cierta expectación por ver a Lorenzo Silva, no obstante todavía tenía caliente los saludos, abrazos, pasa manos, besos y la cena de la noche anterior por haber recibido el premio Planeta, tenía reciente al ministro Wert, els Presidents Mas y Lara y todos los demás, poetas, novelistas, jurados, periodistas, guardaespaldas, camareros, damas de la corte literaria y ahora ahí está, junto con los profesores Eloy Martín y Jordi Carrión, con calma, tranquilo, algo cansado y contento, había quedado a las seis y media de la tarde en el aula de la Pompeu para esta conversación y allí estábamos los demás,  unos para hablar y otros para escuchar y de fondo, los moros esos personajes diferentes y molestos, que aparecen siempre en un tercer plano de la película Casablanca, pero que cada vez buscan más cámara, porque no hay nadie con más futuro, a los que la humillación de occidente les subleve más, orgullosos de su pasado en el pasado, son los árabes y su futuro es ficción según los acontecimientos que se miren y a qué autor se cite.
Siempre va bien tener a un profesor que inicie el calentamiento de cualquier acto y del otro bando a un novelista, (lo sabe bien Jordi que sufre en carne propia como profesor, novelista y ensayista). El profesor Martín, como todos los que han pasado por estos ciclos, se ciñe a la verdad, ni arriesga ni inventa y fundamenta esa verdad con nombres y apellidos, compara, expone y todo eso lo hace desde la cátedra, con cierta resignación, solo que entre esa cierta resignación tanbien cabe un resquicio de ironía con la que combatir, a esta escala, a los poderes políticos y Lorenzo Silva conecta con Martín, por ese resquicio de ironía que todavía flota en el ambiente, en este ambiente enrarecido de la crisis económica y de primaveras árabes, con la esperanza de que cada año esa primavera árabe renazca de las cenizas del invierno. Y Lorenzo Silva a diferencia de los docentes, habla con todas las voces que se le han asomado, no solo a los libros, si no a ese sexto sentido de los novelistas, a su vida, a sus viajes, (hace diez días en Argelia) volviendo real esa verdad científica de los libros de texto y podía citar también a Juan Goytisolo como ejemplo de escritor, pero no lo hago porque su nombre ayer no salió a relucir por la palestra.
Y así nos confesamos todos, sale lo mejor y lo peor de las religiones, de los fanatismos, del poder económico saudí para instalar en todo el mundo musulmán la vertiente Wahhabi del Islam, que es como un Opus Dei; pero llegar ahí es un proceso y para entender ese proceso también hay que entender lo que un creyente siente, el Islam está metido en la piel de la gente, no es algo que se pueda asilar de la persona, es un tronco que parte del mismo tronco  humano que lo sustenta, eso es el Islam de los creyentes, tan metido está en cada capa social y costumbre que es imposible cualquier cambio político, si el cultural sigue en esa raiz. Para eso Silva recomienda leer “La enfermedad del Islam” de Abdelwahab Meddeb, tripolitano y residente en París, un análisis preciso de los movimientos islámicos en el que se manifiesta que si el fanatismo es la enfermedad del catolicismo, en nazismo la enfermedad de Alemania, entonces el fundamentalismo es la enfermedad del Islam. 

Lorenzo Silva, no solo es sus personajes Bevilacqua y Chamorro, no es el abogado de empresa que dejó su trabajo para escribir, es un tipo con dieciocho novelas, nueve libros más de viajes, guiones, y otros diez infantiles y juveniles; todo eso con cuarenta y seis años le da un tono de voz y una militancia, el peso específico del viajero que sabe que está de paso y desde luego todo eso antes de llegar al Planeta de hace unas horas y que ahora mismo además de por las felicitaciones de todos, no deja de ser una anécdota; un tipo así con esa mochila no se deslumbra fácilmente. Y parece ser que este tipo confía en que la gente de ese norte de África que cada vez está más cerca de nosotros, cree que todo este mundo árabe que se revuelve y lucha, despegará, poco a poco despegará, si el lastre del Islam, de las dictaduras, de la corrupción, todos esos paisajes, que nosotros en nuestra democracia también conocemos, lucha por quitarse el cuartel de encima, esa misma piel que España se quitó con el franquismo.  Así fueron transcurriendo todas esas conversaciones, nadie se atrevió a vaticinios estériles y quedó claro que Egipto, Túnez o Marruecos vivirán su revolución, una revolución que tendrá uno de sus pies en la evolución cultural y en las mujeres, esa mitad de la población, sin las que ninguna sociedad puede avanzar. Son los tiempos que hay que vivir y en los que todos vamos a estar.




jueves, 4 de octubre de 2012

CONVERSACIONES (2)




Todo empieza bajando la pequeña rampa del aula 20.029, donde continúa el ciclo INTERSECCIONS. Hay un viejo en la segunda fila, calza mocasines sin calcetines. Hoy por esa rampa bajan despacio Fernando Angel Moreno y a su altura, sin casi espacio Jordi Carrión, detrás camina algo cabizbajo Marcelo Cohen. No me doy cuenta hasta ahora de que la entrada fue así. Yo ocupo el primer asiento de la sexta fila derecha. Desde allí tengo una buena visión del encerado y que como nadie se ha molestado en borrar, dice las siguientes palabras escritas a dos columnas: (1ª):  -DICOTOMY   -MATERIALISTIC US   -FLAMENCO guitar. (2ª): -PASSION   -UPPER CLASS SOCIETY  -FREE SOUL. Ellos no lo ven, los demás si. Detrás de mi asiste a la conferencia con suma atención y un extraño brillo en los ojos, Carlos Gámez, al que no conozco pero que ganó un premio y por eso publica la novela Artefactos, que va deshojando en distintos foros. Tomo una nota de Marcelo Cohen: “Somos como boyas que flotan en el mar de la literatura y a la que nos van llegando las ondas de todo lo que se mueve”, pues así llegan las ondas de Carlos Gámez a las boyas; algo más atrás Wilmar Cabrera, que de la misma manera, también tiene  novela Los fantasmas de Sarrià visten de chándal (Editorial Milenio) dándole vueltas al mundo, futbol, turismo y soledad. A su lado Nadia del Pozo que escribe relatos como “En la cueva del otro”; el resto, todos los demás, casi todos los demás son fieles estudiantes que no van a faltar ni una sola de todas las semanas de este mes de octubre, no sé de que pasta les hicieron, pero flotan en ese mar en el que flotamos todos, si sé que casi todas son chicas y que son jóvenes.

Marcelo Cohen dice que la ciencia ficción no tiene reglas formales y que su origen comienza con la novela de Mary Shelley, Frankenstein. Ha llovido bastante desde entonces y desde entonces la ciencia se ha comido parte de todos los hallazgos de esas novelas y películas de ficción, pero ha dejado otras. Por otro lado Fernando que parece un guitarrista de flamenco, dice que la historia es más falsa que la literatura y automáticamente retrocedo en el tiempo (conversación de Wagensberg y Fontana) y veo mover   la cabeza del profesor Josep Fontana (hijo, hijo) y lo dijo simplemente porque la historia se ciñe a hechos que han ocurrido mientras que la literatura de ciencia ficción es eso ficción.
Ficción y tecnología y en ese punto es la tecnología la que le gana la partida a la ciencia y también le gana la partida la publicidad para propiciar consumo y en ese punto enganchan en una novela Crash de Ballard de la que Cohen es traductor, una novela con prólogo a la que le da suma importancia, igual que  le da importancia a un concepto: “Entre la mente contemporánea y el paisaje no hay distancia”.
Fernando A. Moreno dice por su parte que desde los atentados del 11S, no hay motivo para explicar la causa del Apocalipsis, hasta entonces era por una ola gigante, por un terremoto, por fuego, virus etc, ahora todo eso ha sido superado por la realidad, a lo que Cohen contesta con una frase lapidaria: “A mi el Apocalipsis me tiene podrido” y es porque tiene claro que el planeta ni la vida en el, se va a destruir nunca, se va a ir consumiendo lentamente, la clase media (sufriendo todas las crisis) se va a ir conformando con productos cada vez de peor calidad, pero consumiendo, va a vivir en ciudades que se parecen  a la que se ve en Blade runner, no obstante el modelo de ciudad ha explotado, igual que el modelo de estado.
-Nuestra decadencia puede ser infinita –dice Cohen-
Y en la conversación entra Matrix, el Batman de Nolan, los mundos paralelos, Julio Verne, Tarkovski y la película Solaris,  V de vendetta y Alan Moore y así hasta llegar a Gene Wolfe y La quinta cabeza del Cerbero.
-Para mi es el mejor de todos –dijo Cohen-
Mientras tanto, en otro espacio de la misma ciudad, allí al lado, Javier Cercas explicaba su libro Las leyes de la frontera, ambientada en Girona en los difíciles años ochenta, de otro siglo muy parecido a este. En aquella época el héroe de ficción era también V, pero de El Vaquilla.



Un vistazo a esto:




La próxima semana: La genética según el derecho, la medicina y la literatura.