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domingo, 24 de noviembre de 2013

FATHER (Biblioteca de Viladecans)


            Comí la carne y bebí la sangre, tu carne y tu sangre y seguí siendo torpe, pecando, equivocándome con la verdad, me cansé, me arrodillé, te pedí perdón, me até los cordones de los zapatos rotos y continué. No puedo ser siempre culpable padre, por eso ya no quiero comer ni beber tu sangre. Después de muchos años levanté la cabeza por encima de los escombros y pude ver el paisaje. Me puse de pie y vi que el paisaje llegaba lejos, nada me impedía tener una visión clara. Di un paso, podía moverme, caminar y llegar; dije una palabra, vi que podía hablar y eso me produjo alegría, andaba solo y no me inquieté por eso, no había referencias, ni caminos, detrás de mi quedaban bien marcados mis pasos y eso me alegró y a la vez supe que también se borrarían, se convertirían en escombros como lo demás. Encontré una piedra y me senté en ella, también era agradable sentarse y esperar y es cuando dije las primeras palabras
-Yo soy el padre
Podía hablar, me sentí extraño con esa nueva sensación, podía repetirlo
-Soy el padre
Encontré en los bolsillos un papel y escribí esa palabra, padre y eso me produjo satisfacción y en aquel mismo momento pensé que todos los perros tienen boca, que el mundo es imperfecto y en eso reside toda la belleza, también que había fealdad y que tendría compañía porque el camino es para todos, que aquel paisaje después de los años no era solo para mi y volví a escribir “soy el padre” y pensé que era así porque podía dar y crear vida y también lo escribí para volver a sentir satisfacción, en ese momento, después de escribir y sentir volví a pensar que llegaría también la inquietud y aunque la satisfacción me gustaba, a la vez me inquietaba. Y es después que vi a otro hombre caminar erguido, despacio, con dificultad pero lleno de dignidad, era como yo, descubría el camino y quería sentir satisfacción o quizá inquietud o quizá lo que ese hombre descubría no era bueno. No me molestó, el mundo debía estar lleno de hombres así que un día se ponen a andar y empiezan a sembrar detrás de ellos huellas nuevas, quizá encima de otras ya borradas por los escombros.
            El auditorio se abrió dentro de una caja perfecta, cuadrada, estéril. A un lado alguien pudo poner sus banderas y un atril donde colocar las manos y un micrófono que recogía la voz y la devolvía clara, amplificada. Aquella caja, sus  sillas ordenadas con un pasillo a los lados y otro en el centro, se fue llenando de gente, poco después ellas se sentaron. Por cada grupo de cinco o seis mujeres, había un pequeño hombre. Venían de lejos, habían perdonado a algún hombre, sonreían, hablaban entre ellas sin conocerse, esperaban. Yo también entré, había ensayado para hablar, saludé como explican los manuales de comunicación, iba vestido, buenos zapatos de piel de potro con los que había pisado el sol del día. Aquel día luminoso no entraba dentro de los planes de la caja perfecta que tenía su propia luz. Vi la mesa a la que me sentaría y que me separaría de todos los asistentes incluso de mi mismo. Sobre la mesa alguien colocó carpetas y dentro una hoja de papel con algunos nombres en el que estaba también el mío, ELIAS GOROSTIAGA, así como instrucciones bien ordenadas, algo que miré por encima sin atención, ese papel me produjo fastidio, también aquí había reglas y cerré la carpeta. Alguien dejó una botella de agua precintada y un vaso de plástico, desenrosqué el tapón y bebí directamente de la botella porque los vasos de plástico antes o después se derraman y volví a enroscar el tapón con delicadeza. Pensé que el agua me aclararía la voz, pero la voz siguió confusa, pesada, apelmazada en la parte baja de la garganta. También la mesa tenía un micrófono. Un hombre se me acercó y me instruyó en el orden de las intervenciones, repitió lo que tediosamente había leído en el papel, le miré y vi que era un hombre cabrón y bueno a la vez, que cumplía con su trabajo, todo eso formaba parte del acto, del tiempo de aquel auditorio perfecto. Cerré la carpeta y la volví a abrir, y la cerré y al volverla a abrir, leí otros nombres NOEMI TRUJILLO y REMEI LOPEZ volví a cerrar la carpeta y la volví a abrir. Ese hombre le daba una gran importancia al micrófono. Iba a mover el micro de la mesa al atril y del atril a la mesa y a ese movimiento no dejaba de darle una gran importancia, insistía en que le indicara cuando debía mover el micro de la mesa al atril y del atril a la mesa.
-Yo estaré atento a sus señas –dijo-
Antes cumplí con el protocolo y fui a buscar a un hombre a la estación. Ineludiblemente debía asistir al acto. La aguja del reloj marcó las once y media de la mañana y en ese mismo momento el tren de la R2Sur, entró en el andén, puntual como un esclavo.
 -Si no viene en este tren, ya vamos tarde.
Antes de terminar la frase aquel hombre bajaba sin prisa las escaleras para salir del apeadero. Le abracé. Caminaba despacio pero ardía por dentro, ya que el tiempo de este hombre era distinto a mi tiempo y al tiempo de las mujeres.
Las primeras sillas, fueron destinadas a los hombres que iban a hablar de su libro, en las primeras sillas de los auditorios nunca se sienta nadie a pesar de ser el lugar más cercano, el más visible, la gente siempre intenta protegerse de algo, algún peligro mental, prefieren tener a alguien delante y así en una sucesión hasta llegar a la primera fila. En esas sillas vacías figuraba el nombre de los ocupantes JUAN VICO, OSCAR SOLANA, SERGI BELLVER, JORDI CARRIÓN, DAVID YESTE, DAVID BARBA. En la mesa nosotros también teníamos nuestro cartel, nada se escapaba al auditorio perfecto
            Se presentaba allí NOMADAS, una recopilación de textos escritos por veintiún autores que habían desayunado en mi casa a las nueve de la mañana. El desayuno fue el siguiente: pà de pagés tostado, untado con tomate y aceite de Jaén de primera flor, queso bien curado, lomo embuchado, aceitunas tratadas con salsas, churros bañados en chocolate, vino con denominación Rioja, café y leche y además bizcocho de canela y fruta, troceado en dados con un asombroso sombrero de azúcar glaseada. No había periódicos del día, la alfombra estaba enrollada para que nadie pudiera pisarla, con un pequeño cadáver dentro y los veintiún autores aprovechando un descuido se pusieron a firmar mis libros, libros que ellos no habían escrito, ni leído, necesitaban firmar algo real, mi casa se convirtió en una pista de precalentamiento para lo que sería después el auditorio de la Biblioteca de Viladecans y a su paso, todo quedó lleno de cadáveres sonrientes y buenos días.
            Todo se desarrolló conforme al papel de la carpeta, donde añadí un nombre más Ana María Trillo. Después, ni antes ni después, Noemí Tujillo vestida con un abrigo blanco con las mangas llenas de flores, volvió a contarme el orden de las intervenciones, me explicó detalladamente los planos del auditorio, su perfecta estructura cuadrada, yo en aquel momento ya estaba borracho, miraba a toda aquella gente y no entendía ni de donde habían salido ni que esperaban, ni con qué fe, pero todos sonreían como si les hubiera tocado el premio de Viladecans,  además de borracho trataba de mirar con ojos de mujer a los autores que se felicitaban de estar allí, que entretenían su tiempo académico consultando sus ipad, engañándose, pensando en sus propias palabras, esas palabras que no sabe uno si van a llegar o se van a perder en ese camino sin huellas, en ese paisaje devastado y pensé para mi.
I am the father
Y eso me dio fuerza para seguir y sostener mi borrachera, con el pelo pegado al pelo y la frente fuera de su sitio, la barba recién planchada, los ojos cansados y las manos muy ordenadas junto a puños de camisa impolutos. Habló Remei en nombre de la Biblioteca que alberga en sus estantes miles de libros que nadie ha presentado nunca, porque pertenecen a una vieja época en la que no se habían inventado el espacio, ni el tiempo, ni la risa, y habló en nombre del auditorio perfecto y degustó palabras de batalla a las que no presté ninguna atención porque sonaban a café, pero que se aplaudieron con fervor, como si todas las manos tuvieran en ese momento guantes blancos, como aplauden los dibujos animados de Wall Disney. El hombre del micrófono estuvo atento a mi señal pero no le di ninguna señal y Noemí se hizo cargo de la situación comentando con voz de adolescente y mirada de miel, lo confortablemente bien que se encuentra en Playa de Ákaba, los catorce títulos en el primer año editorial, se notó su satisfacción por el proyecto Nómada y me dio las gracias por haber participado en él, en ese momento empecé a escuchar cascabeles, primero uno, después diez, después cien hasta llegar a un número gigantesco de cascabeles, miles, millones, eran todos los cascabeles de todos los arrieros y sus mulas, de todos los caminos que han recorrido los arrieros y sus mulas por todas las tierras y por todos los caminos de arriero, sentí satisfacción ante tal acumulación de sonidos, satisfacción. Los Rolling Stone habían llegado sin invitación a la fiesta Nómada, vi a Lou Red sentado entre el público a Robert Mapplethorpe, y después de esta enorme borrachera hablé yo. No puedo recordar lo que dije, no me pude oír, el hombre del micrófono se descojonaba, dije algo de mi y de mi familia, una chica me hizo una foto que salió muerta, dije algo de Vico, de Artigue, de Carrión, dije cosas sueltas que se iban pegando por las paredes y se disolvían en la luz del auditorio perfecto, o que caían delante de mi y al otro lado de la mesa, como ranas pequeñas. Me fui volviendo transparente hasta desaparecer, miré el reloj que cronometra el tiempo y vi que era un tiempo distinto al anterior, era distinto al tiempo del que disponía Jordi Carrión y que ya había gastado antes de entrar, distinto al tiempo expresivo de Juan Vico, al tiempo lento de Oscar Solana, al tiempo de Sergi Bellver que envolvió sus palabras en una bufanda que tejida por Ainhoa Rebolledo mientras tricotaba como contramaestre en el barco Pequod, y sus palabras empezaron odiándome y terminaron amándome, el tiempo de Manuel Vilas teletransportado desde Nueva York, donde reside actualmente, al cuerpo de Juan Soto, por lo que Juan  podía disfrutar de la experiencia de Vilas, de su firma de ejemplares y Vilas de Juan dándose placer con sus jóvenes novias, en un tiempo que para Vilas casi ha caducado, el tiempo del placer salvaje, vi como Charlie Watts, impecable, hablaba con David Yeste y se ofrecía para tocar la batería por los pueblos con su banda y cuanto más hablaba con él más se le hinchaban los ojos a David que explicó sobre un tiempo de músicos y de sus viejas leyendas de pueblo. Y después o quizá antes, levanté las cejas, la mirada, incluso un hombro y el del micrófono, tan atento como un podenco en el campo de batalla, hizo presa sobre el cuello del micro y lo transportó degollando un cable negro del tiempo de los cables, un tiempo que todavía no ha terminado, hasta clavarlo en el atril, junto a las banderas que goteaban colores pringosos en el suelo perfecto del auditorio y que todos los autores pisaron sin devoción alguna.
            No cruzó ningún avión por el espacio aéreo de Viladecans. No cruzaron por sus calles las viejas motos de los rockers, aprovechando ese momento familias de ciclistas, manadas de ciclistas gordos buscando una meta que terminaron delante de un plato de butifarras con alubias, atravesaban todas las calles y se perdieron por el territorio y las vegas. Y pasados todos los momentos, los autores empezaron a firmar sus libros, rodeados de aquellas mujeres que habían perdonado, Vivian, Arantxa, Lola, Elena, Maribel, Susana, Amalia, Anna, Juana La Loca, Isabel La Católica, La Duquesa de la casa de Alba, doña Vicenta la maestra, Cati, y así un sinfín de firmas y de deseos, yo también estuve allí, me llené los dedos de tinta y firmé con una vieja estilográfica Párker West Germany, que compré hace más de veinte años, para firmar libros y que ha permanecido virgen y vieja hasta hoy, cargada con tinta Waterman Havana ink indeleble. He firmado docenas de copias de un libro que es de otros, de veintiún autores nómadas que han dejado su hueva de alacrán, su larva, sus genes, en ese caldo, he firmado y he sentido las confesiones del público que deseaba el libro como el flotador de un naufrago, os he besado a todos, os he besado hijos míos pero no guardo memoria nada más que de unos pocos, los que caminan.
I am the father.





    

viernes, 15 de noviembre de 2013

NOMADAS (II) La entrevista

Elías Gorostiga: «El viaje te descubre, te enseña y te cambia, todos los grandes escritores han experimentado viajando»

Queremos celebrar con todos vosotros el inminente lanzamiento de Nómadas el próximo 19 de noviembre. Nómadas es una antología de relatos de viaje de cuya selección y prólogo se ha encargado el autor Elías Gorostiaga.
Por eso, qué mejor manera de empezar esta celebración que dirigiéndonos directamente a Elías y pedirle que nos cuente los entresijos de esta antología tan especial.
Entrevista a Elías Gorostiaga: «El viaje te descubre, te enseña y te cambia, todos los grandes escritores han experimentado viajando».
ELÍAS GOROSTIAGA
Fotografía: Ana Portnoy
¿Cómo surgió la idea de crear Nómadas? ¿Por qué ese título?
La idea se la propongo a Noemí Trujillo, directora de la editorial Playa de Ákaba, en la última semana de mayo de 2013. Fue a raíz del taller literario que se celebró el 25 de ese mes y por el flujo de una tormenta de ideas que empezó a surgir entre los integrantes del mismo. Una de esas ideas era celebrar el primer año de vida de la editorial con la edición de un libro de relatos que ha terminado siendo este,Nómadas. Todo fue muy deprisa, buscamos título, el título era el primer paso para atomizar todo lo demás. El primer fin de semana de junio le estuve dando vueltas al asunto y fue mientras leía Moriremos mirando de Alberto García-Alix, de donde surgió ese título. Para mí García-Alix siempre es una fuente de inspiración. Después llegó un primer listado de treinta autores y una idea descabellada para la portada: era la representación de La Sagrada Familia en la calleja de un barrio industrial: junto a una Harley-Davidson, una pareja y su bebé. Al final la portada es elección de Noemí, un sugerente paisaje entre dunas. Los autores (veintiuno) llegaron como la buena fruta, una vez que la idea inicial estaba madura.
 ¿De dónde surgió la idea de crear un libro de relatos de viaje?
La idea es siempre del viaje, me encanta viajar y me gustaría poder viajar como en el siglo xix; me gusta fijar el viaje escribiéndolo, contar el viaje y ese viaje tiene maestros que van desde Conrad hasta Caparrós o Nooteboom, desde J. Esteva hasta J. Carrión, viajeros, novelistas, poetas; el viaje te descubre, te enseña y te cambia, todos los grandes escritores han experimentado viajando, escribiendo de sus viajes. La segunda parte de esa idea empieza y termina celebrando el nombre de la editorial Playa de Ákaba y de Lawrence de Arabia: un símbolo y un viajero.
 ¿Cuáles han sido tus tareas como coordinador?
Sobre todo elegir a los escritores, coordinar la entrega de textos con el maquetador y con Noemí e ir afinando la maqueta hasta la revisión final y la última corrección en la que ha trabajado en solitario Noemí, después de un montón de revisiones. El trabajo al principio ha sido lento y esa lentitud y ese verano de calor me fue llenado de ansiedad para poco a poco ver que el libro tomaba forma, que los escritores respondían con sus textos, que el libro iba creciendo, todo más o menos en tres meses.
¿Qué ha supuesto para ti, como persona y como escritor?
Para mí ha sido desenterrar el pasado y a la vez darme cuenta de lo fácil que es levantar de nuevo los posos del fondo del lago. No obstante, cuando tratas con escritores también tratas con su vanidad y sus egos, esa es la parte más difícil y la más insoportable. Todos estos tipos de la antología están tocados por la magia, tienen miedo, muchos están muy solos, son frágiles, no solo por vivir una época como esta, (la mejor de las épocas y la peor de las épocas) o por ser este el final de un período, de un ciclo económico, simplemente hablamos de gente frágil.
 ¿Qué ha sido lo más difícil en tu tarea de coordinación?
Sin duda cuando tienes que pedir a un escritor que te envíe un texto y a la vez le tienes que decir que no se va a publicar; y después luchar contra el tiempo, el período de entrega, controlar la ansiedad que eso te genera y pensar que, en cualquier momento, un accidente, una decisión, una tormenta puede arrasar la cosecha y ya no va a haber otra oportunidad.
 ¿Y lo mejor que te ha aportado este proyecto?
La satisfacción de llegar al final del camino. Por otro lado queda la incertidumbre y de nuevo la ansiedad de esperar que el libro se venda y termine gustando a los lectores, pero hablamos de libros y lectores no de Coca-Cola; la sed de los libros y de los lectores es impredecible.
 ¿Cómo fueron seleccionados los autores? ¿Qué perfil de autor buscabais? ¿Te ha costado mucho cerrar la lista definitiva? ¿Se te ha caído algún autor?
No comento sobre los autores que no están en la antología, cada uno de ellos es un mapa y un territorio. Respecto de los perfiles, las listas y las caídas, uno va formando su biblioteca por contagio de lecturas, un libro te presenta otro, un autor te ayuda a elegir el siguiente libro, un camino te lleva a un viaje, y es así como vas encontrando y vas seleccionando. Igual pasa con los vinos, cuando has educado el paladar no te cuesta elegir, con los autores no te cuesta acercarte después de haberlos leído y eso es lo que hice, leerlos, conocerlos y después ponerme en contacto con ellos, siempre intentando mantener ese principio por el cual escritores consagrados junto con escritores que empiezan a escribir, todos escritores viajeros, que han vivido en muchos lugares, que hablan varios idiomas, que viajan, que se mueven, de muy distinta sensibilidad y locura, que le mantienen el pulso al cambio de paradigma que se está viviendo ahora mismo.
Los relatos que componen la obra son muy variados, aunque todos tienen en común el nomadismo, literal o figurado, ¿se planteó alguna premisa a los autores o se dejó libertad absoluta en su creación?
No recuerdo ya las premisas y por el resultado creo que a nadie le importaron mucho; al ser puramente orientativas a veces no sirven para nada, por eso yo también me olvidé de las premisas y dejé que fluyeran los textos, hay autores que mandaron textos ya publicados, o que forma parte de lo que será una novela. A mí esas elecciones me parecen bien, sobre todo cuando el tiempo de convocatoria es tan escaso y el verano metido por medio, pero al final será la opinión de los lectores la que termine eligiendo cada trabajo y poniendo a cada uno en el orden que le corresponda.
 ¿Se hizo selección previa de manuscritos o de autores?
Se eligió a los autores según mis gustos y según mis gustos algunos fueron rechazados. Fueron los que se quedaron los que tomaron el alma de la edición; agradecí a los que me dijeron que no participaban por estar ocupados en distintos proyectos; alguno se bajó a medio camino disculpándose de forma peregrina y me dejó con el ramo de flores en medio de la iglesia, aún así el peor de todos es el que no contesta ni siquiera por cortesía. Aun no siendo yo nadie en el circuito literario, lo menos que pueden hacer es contestarte, decir algo más que ese silencio, pero ahí intervino la suerte de encontrar la ayuda y la experiencia en antologías de Sergi Bellver, que tenía a mano a dos autoras y hubiera tenido muchas más, que fueron un balón de oxígeno como podréis leer.
 Con Nómadas, la editorial Playa de Ákaba inaugura su colección de narrativa breve; hay quien la considera un género hermano menor de la novela, y quien la considera un género muy complejo por el dictado de la limitación de espacio. ¿Cuál es tu postura como autor?
Yo tengo muy poca obra, y la que tengo no se ha publicado, casi es mejor que esto sea así. Y el resumen es ese, hay críticos que odian lo breve, hay lectores que prefieren apasionados panfletos decimonónicos de miles de páginas, hay autores que condensan sus novelas dando como resultado libros geniales, difíciles, lentos, macizos, pero que todo el mundo tiene en su casa o en el bolsillo trasero de sus Levi´s. Sí, hay de todo y uno ya ha pasado por el sarampión, la varicela, la salmonelosis, sí todo eso. El paisaje que ahora recorro es el de lectores utilizando dispositivos portátiles de forma compulsiva y con muy poca concentración porque constantemente reciben mensajes que abren y contestan y todo eso viene en el mismo paquete. La editorial Playa de Ákaba debe tratar de definir bien su proyecto editorial, tal y como lo están haciendo Alfabia, Mal Paso, Jekyll and Jill, Ático de los libros, Minúscula, Libros del Lince o Candaya, antes de arruinarse en el abismo, no solo creando espacios de poesía, novela o narrativa breve, sino de definiendo qué o a quién publicar, para qué lector, en qué formato, con qué gusto. Lo que hace bien Playa de Ákaba es canalizar ideas, conducir el esfuerzo de los participantes de sus talleres, que son materia prima caníbal, carne de escritor con la que ir editando, primero Nómadas y en el mes de abril de 2014, la nueva Carta basada en laCarta sobre el comercio de libros que escribiera Diderot al gremio de libreros y en la que colaboraremos más de cuarenta autores, de nuevo una tormenta de ideas para editores, libreros, políticos y la industria del libro. No sé qué saldrá de ahí, tal y como funda su derecho, la editorial paga a sus autores, nos mima; mientras el mercado no lo impida, puedan gastar fuerzas y gastar ganas, algo saldrá, tarde o temprano algo saldrá.
Desde la redacción de la Revista Digital Playa de Ákaba queremos agradecer a Elías Gorostiaga el tiempo que nos ha dedicado, su amabilidad y sobre todo, el habernos dado la oportunidad de conocer mejor Nómadas, un libro que sin duda dará mucho que hablar en los próximos meses.
A todos vosotros, os emplazamos a seguir la actualidad editorial de Playa de Ákaba. Pronto publicaremos una serie de 21 cuestionarios que hemos preparado para los autores que han participado en Nómadas. 21 formas de entender la literatura, 21 formas de viajar por el mundo. No os los perdáis.
Redacción Revista Digital Playa de Ákaba