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jueves, 2 de marzo de 2017

PASAJES


 Presentación: “Barcelona Libro de los pasajes”. Jordi Carrión.

Los pasajes son casas o corredores que no tienen ningún lado exterior, igual que los sueños.
Walter Benjamin.

                                           Foto: María Llopis

Arropado por el escritor Martín Caparrós y por su editor Joan Tarrida, se presentó en la librería Calders el libro de los pasajes de Barcelona, un trabajo que le ha llevado a Jorge Carrión ocho años de caminatas por callejones, jardines, plazas, y así recorrer obsesivamente los cerca de cuatrocientos pasajes que todavía conserva la ciudad. Obsesivamente, científicamente,  lo mismo cuando escribe novelas que ensayos, lo mismo cuando se enfrenta a una clase que en una conferencia, a un curso en Tánger o un paseo con amigos, sin margen para el error, trabajar durante periodos largos, compaginando el resto del tiempo con distintos proyectos, como una partida de ajedrez, frente a un pelotón de locos rodeados de tapias vencidas.
–¿Por qué, Jordi?

Los escritores de hoy y ahora, escriben de la guerra civil, de asesinatos, de la memoria de los padres, de su propia memoria, de América, escriben sobre la razón de encontrarse una tarjeta de crédito en medio de un bosque por el que no ha pasado persona alguna durante años, del olvido, de la España vacía. Y de repente en la mesa donde se juegan todas las partidas literarias estas trescientas quince páginas, planos de la ciudad, fotos, bibliografía, google map, google books, entrevistas, un esfuerzo ingente con el que se regala este libro a la ciudad, que ni siquiera es su ciudad. Jordi Carrión es un escritor de obsesiones, un rastreador que cuando hace presa no la suelta, buscó a todos los Carriones, siguió su rastro hasta Australia y escribió un libro, se buscó así mismo rastreándose y escribió otro, fue detrás de Sebald y comisionó una exposición en el Macba, se obsesionó con los chatarreros y espoleó a Sagar como a un caballo en el llano hasta conseguir Los vagabundos de la chatarra, homenajeó a los libros, las librerías y los libreros formando entre ellos acólitos que mantienen su nombre a lo largo y ancho de sus estanterías, que acogen sus propuestas manteniéndole  una fiel adicción y por lo tanto como cualquier adicción, una necesidad; escribió Librerías.


Arropado por sus amigos, Juan Trejo, Robert Juan-Cantavella, por los editores Malcolm Otero Barral y Pablo Mazo, por Sergi de Diego, Pere Ortín, por su mujer Marilena de Chiara, por el crítico Santiago García Tirado, por una Harley Davidson Softail, Toni Campos, por Sergi Bellver, escritores, pintores, poetas, profesores, era el día y jugaba el Barça y yo llegué tarde porque no encontraba la calle Parlament, dejé la moto y me puse andar, pero me di cuenta que estaba demasiado lejos de Calders, después no encontraba la moto, me cargué de ansiedad y de sudor y cuando llegué, cuando por fin todo entró dentro de un cuadrante fiable y aparqué en el puto pasaje Calders y me metí en la librería, hablaba Caparrós y Caparrós le preguntaba que por qué, todos sus amigos eran imberbes, por qué Barcelona, por qué el nacionalismo, pero no preguntó por qué este puto libro. Y Jordi Contestó que él era de Tarragona, que había vivido en Boston y en la Patagonia, que jugaba al ajedrez y de pequeño era árbitro, que este libro era un legado para sus hijos. No es bueno preguntarle a Carrión; entra en un tiempo y va colocando a cada uno un mundo y un espacio, te mira, te habla, sonríe y narra lentamente, sin dejar huecos que puedan ser ocupados por la segunda teoría de la termodinámica, no deja que el jabón resbale de las manos, sabe que cada palabra cocinada con una expresión, un gesto o una sonrisa, crean una estructura tan solida como una Ley y eso es lo que hizo. La mitad del público de pie, la otra mitad, sentados, todos pendientes, entregados, felices de estar allí, en un momento histórico de la ciudad, de la librería; y en esa comunión en la que apareció gente que no existía, fue acusado de plagio; era el primer día en el que se ponía a andar la maquinaria del libro, daban las ocho cuarenta y tres por mi Casio, era la primera intervención del público y sonaron todas las alarmas.

He contemplado euforias y llagas, ropa tendida al sol, esa lluvia que a veces irrumpe y nos difumina o nos pixela, ciudadanos y turistas, quién sabe si el turismo como nueva ciudadanía, la persistencia de los barrios”

 Martín Caparrós se rompió la camisa y se escupió los bigotes, Joan Tarrida se erizó bajo su chaqueta ajada, Jordi Carrión sonrió con una espada de fuego quemándole sin arder, todo el público miró aquella acusación y yo sonreía asombrado sin que ese gesto se dibujase en ninguna parte. Solo después de que la ola volviera suave a la orilla, Tarrida cortó aquella deriva surrealista y el murmullo de los corros dio paso al murmullo de la cerveza, de la dedicatoria de libros, de la dulzura de Marilena de Chiara, de las terrazas, de la calma nocturna de Barcelona.

Jordi Carrión no lo necesita. Nadie debe jugar gratuitamente con ese juguete. Todo está documentado en este libro, incluso la autora de la guía sujeto y objeto de dicha acusación.


Solo puedo felicitar al autor por este trabajo ingente y ambicioso, este regalo a la ciudad de Barcelona y a nuestros hijos sobre un mundo que desaparece.