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sábado, 12 de diciembre de 2015

MANUEL ASTUR: Seré un anciano hermoso

Presentación en Barcelona.
Silex ediciones. 
Librería Calders
11 de Diciembre de 2015. Viernes noche.


A Manuel Astur le gustan los títulos largos, el pelo y las barbas largas, los amigos y los libros largos. La última vez que le vi, fue este año en la Feria del Libro de Madrid, balanceándose en un taburete junto a Sergi Bellver; fue en la caseta de Atalanta, una caseta para acercarse a charlar y tomar algo de aliento entre tanta y tanta feria. Allí también me encontré con José Luis Espina, otro asturiano que fotografía la literatura como García-Alix las motos, pero sin exponer en los museos de arte contemporáneo (ni falta que hace, mucho mejor exponer en un aeropuerto). En aquella ocasión, (en la que se encontraba algo destruido por algún tipo de resaca) comentaba Astur que lo de presentar libros era una vulgaridad. Hoy está de gira con algo que se presenta como un ensayo emocional y que edita Silex, se titula “Seré un anciano hermoso en un gran país”, la portada es su retrato con una manzana panquerina. Hasta ahora el mejor libro de Astur es un misal de regalo con el libro de poemas “Y encima es mi cumpleaños” en el que ya anunciaba lo siguiente: “Maldita generación la mía/ maldito viñedo olvidado”, es decir el libro que ayer se presentó, es decir el primer inicio de este ensayo emocional escrito en Grado, escrito del tirón, escrito en tres meses; y también autor de un libro para olvidar “Quince días para acabar con el mundo”. Todo esto le ha valido un lugar en Wikipedia, en La escuela de letras de Gijón y en Silex ediciones con Marina Sanmartin. 
En Barcelona el encuentro es en la librería Calders, la tarima de moda, un lugar intermedio entre La Central del Raval y No llegiu de Poble Nou, un lugar deseado ya que el ballenero Pequod murió en el mar de Aral. Presenta el acto el murciano Juan Soto que paso a paso se está convirtiendo en el gran cronista de este siglo junto con el gallego Manuel Jabois. Hoy está aquí para ayudar a Astur en su gala catalana, en la presentación en sociedad de un libro que ya se está leyendo en Madrid y se está disfrutando, según las muchas opiniones de las lectoras en las esquelas de opinión de la Red, las lectoras, esas muchachas con la mirada tímida que suspiran lánguidamente, ¡ay!. Juan le dio color a las crónicas del Parlament de Catalunya en las fallidas sesiones por la desconexión del estado español y el nombramiento de un president autonómico, le dio color a la presentación de Fiebre de Matías Candeira y hoy le da color a la desvaída piedra del altar mayor de La Calders, él y sus amigas. El tándem Astur-Soto crea deseo, tanto como la navidad en los niños. Manuel estaba contento.

–Deseo pasarlo bien, joder –dice Juan– y no aburrir.
–Librería se escribe con Ll –dice la librera que languidece bajo un infarto intestinal–
–A mi me suda la polla –dice J –  con elle.
–Ayer estuve en la presentación de Yoro –digo por decir algo y meter baza–

Pero por sus flequillos, parece que les tiene sin cuidado. Hay una lucha de miradas, sonrisas y esas cosas que uno siempre equivoca cuando trata de leerlas. Y en esto veo en mi reloj que Sergi Bellver interviene con buenos deseos y una nota de prensa en su página oficial de Facebook, se encuentra en la Strahov Library donde le han invitado a hablar del proceso de escritura. Sergi toma constantemente notas para un mundo emocional, mientras se prepara para el mundo real y para saltar de Budapest a Barcelona, donde como siempre todo el mundo le espera y nadie le espera. Con Bellver a tiro, Astur a mano y Juan a diestra y siniestra, empiezan a madurar las cerezas aunque sea tiempo de manzanas, de manzanas y resaca, ese estado de ánimo que acompaña a los libros, los poemas, las noches, los viajes en Alsa a Villalpando,  Madrid, en tren a Lisboa, a Sitges, a Grao. Madrid era una fiesta, lo demás no ha cambiado.
Lo bueno de una lectura rápida es que el libro de Astur no suena a cursi, tiene la misma musicalidad que asomaba en su libro de poemas.  
Lo bueno de asistir a una presentación en directo es que tienes a los actores a tu disposición: Juan Soto ama a Manuel Astur y Manuel Astur se deja querer. Le ama porque le observa con los ojos cerrados, como se hace con los acantilados, porque le sirve como inspiración, porque le recuerda.
En la noche están Paco Soto y su uña de guitarrista, Rubén Martín Giráldez y la longitud de la mirada atónita, Cárol GP que intenta recordar algo que ha olvidado, una pequeña sombra transparente, que no sabe donde la perdió; Oscar Solana y la constante del tiempo y su serie de cuerdas en otra teoría física cuántica; la periodista Anna María Iglesia escribiendo a horcajadas sobre su teléfono,  Andrea, la novia de Juan Soto que es dulce y se preocupa porque los padres de Juan, están a punto de llegar, porque Sergi Bellver está a punto de volver. Andrea se preocupa por las cosas más frágiles, tal y  como una mujer dulce se preocupa, tal y como debe ser la mujer de un asesino, de un yonqui, de un dealer, de un músico y de un escritor, porque ella sabe que siempre hay un detalle y un precipicio que te puede tragar. 
Manuel Astur está de gira y detrás del músico, seguimos una legión de fans, rusos colgados,  rusas blancas, un bar, una cerveza, un bocadillo antes de que suene la hora, esa hora que no escuchamos y que a mi conciencia la vuelve loca. 
Sergio del Molino, sabe que dentro del reloj de Astur hay muelles de Unamuno, Chateaubriand o Malaparte. Cuando vuelva a los prados, tendrá de nuevo la necesidad de  un sueño, de  un padre, de los amigos, de una madre. Este libro es una crónica de algo que se ha perdido, del vacío, es una memoria de la distancia, esa memoria que siempre permanece como esos amigos. En el miedo que ahora siente, porque Astur como Juan, como tantos otros, podía haber muerto en aquella guerra.
–¿Pero qué será de ti, hijo mío?

La respuesta está en este libro.









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