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domingo, 22 de diciembre de 2013

sala 52 A -Várez Fisa



Es de tal envergadura, tiene tal valor artístico la donación de José Luis Várez Fisa al Museo del Prado, que solo se puede entender como un acto de bondad y generosidad. Hablo de  algo que se hubiera perdido para siempre en la memoria de León y de Valencia de don Juan, la iglesia de estilo mudéjar de Santa Marina, una de las iglesias más antiguas de Valencia de don Juan y que desapareció para siempre en los años veinte del siglo pasado, aquella iglesia era un museo religioso como tantos otros que se conservan en ruina perpetua por toda la provincia. El hundimiento de su techumbre, avisadas las autoridades, contemplado como un designio más, una catástrofe, una tormenta negra, por los siempre temerosos fieles y su providencia, basados en dos leyes que hoy siguen funcionando por estas tierras, una se manifiesta en la expresión “lo que dios quiera” y se complementa con la otra: “pasará lo que tenga que pasar”; ante este determinismo histórico, muy bien rentabilizado por la autoridad religiosa y política, nada escapa, ni los presupuestos, una enfermedad,  o la niebla, nada escapa ante esas leyes y fue así como se desguazó, a mayor gloria de dios, la techumbre del sotocoro ante el hundimiento total de la citada iglesia en 1926. Por suerte las piezas se podían desmontar y por suerte no terminaron ardiendo en alguna estufa sino en manos de un chamarilero que transportó las seis toneladas de vigas y tablas policromadas, datadas en el año 1400, en carros tirados de bueyes. Y por toda esa sucesión de suertes, terminó en manos del empresario y mecenas Várez Fisa (cinco mil pesetas de la época) para pasar a formar parte de su colección y de los salones de su casa. El lunes dieciséis de diciembre se inauguró entre otras piezas, con esta techumbre, el espacio del ampliado museo del Prado, sala 52 A. Si recorres las iglesias y los castillos de la provincia te das cuenta del inmenso patrimonio de estas tierras, y a la vez ves como ese patrimonio se deteriora, se roba, desaparece, se vende por los propios párrocos a anticuarios que llenan sus almacenes de objetos religiosos sin catalogar, al mejor postor. Visitar la iglesia de San Román de los Oteros o el Salvador de Sahagún de Campos, pueblos medievales que mantienen como pueden esas joyas y su desmoronamiento con la lentitud que solo conocen los de aquí y sus bueyes, mientras el dinero que las debería atender escapa en presupuestos y adquisiciones incomprensibles, salvo para los designios del señor.




         iglesia de Santa Marina

ATENEO VARILLAS

                                                                                           Monumento a Durruti

Salgo de Madrid por Chamartín, desde donde se ven las cuatro torres rascacielos en que quedó la ciudad más paleta de Europa, que es para lo que ha dado la ingente malversación de dinero público, la rancia especulación de los constructores, urbanizadores de paisajes, esa que soñaba con su ombligo y con unos juegos olímpicos, esa del Manzanares, esa de la gigantesca bandera de la plaza de Colón y la ciudad de la alcaldesa, esa que habla inglés, la de Eurovegas. Salgo de Madrid por Chamartín y viajo hacia León, yo solo, en un tren que sale puntual y que se lleva al padre de una señorita que buscando una última palabra para su hija, se sube al vagón en el momento en el que cierran puertas
-No me lo puedo creer, Papá, no me lo puedo creer.
Pues si, el buen señor tuvo hora y media más para despedirse de su hija y claro, pagar el billete hasta Valladolid y el de vuelta a Madrid. El paisaje de Valladolid empieza cuando sales del túnel que atraviesa la sierra del Guadarrama,  pero no es hasta que llegan las nieblas del Pisuerga y del Esgueva cuando ves el frío. En el camino hasta León el frío se vuelve material como los recuerdos y los recuerdos siempre son familiares, primero uno se suelta con el paisaje y después llegan caminando los recuerdos como niños sin escuela. Es la primera vez que voy a León sin que el objetivo principal sea ver a la familia, las vacaciones, esta vez el motivo es presentar Nómadas en una ciudad en la que fui feliz, tanto como cualquiera de vosotros pueda serlo y que también me hizo sufrir. Cuando voy a Madrid voy al Museo del Prado y cuando voy a León me acerco a ver la Catedral, con esas dos referencias partes el tiempo, igual que un padre parte pan entre sus hijos para que todos tengan y todos se queden con algo de hambre. En León no hay línea de alta velocidad, hay plazas, rotondas, el río Bernesga y el Torío, dos cárceles, una de ellas vieja, un monumento a Durruti,  El Corte Inglés, la Plaza Mayor y la Catedral, lo demás es para expertos, políticos, jubilados, pensionistas, escritores que como yo ahora, siempre vuelven para darse cuenta que con el tiempo la ciudad gana y tu pierdes, esa ciudad que quisieron y odiaron, que perdonaron, te gana la cara, las arrugas y la vida, funcionarios sin graduación, jóvenes estudiantes.
En León se proyectó que el AVE llegara en 2009 y se dieron prisa en montar una sala de espera provisional, cerrar la vieja estación del Norte y en los despachos de arquitectos empezaron a frotarse las manos con los nuevos terrenos, con el pasto de jardines bien diseñados, rotondas, pisos y más pisos, esculturas, fuentes, hoteles. Pero pasó el cuento de la lechera y el 2009, el 10, el 11, el 12 y ahora el 2013 y la estación provisional ya parece definitiva, la vieja ha quedado hundida, oscura, apartada, arrinconada sin uso y sin saber que hacer con ella y no solo eso, parece que las vías terminan en León, como si más allá no hubiera nada. Ahora resulta que para seguir viaje a Galicia o Asturias cada tren desanda dieciocho kilómetros para enlazar las vías viejas y seguir un camino de nieblas. En esa estación nueva me esperaba Ramiro Pinto, con su jersey rosa y una nariz de payaso en el bolsillo del pantalón, siempre me saluda desde lejos y siempre está disponible, es el único activista que queda en León, fue de los que se subió a los tejados cuando el pantano se quería tragar las casas de Riaño, y ha perdido todas las batallas, una a una, pero ahí sigue, con Yolanda su mujer y su grupo de teatro, sus cinco hijos, con más de veinte libros publicados (el que ahora ha terminado tiene dos mil páginas) y además de todo esto sigue incorruptible, enterrando ofertas, ofrecimientos y amenazas  de todos esos políticos que han arruinado las arcas municipales de la ciudad. Y es en su casa donde me invita a comer un buen pollo de corral y duermo la siesta y es en el Ateneo Varillas donde esta tarde después de visitar el monumento a Durruti y un par de librerías, presento el libro.



El Ateneo Varillas ocupa la segunda planta de un edificio en la calle Varillas del barrio Húmedo, no hace mucho que  se formó y es una disgregación del antiguo CECAN, aquel lugar en el que yo también acompañé a Ramiro (años ochenta) en la presentación de la revista Al margen, y que celebró todo tipo de conciertos, fiestas, recitales y actos culturales hasta hoy, hasta que el Ayuntamiento lo clausuró y punto.

Para este momento han venido de Oviedo María y Pedro mis amigos del verano, de la bodega, del Café Diario de Lulú, mis hermanos, cuñadas, amigos, amigos viejos de los que no tenía noticia y también Santos Perandones con su cámara de fotos, un tipo del que solo tenía referencias por Internet, que acaba de publicar libro (por el método crowdfunding) compartido junto con Felipe Zapico y que vive entre imágenes e ideas, de su mano iba el director de Mondo Sonoro de la zona noroeste, hoy viernes también presentaban la revista en León. Ese es el paisaje,  al fondo del salón hay una mesa ovalada y un micrófono, abren botellas de vino y me invitan. El último en llegar es Luis Artigue y lo hace como si le persiguiera una manada de lobos, ha subido las escaleras de dos en dos y aunque ya ha llegado parece que sigue subiendo escaleras
-Si, un vaso de agua por favor
-¿Solo agua?
-Y un té -dice Luis-
Ramiro comienza a hablar, a presentar y a divagar, va y viene como en una atracción de feria y se me va el santo al cielo, miro a la gente y me veo sentado entre el público, distraído. Vuelvo en si con los aplausos. Al poeta Felipe J. Piñeiro tampoco le conozco personalmente, es un tipo grande como un oso con los brazos tatuados, que dice dos cosas que a mi me gustan: La primera es que considera el prólogo como un relato más del libro (y tiene razón) y la segunda que “Nómadas es como el tajine, un plato en el que cada bocado sabe de forma diferente”, con eso me sobra y me basta para describir el libro. Luis Artigue que ya se ha sentado y bebe té, empieza a explicar su relato, desenmaraña la idea y la estructura, de cómo dos personas terminan de conocerse o de chocar en la tensión que genera un viaje. Luis es un tipo contradictorio que parece que te va a comer pero que todo queda en apariencia, es excesivo, imprevisible, neurótico, es todo o es parte de lo que hace falta para ser poeta y novelista; este año dos mil trece ha sido dulce con él, dulce y contradictorio, ya que en León siempre vives alumbrado por la luz y el oscurantismo y solamente el tiempo y la paciencia hacen que los seres luminosos terminen volviéndose transparentes cuando llega la oscuridad. No obstante a pesar del té y de todo lo que habla y de todo lo que cuenta, Luis parece que tenga prisa por terminar o por llegar a un lugar en el que no está y Elías Gorostiaga solo puede contener ese barril de pólvora, contando lo que ha sucedido para que Nómadas esté en las librerías, toda la suerte de dar con la gente adecuada en el momento oportuno. Todo lo demás fueron adornos y agradecimientos que no hace falta transcribir.  Lo último del día fue el camino de vuelta cruzando el puente de los leones en busca del tren nocturno a Barcelona, ayudado por Ramiro que nunca me ha dejado solo.


María Alvarez Bouzo

lunes, 16 de diciembre de 2013

MADRID 2 (La Fugitiva)








La Fugitiva es de color azul oxidado.
-Vamos a tomar un chocolate con churros.
Son las seis de la tarde y Zapico y su novia acaban de llegar de Ciudad Real. Vienen a cazar ciervos en la dehesa del Prado, pero hoy los ciervos se han quedado en las cuadras de la pinacoteca, entre Goya y Velázquez, además Zapi no usa armas de caza solo tira desde su Leica power 25mm. En Madrid no hace falta buscar mucho para encontrar bocadillos de calamares, ni chocolate con porras y así nos metimos en una terraza en la plaza de Santa Ana y antes de que pidiera lo mío a un camarero boliviano, Zapi me regaló su última joyita para coleccionistas COSAS (a Elías con cariño) su último libro de poemas editado por Zoográfico, artesano. Entre soletes y vaquillas la plaza está tomada por casetas y terrazas donde todo el mundo se embucha el consabido chocolate. No se tarda mucho en dar parte de los churros y a los veinte minutos nos vamos caminito caminando hacia la calle Atocha en busca de Santa Isabel y en la esquina azul están todos esperandonos, una moto Triumph bien cuidada, mi primo Lorenzo Gorostiaga, mi amigo Lorenzo Rodríguez y Rubén Sánchez Trigos, parece la fiesta de los lorenzos, de hecho todavía podía haber aparecido Lorenzo Silva y Lawrence de Arabia pero ninguno de los dos aparece, no era el día ni el lugar y no hay nadie más
-No hay nadie –me dice Lorenzo Rodríguez como sin creérselo- no ha venido nadie.
Si, nadie, salvo los clientes habituales que llevan un par de tardes allí metidos cotilleando desde su ordenador portátil y en la barrera Miguel y Clea los encargados de atenderles a ellos y a nosotros.
-Somos profesionales Lorenzo –le digo- presentaremos el libro como si estuviera lleno.
Y así es, nos pusimos a hablar y a beber agua, vasos de agua porque el chocolate da sed y algo de ardor, Lorenzo presenta y se rie mientras una pareja de novios que han ido a la Fugi a tontear entre libros y té, se levantan algo avergonzados y se van, procuro no mirarles mucho para que no se sientan culpables y lucho para no sentirme culpable yo mismo por forzar a la editorial a un segundo día de presentación en Madrid, jueves, el día en el que todas las librerías, bibliotecas, centros de arte, auditorios, consulados presenta algún libro, a algún autor, a alguien, jueves, malditos jueves literarios a las ocho de la tarde, por supuesto la convocatoria desde facebook era para las siete y esperamos hasta que la evidencia se puso a silbar como un tren furioso a su paso por un apeadero.
Los mejor de todo es que nos ganamos la atención de los que estaban, incluida la de Clea. Mi admiración por Clea y su editorial Eutelequia en la que muchos de mis amigos salieron del anonimato y que previsiblemente seguirá siendo así aunque a otro ritmo y mi apoyo incondicional a las librerías de este país y de todos los libreros que te ofrecen su mercancía al tacto y además en este caso cuando terminamos de mirarnos y explicarnos Clea dijo
-Y ahora os invitamos a una copa de cava y berenjenas fritas.
 Detalles, estábamos en La Fugitiva y allí seguimos después un buen rato, algo después de que Zapico y su Leica se retiraran a las calles de Madrid a recitar cosas.
También nos terminamos retirando nosotros, Lorenzo G se despidió con toda la cortesía, Rubén tenía un compromiso, cenar con los angeles bebés de Murillo que si bien no son ángeles del todo, tampoco son demonios, ni se depilan las cejas y Lorenzo que en su momento se preocupó porque ni siquiera llegaba su novia Irina, y yo, los tres nos fuimos a ponernos ciegos y a celebrar el silencio de los corderos, de todos esos corderos cabrones que te dicen que si, que voy joder, y megustean el facebook hasta dejarlo resbalín, resbalín como un trampolín, pero son cabronsetes y no vienen y no van y ahora quieren saber que pasó. Pues nos fuimos a cenar a la taberna La lechuga, donde el camarero te vacila cuando le pides la carta y te recomienda tomates rellenos, pero no estábamos para tomates rellenos y pedimos torreznos y huevos y mucho pan y una botella de vino y empezamos a hablar de literatura con chistorra y Faulkner, de Julio Llamazares y de Chirbes y de clásicos como Bellver y Astur, o moderneces como Galdós.
-Yo me tomaría un whiskey –dije yo-
Y no tuve que insistir
-Vamos a la coctelería Del Diego
Fue así como cruzamos la Gran Vía que es el río sagrado de Madrid, ese Madrid que exporta muchachos con bufanda de cuadros bien anudada y cuyos camareros, taxistas, peluqueros, policías terminan su frase como hablan los dibujos de Ibáñez, con un …caballero, al estilo de –pues no faltaba más, caballero –dígame, caballero o –puedo ayudarle caballero.
Y nos tomamos un gimlet a la salud de Lorenzo Silva y todos los lorenzos del mundo, un coctel de novela negra para esta noche de Madrid. Fue como terminamos siendo amigos, bebiendo ginebra y zumo de lima con más literaturas y consejos. Salud y abrazos amigos.



domingo, 15 de diciembre de 2013

MADRID 1 (Librería Lé)

                                          Elías Gorostiaga

El invierno de Madrid sujeta la humedad entre los bienes raíces de calles viejas, mientras el sol se pega en plazas y plazuelas, entre los jardines que rodean los museos y en todas las fachadas de los hoteles de cinco estrellas siempre bien orientados en invierno a ese sol.
Llegué a la Corte para presentar Nómadas durante dos días en dos librerías tan distintas como el día y la noche y sin embargo librerías. En las horas previas me sentí solo, caminé, dormí poco y también me sentí acompañado por José Ángel Barrueco, comí bocadillos de calamares, ostras en el mercado de San Miguel, chocolate con churos en Santa Ana, visité la Catedral de la Almudena, plazas y jardines, me colgué el abrigo del brazo y me lo volví a poner porque la temperatura en Madrid depende de la calle por la que camines y en todas, todas esas calles y plazas había mucha gente, estaban llenas de gente, mientras que las librerías permanecían vacías o en penumbra. La librería Lé, rodeada de buenos ventanales, está en la Castellana a la altura del Bernabeu, barrio donde viven los abogados de Madrid, los arquitectos, la aristocracia vieja de Toledo, de Sevilla, cónsules, empresarios;  La Fugitiva se encuentra en Lavapiés, al lado del Cine Doré, al lado de donde los negros venden su droga, de donde una buena parte de la gleba novelista y poeta, la más frágil de la villa por ser los que no publican para los grandes grupos y por formar parte de esa humedad de las calles de segunda mano y de ese sol de las plazas y que ninguno o casi ninguno es de Madrid.
El día que conocí a Lorenzo Rodríguez llovía a mares, debajo de la farola y a la luz de la librería ese agua fría era más evidente y calaba más, pero los dos estuvimos uno frente al otro, con las manos abrazadas mirándonos a los ojos. El día que conocí a Lorenzo Rodríguez, lucía un sol despampanante, las terrazas estaban llenas, las chicas con faldas de cuadros paseando a sus perros de compañía, jóvenes cachorros que solo quieren jugar. El día que conocí a Lorenzo Rodríguez iba cogido del brazo de Manuel Astur y Lorenzo Rodríguez quiso romper nuestro corazón presentándonos a su novia Irina C. Salabert, pero no le dejamos, cruzamos la Castellana zigzagueando entre los coches y nos pusimos a beber cerveza, no para apagar nuestra sed, sino para saciar esa sed futura que íbamos a tener. Cuando apareció Ana María Trillo, arrastraba una maletita roja con ruedas a la que trataba como a un perrito de compañía, nos saludamos con un beso y una sonrisa. Pienso en Madrid y en que hay que matar a los taxistas de cien en cien y volver a sacar las calesas que se guardan debajo de la Puerta del Sol en un almacén para naves espaciales, pienso que después de eso en Madrid hay que matar a todos los periodistas, a todos menos a Lorenzo Rodríguez que apenas tiene veintiséis años y todavía debe escribir mucho antes de morir. Pensaba en eso mientras Astur liaba cigarrillos y se tiraba de los pelos de la barba.
El día que conocí a Lorenzo Rodríguez, Santiago D’Ors presentaba Nómadas en la Librería Lé, llegó a las siete de la tarde con todos los demás invitados y su ego se sentó a explicar por qué firma como Yago Vasil teniendo nombres y apellidos, los  porqué de querer ser escritor, de su ambición literaria, el pelo negro de los diecinueve años y se lo explicó a la familia, a los amigos de la familia que piensan en endecasílabos, a niñas que acababan de dejar sus faldas de cuadros en la maletita de Ana María Trillo para ponerse unos vaqueros Mayoral y ser más altas, a niños sin uniforme y mucha pose de poeta del paraíso con flequillo en forma de medio tupé. A Yago Vasil no lo importó que las sillas en las que nos sentábamos Lorenzo Rodríguez, Sergi Bellver, Manuel Astur y yo, estuvieran vacías, tenía hambre por decirles a sus personajes, amigos, familiares y vecinos, quién era, la vanidad de su amo se sentó con la espalda muy derecha se refirió así, con estas palabras,
-Convenceros de una vez, yo soy escritor –dijo- soy un escritor clásico que reinventa la escritura moderna.

                                         Santiago D'Ors


Después de terminar varias cervezas soplando la espuma que se nos pegaba a la barba, hablando de barcos hundidos, encontramos algo nervioso en la acera de la Librería Lé a un tal Lorenzo Rodríguez que nos saludó de lejos con los brazos muy abiertos mientras voceaba “ya están todos ahí, tenemos que bajar antes de que se vayan” y de entre las sombras, también apareció a un tal Sergi Bellver que mantenía una calma muy antigua y había elegido para la ocasión su mejor pelo negro, sus botas más bonitas, una sonrisa llena de nostalgia y una voz con ojeras. Bajamos por la escalera de Lé empujándonos y notamos la voz de Yago Vasil que se fue apagando dando paso a una emoción gestual que no se impresionó lo más mínimo al vernos entrar.
-Queridos amigos –dijo Santiago D’Ors- tomar asiento.
El ego alterno, estiró sus brazos y nos tendió las manos, a mi me tocó su mano izquierda y a Lorenzo Rodríguez la mano derecha; de ambas manos y de las yagas frescas brotaron fresas del bosque. Nos sentamos como pudimos en el poco espacio que quedaba, dejando un rastro de hojas de los castaños, que fuera en la calle no dejaban de caer, el polvo de los caminos, de los hoteles baratos y amordazando a Yago, Lorenzo Rodríguez, al que conocí varias veces antes de hablar con él, empezó la presentación de Nómadas, besando antes la foto de Irina que devolvió a su pecho como un escapulario y dijo:
-Solamente he leído el prólogo de Elías Gorostiaga –y brotándole una febril sinceridad dijo gesticulando mucho- he arrancado el resto de relatos.
Manuel Astur no se refirió en ningún momento a su relato, desorientado miraba hacia la parte vacía de la librería, habló de María, de lo bien que vivía en casa de María, de lo mucho que la llegó a amar, de los tiempos difíciles, de los tiempos felices, del amor, del odio. Después se entretuvo con un muñequito de felpa al que sonreía. Sergi Bellver respiró mientras confesaba que había conseguido ser escritor y que ahora ya no dejaría nunca de serlo porque para eso se tumbaba en el sofá del psiquiatra ocho horas cada día, las de dormir y eso tiene un precio y no se puede renunciar tan fácil y menos aun, sabiendo perfectamente que él era Faulkner y por fin Elías Gorostiaga, más calvo y envejecido que nunca, comentó, ante el asombrado público, que él había escrito  todos los relatos de Nómadas y que después fue asignando uno a uno título y autor. Eso fue lo que dijo mirando a los espacios muertos, mientras dejaba a sus pies un ramillete de hojas muy bien editadas. Santiago D’Ors continuó hablando de lo suyo, su relación con la literatura y el amor hasta que se desvaneció, todo se desvaneció y las tijeras cortaron la cinta dejando inaugurado aquel lugar recién pintado.

-Queridos amigos –dijo John Newborn- tomar asiento.




                                           Sergi Bellver y Manue Astur




domingo, 24 de noviembre de 2013

FATHER (Biblioteca de Viladecans)


            Comí la carne y bebí la sangre, tu carne y tu sangre y seguí siendo torpe, pecando, equivocándome con la verdad, me cansé, me arrodillé, te pedí perdón, me até los cordones de los zapatos rotos y continué. No puedo ser siempre culpable padre, por eso ya no quiero comer ni beber tu sangre. Después de muchos años levanté la cabeza por encima de los escombros y pude ver el paisaje. Me puse de pie y vi que el paisaje llegaba lejos, nada me impedía tener una visión clara. Di un paso, podía moverme, caminar y llegar; dije una palabra, vi que podía hablar y eso me produjo alegría, andaba solo y no me inquieté por eso, no había referencias, ni caminos, detrás de mi quedaban bien marcados mis pasos y eso me alegró y a la vez supe que también se borrarían, se convertirían en escombros como lo demás. Encontré una piedra y me senté en ella, también era agradable sentarse y esperar y es cuando dije las primeras palabras
-Yo soy el padre
Podía hablar, me sentí extraño con esa nueva sensación, podía repetirlo
-Soy el padre
Encontré en los bolsillos un papel y escribí esa palabra, padre y eso me produjo satisfacción y en aquel mismo momento pensé que todos los perros tienen boca, que el mundo es imperfecto y en eso reside toda la belleza, también que había fealdad y que tendría compañía porque el camino es para todos, que aquel paisaje después de los años no era solo para mi y volví a escribir “soy el padre” y pensé que era así porque podía dar y crear vida y también lo escribí para volver a sentir satisfacción, en ese momento, después de escribir y sentir volví a pensar que llegaría también la inquietud y aunque la satisfacción me gustaba, a la vez me inquietaba. Y es después que vi a otro hombre caminar erguido, despacio, con dificultad pero lleno de dignidad, era como yo, descubría el camino y quería sentir satisfacción o quizá inquietud o quizá lo que ese hombre descubría no era bueno. No me molestó, el mundo debía estar lleno de hombres así que un día se ponen a andar y empiezan a sembrar detrás de ellos huellas nuevas, quizá encima de otras ya borradas por los escombros.
            El auditorio se abrió dentro de una caja perfecta, cuadrada, estéril. A un lado alguien pudo poner sus banderas y un atril donde colocar las manos y un micrófono que recogía la voz y la devolvía clara, amplificada. Aquella caja, sus  sillas ordenadas con un pasillo a los lados y otro en el centro, se fue llenando de gente, poco después ellas se sentaron. Por cada grupo de cinco o seis mujeres, había un pequeño hombre. Venían de lejos, habían perdonado a algún hombre, sonreían, hablaban entre ellas sin conocerse, esperaban. Yo también entré, había ensayado para hablar, saludé como explican los manuales de comunicación, iba vestido, buenos zapatos de piel de potro con los que había pisado el sol del día. Aquel día luminoso no entraba dentro de los planes de la caja perfecta que tenía su propia luz. Vi la mesa a la que me sentaría y que me separaría de todos los asistentes incluso de mi mismo. Sobre la mesa alguien colocó carpetas y dentro una hoja de papel con algunos nombres en el que estaba también el mío, ELIAS GOROSTIAGA, así como instrucciones bien ordenadas, algo que miré por encima sin atención, ese papel me produjo fastidio, también aquí había reglas y cerré la carpeta. Alguien dejó una botella de agua precintada y un vaso de plástico, desenrosqué el tapón y bebí directamente de la botella porque los vasos de plástico antes o después se derraman y volví a enroscar el tapón con delicadeza. Pensé que el agua me aclararía la voz, pero la voz siguió confusa, pesada, apelmazada en la parte baja de la garganta. También la mesa tenía un micrófono. Un hombre se me acercó y me instruyó en el orden de las intervenciones, repitió lo que tediosamente había leído en el papel, le miré y vi que era un hombre cabrón y bueno a la vez, que cumplía con su trabajo, todo eso formaba parte del acto, del tiempo de aquel auditorio perfecto. Cerré la carpeta y la volví a abrir, y la cerré y al volverla a abrir, leí otros nombres NOEMI TRUJILLO y REMEI LOPEZ volví a cerrar la carpeta y la volví a abrir. Ese hombre le daba una gran importancia al micrófono. Iba a mover el micro de la mesa al atril y del atril a la mesa y a ese movimiento no dejaba de darle una gran importancia, insistía en que le indicara cuando debía mover el micro de la mesa al atril y del atril a la mesa.
-Yo estaré atento a sus señas –dijo-
Antes cumplí con el protocolo y fui a buscar a un hombre a la estación. Ineludiblemente debía asistir al acto. La aguja del reloj marcó las once y media de la mañana y en ese mismo momento el tren de la R2Sur, entró en el andén, puntual como un esclavo.
 -Si no viene en este tren, ya vamos tarde.
Antes de terminar la frase aquel hombre bajaba sin prisa las escaleras para salir del apeadero. Le abracé. Caminaba despacio pero ardía por dentro, ya que el tiempo de este hombre era distinto a mi tiempo y al tiempo de las mujeres.
Las primeras sillas, fueron destinadas a los hombres que iban a hablar de su libro, en las primeras sillas de los auditorios nunca se sienta nadie a pesar de ser el lugar más cercano, el más visible, la gente siempre intenta protegerse de algo, algún peligro mental, prefieren tener a alguien delante y así en una sucesión hasta llegar a la primera fila. En esas sillas vacías figuraba el nombre de los ocupantes JUAN VICO, OSCAR SOLANA, SERGI BELLVER, JORDI CARRIÓN, DAVID YESTE, DAVID BARBA. En la mesa nosotros también teníamos nuestro cartel, nada se escapaba al auditorio perfecto
            Se presentaba allí NOMADAS, una recopilación de textos escritos por veintiún autores que habían desayunado en mi casa a las nueve de la mañana. El desayuno fue el siguiente: pà de pagés tostado, untado con tomate y aceite de Jaén de primera flor, queso bien curado, lomo embuchado, aceitunas tratadas con salsas, churros bañados en chocolate, vino con denominación Rioja, café y leche y además bizcocho de canela y fruta, troceado en dados con un asombroso sombrero de azúcar glaseada. No había periódicos del día, la alfombra estaba enrollada para que nadie pudiera pisarla, con un pequeño cadáver dentro y los veintiún autores aprovechando un descuido se pusieron a firmar mis libros, libros que ellos no habían escrito, ni leído, necesitaban firmar algo real, mi casa se convirtió en una pista de precalentamiento para lo que sería después el auditorio de la Biblioteca de Viladecans y a su paso, todo quedó lleno de cadáveres sonrientes y buenos días.
            Todo se desarrolló conforme al papel de la carpeta, donde añadí un nombre más Ana María Trillo. Después, ni antes ni después, Noemí Tujillo vestida con un abrigo blanco con las mangas llenas de flores, volvió a contarme el orden de las intervenciones, me explicó detalladamente los planos del auditorio, su perfecta estructura cuadrada, yo en aquel momento ya estaba borracho, miraba a toda aquella gente y no entendía ni de donde habían salido ni que esperaban, ni con qué fe, pero todos sonreían como si les hubiera tocado el premio de Viladecans,  además de borracho trataba de mirar con ojos de mujer a los autores que se felicitaban de estar allí, que entretenían su tiempo académico consultando sus ipad, engañándose, pensando en sus propias palabras, esas palabras que no sabe uno si van a llegar o se van a perder en ese camino sin huellas, en ese paisaje devastado y pensé para mi.
I am the father
Y eso me dio fuerza para seguir y sostener mi borrachera, con el pelo pegado al pelo y la frente fuera de su sitio, la barba recién planchada, los ojos cansados y las manos muy ordenadas junto a puños de camisa impolutos. Habló Remei en nombre de la Biblioteca que alberga en sus estantes miles de libros que nadie ha presentado nunca, porque pertenecen a una vieja época en la que no se habían inventado el espacio, ni el tiempo, ni la risa, y habló en nombre del auditorio perfecto y degustó palabras de batalla a las que no presté ninguna atención porque sonaban a café, pero que se aplaudieron con fervor, como si todas las manos tuvieran en ese momento guantes blancos, como aplauden los dibujos animados de Wall Disney. El hombre del micrófono estuvo atento a mi señal pero no le di ninguna señal y Noemí se hizo cargo de la situación comentando con voz de adolescente y mirada de miel, lo confortablemente bien que se encuentra en Playa de Ákaba, los catorce títulos en el primer año editorial, se notó su satisfacción por el proyecto Nómada y me dio las gracias por haber participado en él, en ese momento empecé a escuchar cascabeles, primero uno, después diez, después cien hasta llegar a un número gigantesco de cascabeles, miles, millones, eran todos los cascabeles de todos los arrieros y sus mulas, de todos los caminos que han recorrido los arrieros y sus mulas por todas las tierras y por todos los caminos de arriero, sentí satisfacción ante tal acumulación de sonidos, satisfacción. Los Rolling Stone habían llegado sin invitación a la fiesta Nómada, vi a Lou Red sentado entre el público a Robert Mapplethorpe, y después de esta enorme borrachera hablé yo. No puedo recordar lo que dije, no me pude oír, el hombre del micrófono se descojonaba, dije algo de mi y de mi familia, una chica me hizo una foto que salió muerta, dije algo de Vico, de Artigue, de Carrión, dije cosas sueltas que se iban pegando por las paredes y se disolvían en la luz del auditorio perfecto, o que caían delante de mi y al otro lado de la mesa, como ranas pequeñas. Me fui volviendo transparente hasta desaparecer, miré el reloj que cronometra el tiempo y vi que era un tiempo distinto al anterior, era distinto al tiempo del que disponía Jordi Carrión y que ya había gastado antes de entrar, distinto al tiempo expresivo de Juan Vico, al tiempo lento de Oscar Solana, al tiempo de Sergi Bellver que envolvió sus palabras en una bufanda que tejida por Ainhoa Rebolledo mientras tricotaba como contramaestre en el barco Pequod, y sus palabras empezaron odiándome y terminaron amándome, el tiempo de Manuel Vilas teletransportado desde Nueva York, donde reside actualmente, al cuerpo de Juan Soto, por lo que Juan  podía disfrutar de la experiencia de Vilas, de su firma de ejemplares y Vilas de Juan dándose placer con sus jóvenes novias, en un tiempo que para Vilas casi ha caducado, el tiempo del placer salvaje, vi como Charlie Watts, impecable, hablaba con David Yeste y se ofrecía para tocar la batería por los pueblos con su banda y cuanto más hablaba con él más se le hinchaban los ojos a David que explicó sobre un tiempo de músicos y de sus viejas leyendas de pueblo. Y después o quizá antes, levanté las cejas, la mirada, incluso un hombro y el del micrófono, tan atento como un podenco en el campo de batalla, hizo presa sobre el cuello del micro y lo transportó degollando un cable negro del tiempo de los cables, un tiempo que todavía no ha terminado, hasta clavarlo en el atril, junto a las banderas que goteaban colores pringosos en el suelo perfecto del auditorio y que todos los autores pisaron sin devoción alguna.
            No cruzó ningún avión por el espacio aéreo de Viladecans. No cruzaron por sus calles las viejas motos de los rockers, aprovechando ese momento familias de ciclistas, manadas de ciclistas gordos buscando una meta que terminaron delante de un plato de butifarras con alubias, atravesaban todas las calles y se perdieron por el territorio y las vegas. Y pasados todos los momentos, los autores empezaron a firmar sus libros, rodeados de aquellas mujeres que habían perdonado, Vivian, Arantxa, Lola, Elena, Maribel, Susana, Amalia, Anna, Juana La Loca, Isabel La Católica, La Duquesa de la casa de Alba, doña Vicenta la maestra, Cati, y así un sinfín de firmas y de deseos, yo también estuve allí, me llené los dedos de tinta y firmé con una vieja estilográfica Párker West Germany, que compré hace más de veinte años, para firmar libros y que ha permanecido virgen y vieja hasta hoy, cargada con tinta Waterman Havana ink indeleble. He firmado docenas de copias de un libro que es de otros, de veintiún autores nómadas que han dejado su hueva de alacrán, su larva, sus genes, en ese caldo, he firmado y he sentido las confesiones del público que deseaba el libro como el flotador de un naufrago, os he besado a todos, os he besado hijos míos pero no guardo memoria nada más que de unos pocos, los que caminan.
I am the father.





    

viernes, 15 de noviembre de 2013

NOMADAS (II) La entrevista

Elías Gorostiga: «El viaje te descubre, te enseña y te cambia, todos los grandes escritores han experimentado viajando»

Queremos celebrar con todos vosotros el inminente lanzamiento de Nómadas el próximo 19 de noviembre. Nómadas es una antología de relatos de viaje de cuya selección y prólogo se ha encargado el autor Elías Gorostiaga.
Por eso, qué mejor manera de empezar esta celebración que dirigiéndonos directamente a Elías y pedirle que nos cuente los entresijos de esta antología tan especial.
Entrevista a Elías Gorostiaga: «El viaje te descubre, te enseña y te cambia, todos los grandes escritores han experimentado viajando».
ELÍAS GOROSTIAGA
Fotografía: Ana Portnoy
¿Cómo surgió la idea de crear Nómadas? ¿Por qué ese título?
La idea se la propongo a Noemí Trujillo, directora de la editorial Playa de Ákaba, en la última semana de mayo de 2013. Fue a raíz del taller literario que se celebró el 25 de ese mes y por el flujo de una tormenta de ideas que empezó a surgir entre los integrantes del mismo. Una de esas ideas era celebrar el primer año de vida de la editorial con la edición de un libro de relatos que ha terminado siendo este,Nómadas. Todo fue muy deprisa, buscamos título, el título era el primer paso para atomizar todo lo demás. El primer fin de semana de junio le estuve dando vueltas al asunto y fue mientras leía Moriremos mirando de Alberto García-Alix, de donde surgió ese título. Para mí García-Alix siempre es una fuente de inspiración. Después llegó un primer listado de treinta autores y una idea descabellada para la portada: era la representación de La Sagrada Familia en la calleja de un barrio industrial: junto a una Harley-Davidson, una pareja y su bebé. Al final la portada es elección de Noemí, un sugerente paisaje entre dunas. Los autores (veintiuno) llegaron como la buena fruta, una vez que la idea inicial estaba madura.
 ¿De dónde surgió la idea de crear un libro de relatos de viaje?
La idea es siempre del viaje, me encanta viajar y me gustaría poder viajar como en el siglo xix; me gusta fijar el viaje escribiéndolo, contar el viaje y ese viaje tiene maestros que van desde Conrad hasta Caparrós o Nooteboom, desde J. Esteva hasta J. Carrión, viajeros, novelistas, poetas; el viaje te descubre, te enseña y te cambia, todos los grandes escritores han experimentado viajando, escribiendo de sus viajes. La segunda parte de esa idea empieza y termina celebrando el nombre de la editorial Playa de Ákaba y de Lawrence de Arabia: un símbolo y un viajero.
 ¿Cuáles han sido tus tareas como coordinador?
Sobre todo elegir a los escritores, coordinar la entrega de textos con el maquetador y con Noemí e ir afinando la maqueta hasta la revisión final y la última corrección en la que ha trabajado en solitario Noemí, después de un montón de revisiones. El trabajo al principio ha sido lento y esa lentitud y ese verano de calor me fue llenado de ansiedad para poco a poco ver que el libro tomaba forma, que los escritores respondían con sus textos, que el libro iba creciendo, todo más o menos en tres meses.
¿Qué ha supuesto para ti, como persona y como escritor?
Para mí ha sido desenterrar el pasado y a la vez darme cuenta de lo fácil que es levantar de nuevo los posos del fondo del lago. No obstante, cuando tratas con escritores también tratas con su vanidad y sus egos, esa es la parte más difícil y la más insoportable. Todos estos tipos de la antología están tocados por la magia, tienen miedo, muchos están muy solos, son frágiles, no solo por vivir una época como esta, (la mejor de las épocas y la peor de las épocas) o por ser este el final de un período, de un ciclo económico, simplemente hablamos de gente frágil.
 ¿Qué ha sido lo más difícil en tu tarea de coordinación?
Sin duda cuando tienes que pedir a un escritor que te envíe un texto y a la vez le tienes que decir que no se va a publicar; y después luchar contra el tiempo, el período de entrega, controlar la ansiedad que eso te genera y pensar que, en cualquier momento, un accidente, una decisión, una tormenta puede arrasar la cosecha y ya no va a haber otra oportunidad.
 ¿Y lo mejor que te ha aportado este proyecto?
La satisfacción de llegar al final del camino. Por otro lado queda la incertidumbre y de nuevo la ansiedad de esperar que el libro se venda y termine gustando a los lectores, pero hablamos de libros y lectores no de Coca-Cola; la sed de los libros y de los lectores es impredecible.
 ¿Cómo fueron seleccionados los autores? ¿Qué perfil de autor buscabais? ¿Te ha costado mucho cerrar la lista definitiva? ¿Se te ha caído algún autor?
No comento sobre los autores que no están en la antología, cada uno de ellos es un mapa y un territorio. Respecto de los perfiles, las listas y las caídas, uno va formando su biblioteca por contagio de lecturas, un libro te presenta otro, un autor te ayuda a elegir el siguiente libro, un camino te lleva a un viaje, y es así como vas encontrando y vas seleccionando. Igual pasa con los vinos, cuando has educado el paladar no te cuesta elegir, con los autores no te cuesta acercarte después de haberlos leído y eso es lo que hice, leerlos, conocerlos y después ponerme en contacto con ellos, siempre intentando mantener ese principio por el cual escritores consagrados junto con escritores que empiezan a escribir, todos escritores viajeros, que han vivido en muchos lugares, que hablan varios idiomas, que viajan, que se mueven, de muy distinta sensibilidad y locura, que le mantienen el pulso al cambio de paradigma que se está viviendo ahora mismo.
Los relatos que componen la obra son muy variados, aunque todos tienen en común el nomadismo, literal o figurado, ¿se planteó alguna premisa a los autores o se dejó libertad absoluta en su creación?
No recuerdo ya las premisas y por el resultado creo que a nadie le importaron mucho; al ser puramente orientativas a veces no sirven para nada, por eso yo también me olvidé de las premisas y dejé que fluyeran los textos, hay autores que mandaron textos ya publicados, o que forma parte de lo que será una novela. A mí esas elecciones me parecen bien, sobre todo cuando el tiempo de convocatoria es tan escaso y el verano metido por medio, pero al final será la opinión de los lectores la que termine eligiendo cada trabajo y poniendo a cada uno en el orden que le corresponda.
 ¿Se hizo selección previa de manuscritos o de autores?
Se eligió a los autores según mis gustos y según mis gustos algunos fueron rechazados. Fueron los que se quedaron los que tomaron el alma de la edición; agradecí a los que me dijeron que no participaban por estar ocupados en distintos proyectos; alguno se bajó a medio camino disculpándose de forma peregrina y me dejó con el ramo de flores en medio de la iglesia, aún así el peor de todos es el que no contesta ni siquiera por cortesía. Aun no siendo yo nadie en el circuito literario, lo menos que pueden hacer es contestarte, decir algo más que ese silencio, pero ahí intervino la suerte de encontrar la ayuda y la experiencia en antologías de Sergi Bellver, que tenía a mano a dos autoras y hubiera tenido muchas más, que fueron un balón de oxígeno como podréis leer.
 Con Nómadas, la editorial Playa de Ákaba inaugura su colección de narrativa breve; hay quien la considera un género hermano menor de la novela, y quien la considera un género muy complejo por el dictado de la limitación de espacio. ¿Cuál es tu postura como autor?
Yo tengo muy poca obra, y la que tengo no se ha publicado, casi es mejor que esto sea así. Y el resumen es ese, hay críticos que odian lo breve, hay lectores que prefieren apasionados panfletos decimonónicos de miles de páginas, hay autores que condensan sus novelas dando como resultado libros geniales, difíciles, lentos, macizos, pero que todo el mundo tiene en su casa o en el bolsillo trasero de sus Levi´s. Sí, hay de todo y uno ya ha pasado por el sarampión, la varicela, la salmonelosis, sí todo eso. El paisaje que ahora recorro es el de lectores utilizando dispositivos portátiles de forma compulsiva y con muy poca concentración porque constantemente reciben mensajes que abren y contestan y todo eso viene en el mismo paquete. La editorial Playa de Ákaba debe tratar de definir bien su proyecto editorial, tal y como lo están haciendo Alfabia, Mal Paso, Jekyll and Jill, Ático de los libros, Minúscula, Libros del Lince o Candaya, antes de arruinarse en el abismo, no solo creando espacios de poesía, novela o narrativa breve, sino de definiendo qué o a quién publicar, para qué lector, en qué formato, con qué gusto. Lo que hace bien Playa de Ákaba es canalizar ideas, conducir el esfuerzo de los participantes de sus talleres, que son materia prima caníbal, carne de escritor con la que ir editando, primero Nómadas y en el mes de abril de 2014, la nueva Carta basada en laCarta sobre el comercio de libros que escribiera Diderot al gremio de libreros y en la que colaboraremos más de cuarenta autores, de nuevo una tormenta de ideas para editores, libreros, políticos y la industria del libro. No sé qué saldrá de ahí, tal y como funda su derecho, la editorial paga a sus autores, nos mima; mientras el mercado no lo impida, puedan gastar fuerzas y gastar ganas, algo saldrá, tarde o temprano algo saldrá.
Desde la redacción de la Revista Digital Playa de Ákaba queremos agradecer a Elías Gorostiaga el tiempo que nos ha dedicado, su amabilidad y sobre todo, el habernos dado la oportunidad de conocer mejor Nómadas, un libro que sin duda dará mucho que hablar en los próximos meses.
A todos vosotros, os emplazamos a seguir la actualidad editorial de Playa de Ákaba. Pronto publicaremos una serie de 21 cuestionarios que hemos preparado para los autores que han participado en Nómadas. 21 formas de entender la literatura, 21 formas de viajar por el mundo. No os los perdáis.
Redacción Revista Digital Playa de Ákaba

domingo, 6 de octubre de 2013

LIBRERIAS


Presentación en Barcelona 3 de octubre de 2013
Librería Laie 19.30 horas


1.-
Recuerdo el catálogo de Círculo de Lectores y el de Disco Play, los dos andaban de un lado a otro por casa, pasando de mano en mano de todos mis hermanos, hasta que llegaban los libros y los discos que habían pedido, éramos una feliz familia unida. Recuerdo eso y años más tarde la pequeña biblioteca pública que instalaron en un local situado entre los Juzgados y la Cárcel vieja, frente al castillo y junto a las cuestas del río, la bibliotecaria era coja y siempre sonreía. Me gustaba rebuscar en las estanterías y llevarme el libro prestado para devolverlo leído quince días después. A partir de ahí comienzo a comprar libros y discos y a montar y leer de mi propia biblioteca y de forma desordenada, a escribir caóticamente, más o menos igual que ahora, en esos años me cargué de fantasmas e intuiciones, una úlcera duodenal, períodos en los que intercalaba soledad y lectura sin apenas contacto con los amigos, rehuyendo a la familia y períodos de abandonarme a mi suerte y a la de esos amigos, para volver a casa, solo y por dormir, cuando eso era posible, períodos oscuros y vacíos en el espacio-tiempo, ese no lugar que tanto nos gusta visitar de vez en cuando, que pasa a ser un añoranza.
2.-
Jorge Carrión llega a este otoño de 2013 con un libro que ha ganado el 41 premio Anagrama de Ensayo, de una forma insólita, pues ha quedado finalista y de paso contestando las incertidumbres del futuro sobre Naturaleza de la novela, el ensayo de Luis Goytisolo. Las incertidumbres no se terminan de aclarar del todo, pero Jorge te da pistas sobre el pasado, analiza el mundo de los libros a partir de Stefan Zweig, con el que inicia el recorrido, ese vertedero que es la primera memoria colectiva y de ahí construye un mapamundi que comienza con libros de viaje; con las botas bien acordonadas se va asomando de forma concienzuda a las librerías más antiguas del mundo, en un desplazamiento ordenado por África, América de norte a sur, Europa, desde el orientalismo de Tánger, a la exclusividad de París, Londres o Berlín, de las pequeñas librerías a las grandes corporaciones, para terminar con un canto a la cotidianeidad de las nuestras, las de nuestra infancia, las de nuestros recuerdos, y también de los libreros. Ahí aparece ese Jorge más íntimo e intenso que le da al ensayo un sentimiento y una doctrina, esa que mueve a Goethe, García Márquez o Chatwin y que no es otra que la creación de mundos nuevos y el lugar donde poder encontrarlos todos juntos antes de que terminen devorados por un Mc Donalds. Este libro sólo lo puede escribir alguien que consagra su vida a la literatura, que ama los libros, que vive por y para ellos, que a cada ciudad que llega visita sus librerías, por pura necesidad, por placer, habla con los libreros, observa sus escaparates, el sótano y la trastienda, lo que se vende y lo que no.  Este escritor ha compartido esta vuelta al mundo de los libros en un recorrido en el que te encuentras acotaciones, iconos culturales, películas y teleseries. El jueves se presentó en Barcelona.
3.-
-Eres fiel­ como una perra –le dije a V nada más entrar-
-Por Carrión si –dijo ella heroica, con una mueca de desprecio-
Después le di dos besos sin conseguir que relajara ese gesto, su acompañante apenas se enteró, la cosa fue así de rápida.

La carne es lo que tiene, se va pudriendo. Carrión unas veces es Jordi, otras Jorge y otras J. No es la primera vez que escribo de él ni creo que sea la última. Estaba contento por muchas razones, por el premio, por la editorial, por el autor que lo había ganado, por todo el sarao que se monta cuando un libro se pone en marcha y porque se alimenta entre otras energías, como la que produce todo ese motor literario del libro, de los libros. Todo fue ordenado de forma milimétrica, estábamos allí presentes a gusto del autor, a Antonio y Martín esos detalles se les pasa, pero los detalles estaban entre la primera y la última fila en la que yo estaba rodeado de los amigos, alumnos y colaboradores de J, toda esa comunidad. Antonio es Monegal y es profesor, eso quiere decir que da clases, que enseña, que fue profesor de un buen alumno como es Carrión y a la que presentó a la que hoy es su mujer, y hoy ese buen alumno se lo agradece, todo en una y le abre el micrófono para que presente su ensayo, un ensayo que ya era una célula, cuando estudiaba y mucho antes.
-De niño quería ser detective privado –dijo J- ese era mi libro favorito “Cómo ser detective privado”, con el que soñaba y que conseguí.
Antonio Monegal, habló de librerías, de libros y del tiempo
-El tiempo es lo más valioso que tenemos.
Todos movimos la cabeza afirmativamente, aceptamos que es así y a la que vas cumpliendo años más lo reconoces y continuó con la idea de que leer lleva una buena parte de ese tiempo, que no lees todo lo que compras, que a veces dejas libros a medias porque no son lo que parecen y que odia los libros electrónicos porque te señalan porcentajes de lectura, pero no te haces a la idea de por donde vas, como en un libro físico. Antonio Monegal, sonríe mucho cuando dice algo pretendidamente gracioso; en los demás se nos dibuja un gesto que se queda en sonrisa condescendiente. Monegal parece un buen tipo, aunque también lo parece, el profesor químico, de Breaking Bad.
Martín es Caparrós, ese apellido se convierte así en un adjetivo. La última vez que lo vi  se había afeitado el bigote por completo, hoy de nuevo ese bigote  volvía a ser poderoso, renacía espeso. La última vez vestía una camisa negra, hoy era una camiseta negra. La última vez vivía con una maleta, hoy ya ha dejado la maleta en un piso de Barcelona. Martín Caparrós andaba delicado por culpa de algunos pensamientos en los que andaba su hijo, y un hijo todo el mundo sabe lo que debilita, mucho más que una mala mujer, su lugar no son las librerías, le agobia ver toda esa cantidad de libros y de autores, siendo él una pequeña molécula en competición con todos los demás y se abruma, pero lo que dijo quizá fue suficiente para dibujar un estado con el que recorrer el libro.
-Jordi Carrión es como un sabueso –dijo Martín- sigue el rastro, se desvía, pero de nuevo vuelve al rastro que son las librerías.
Con eso fue suficiente. Dijo sabueso, cuando todos entendimos perro, pero perro para Martín, quizá tenga otro valor como palabra, es lo que tienen las palabras que unas veces se cargan de peso y otras quedan flojas, para mi sabueso se queda corto hablando de Jordi Carrión.
J. habló el último. Nos miró y desgranó pequeñas pepitas de cómo había llegado a escribir Librerías. Nos contó que ayudaba a su padre (en su tiempo libre vendedor para Circulo de Lectores) a repartir libros por las casas, tal y como cuenta en el ensayo, lo de querer ser detective enseñando a sus amigos a serlo, (siempre enseñando) y nos hizo cómplices de su felicidad. Nadie en Laie estaba por estar, todos teníamos un motivo, una razón, una amistad, un cariño, porque J, Jorge, Jordi y Carrión, lo ha dado todo y a la vez han montado una maquinaria bien engrasada que toda junta forma una Iglesia y esa institución se va llenando de fieles, apóstoles, predicadores, ángeles y arcángeles, devotos de todo tipo y condición y como siempre pasa en estos casos, también ha comenzado a devorarse, no hay Iglesia que no termine comiendo carne, bebiendo la sangre y guardando reliquias en esa memoria colectiva. Habrían hecho falta tres veces el aforo, para albergar a todos los que faltaban, pero con los que estuvimos fue suficiente para agotar los libros de la tienda. Después vino el cava, los saludos, las firmas, las sonrisas y un final de fiesta, al que no se quiso apuntar Caparrós, por esa disculpa del hijo con el que tenía que hablar,  los demás con y sin hijos tomamos cervezas, como tiene que ser. Al día siguiente, con el acto de Pequod (por la que ya pasan todos los grandes) y un vermut, Jordi Carrión cumplió con Barcelona. Barcelona ha agotado su segunda edición, espero que Anagrama reponga sus librerías, antes de generar altercados entre teleadictos. 


 

sábado, 14 de septiembre de 2013

WILLY URIBE, salud y fortuna



9788415070313

El último viaje del Omphalos
(los libros del lince)
Presentación en Barcelona
La Central del Raval
Barcelona 12 de septiembre de 2013





Un barco es una isla. Un barco anclado frente a una isla es un archipiélago y un barco abandonado a su suerte, una ratonera.


            Es así como Willy Uribe (Bilbao, 1965) comienza esta novela que se presentó el jueves en el Raval. Como viene siendo habitual La Central ha abandonado la vieja capilla y prefiere organizar estos actos entre las islas de libros del ático, mejor ventilado, más amplio, sin necesidad de esa piel con piel de fiesta gay o de bodega de barco negrero, esa falta de oxígeno. Esta presentación no se había difundido mucho por la red ni por ningún otro medio, por lo que asistieron allí cuatro amigos, un par de gatos, algún dibujante, compañeros de fatiga (me senté al lado de Javier López Menacho y delante de Santiago García Tirado), compañeros de editorial y poco más, incluidos Enrique Murillo e Ignacio Vidal-Folch. Enrique Murillo es el editor, presentó el acto de forma breve y sin alardes, tan natural como un viejo amigo habla con otro viejo amigo en la barra del bar, esto último es lo que faltaba allí, unos pinchos y un zurito.
            Ignacio Vidal-Folch, soporta una larga carrera, soporta como puede la vida, porque a los intelectuales les pesa la vida más que a los demás y esa carga se le nota a Ignacio. A Ignacio hace años le vi presentando  a Ray Lóriga en el Fnac de Diagonal y pensé para mi que tipos tan distintos, y con esa manía mía les hice fotos, entonces con una vieja cámara de carrete, cuando a Lóriga le faltaban unos cuantos tatuajes en los brazos y seguía con Cristina y cuando este espacio no había sido cedido a la cafetería; Ignacio también andaba de público en la presentación del último libro de Patricio Pron, ese del título largo del espíritu de las plantas de salón sigue subiendo en la lluvia, que tanto gusta a los amigos de Mondadori, pero desapareció despacio, tanto que le hizo correr al editor Claudio López para lo que fuera que Claudio López tuviera que hablar con él. Así que no me sorprende y a la vez me sorprende verle con Willy Uribe en este acto
-Este libro se lee en cinco horas, tomando café –dijo en ese tono suave del que toma café despacio-
Y se enrolló, primero con el micrófono al que no le sacaba nada más que susurros, (se lo colocaron, lo menearon arriba y abajo, le hicieron cosquillas, tanto la encargada de La Central, como por los intentos de Willy y después Enrique y me dieron ganas de levantarme a mi también y arrimarle la silla, porque los intelectuales tienen esa pose medio tumbada que les viene ya de Sartre, ese estigma que ya conocéis), hasta que al final salió algo de ese elemento tan valioso que es la voz, con el que fue regando más o menos dos metros de parcela, esa distancia corta en  la que Ignacio se siente bien y desgranando las entrañas de la novela, citando El barco ebrio un poema de Rimbaud que tiene estrofas como estas

Así, barco perdido entre pelo de ancones, 
Lanzado por la tromba en el éter sin aves, 
Yo, a quien acorazados o veleros del Hansa 
No le hubieran salvado el casco ebrio de agua; 

Vidal-Folch, fue marcando los tiempos, contó sus propias anécdotas de viajero y vividor aislado esperando un barco que nunca llega, en una isla de mierda y rodeado de escoria. Y esa experiencia de Vidal-Folch inoculada en el espacio-tiempo se transmitió a la piel y la sangre del surfista y escritor Uribe, navegante a veces a pie y otras en tabla.



A Willy Uribe, no le conocía, le había visto en fotos, reportajes, huelgas de hambre que siempre se pierden un poco y más si eres de Bilbao, escritor y fotógrafo, había leído alguna crónica como la escrita para Cristina Fallarás en Sigueleyendo sobre la (última) huelga de mineros de León y esos disturbios infernales que ya no transmite ninguna cadena de televisión y al final con esas cosas te vas haciendo una idea de cómo son las personas y en este caso de Willy y empiezas a valorarlas hasta que las tienes delante y es cuando tu mapa parpadea y pierde todas las referencias, como si hubieras entrado en una nube de niebla.

Y eso me gusta. Willy dijo que esta novela solo se podía publicar en una editorial como esta, imposible para una editorial americana porque no hablaba de sexo, ni de amor.
-Yo soy de Bilbao –dijo el escritor- me resulta difícil escribir de sexo.
Marcado el territorio, se disculpó ante Vidal-Folch, por no conocer ese poema de Rinbaud (con el que le fustigaba Ignacio como si fuera un pequeño látigo de juguete ante la mirada atónita del vasco)
-Yo soy un escritor intuitivo, no tengo ni idea de literatura.
Y en ese punto Enrique Murillo sonrió. Después Enrique comentó cosas como que fue Ramiro Pinilla el que le recomendó a Willy.
-Se aísla para escribir –dijo el editor- y le da lo mismo que sea en una casa, un piso prestado, una tienda de campaña.
Su verdadera necesidad (como la de muchos de nosotros) es ese aislamiento, escribir quince días del tirón para dar unidad a la novela, es su medio de vida, dejarlo y volver a tomar por el cuello otros quince días prestados y así hasta el final. El escritor que como otros muchos que voy conociendo, anda de prestado, durmiendo en cajeros, casas de amigas, ha dejado esta novela encima de la mesilla de noche de tu dormitorio, es posible que en tu puta vida hayas subido a un barco así. Espero que no te marees, lo ha escrito un tipo valiente al que cada vez admiro más y espero que alguna editorial francesa promueva su edición, porque como en el caso de Alberto García-Alix, hasta que los franceses no te descubren, nadie te toma en serio. Después ya vendrá el ministro con las medallas. Un fuerte abrazo a todos.



domingo, 8 de septiembre de 2013

NOMADAS (Parte I)




Editorial Playa de Akaba
Presentación en Viladecans el próximo 23 de noviembre de 2013.


Fue así. Cuando Noemí expuso la posibilidad de crear una Colección me incorporé en la silla giratoria, me cuadré frente a la pantalla y escribí mi idea sobre un libro de viajes lleno de relatos, ella aceptó de inmediato. Todo fue un progresivo toma y daca, un desnudarse feroz; en media docena de correos ya no teníamos ropa que quitarnos, desbocados y tan desnudos como dos amantes montaraces en medio de un encinar.
Fue así. Me inventé una lista de autores, de entre todos los escritores a los que conocía, sobre los que escribía crónicas o críticas en el blog. Fui buscándoles uno a uno y el primero, como siempre, fue Carrión, Jorge Carrión. Tirando del hilo, fui tirando de ese hilo y Noemí fue añadiendo puntadas y nombres y empezamos a tejer el jersey.
-Es muy poco tiempo. Para estas cosas hacen falta un par de años –dijo Jorge-.
El plazo y nuestro tiempo, poco más de tres meses, frente al año o los dos años de otras ediciones, de otras recopilaciones, pero ahí estamos, añadiendo cada día gente a esa lista. Entraron Jordi Esteva y Gabi Martínez, fui a por Manuel Astur y lo encontré resacoso “si vas de romería lo pagas al siguiente día”, a Sergi Bellver, Pepe Ribas me contestó de inmediato y nos citamos en la libreria Laia de Barcelona, díselo también a Javier Puebla y Javier Puebla también aceptó y así esa tripulación de Akaba fue sacando la faluca y se subieron al barco Juan Vico y Luis Artigue, Patxi Irurtzun, Carlos Castán. Pero también dijeron que no los que no pudieron, los que no quisieron desviarse de sus proyectos personales; pero peor fue el silencio, el silencio debilita al que lo ejerce y es cruel para el que se mantiene a la espera y el silencio llegó pero llegó con algo de ruido. En ese momento me doy cuenta de lo poderoso, elitista, perezoso, que puede ser el selecto, intrigante y cruel Mundo de la Cultura, siempre moviéndose en círculos planos.
Pero a la vez, llegas al corazón de gente que invierte su talento, su tiempo y entrega su vida a escribir, “soy escritor”, gente llena de energía que te lo da todo y se pone a tu disposición de una forma tan generosa que solo puedes sentir agradecimiento. Hablo de Javier López Menacho, de Marta Sanz, Oscar Solana, Juan Vico, Felipe Zapico, Yeste, De Diego, Zanón o de Sergi Bellver.
Llegó la primera maqueta, eso siempre impresiona, ya ves el libro, es como una ecografía en la que se dibujan las formas abstractas de las primeras semanas de tu hijo.
-Esto ya está
Pero no hay nada todavía, quieres creer que si pero empiezan los momentos de incertidumbre, de espera y ansiedad, y así llega el verano, un verano que este año ha sido de fuego y sudor y con él las vacaciones, agosto, los viajes, las visitas. Me encuentro con Astur y Bellver en Oviedo, con Artigue en Valencia de don Juan, lo que queda de la familia Gorostiaga en Cubillas de los Oteros, intercambiamos opiniones, nos olemos y terminamos por entender que estamos hechos de las mismas células, que en el pulso palpitan las mismas emociones antiguas. Bellver, que es un colaborador nato, empieza a pochar cebolla, pimiento, tomate, suaviza los matices del fuego, trabaja su texto Islandia incluido en Agua dura una obra ambiciosa y a la vez colabora con el texto de otros nómadas.
La editorial Playa de Akaba, pasa por su primer año, un año de fuego con una docena de títulos, siendo NOMADAS el que cierra el año 13 de este siglo. A la labor editorial se suma el de los Talleres y la representación de autores, así como su asesoramiento. A la vez me entero de que soy editor externo  es decir que no me quedo a comer ni a dormir.
Y llega la última semana de septiembre. Tengo que apretar el acelerador y volver a insistir sobre textos que ya debía tener el maquetador , a la vez mi ansiedad me pilla deshojando la margarita, -me quiere, no me quiere, -me quiere, no me quiere. Tengo la mitad del libro y en una semana tengo la restante mitad. El libro está, pero siguen llegando versiones, varias veces corregidas y en estas Sergi Bellver me ofrece su mano derecha que yo ya tenía desde el mes de junio y a la vez me ofrece su mano izquierda y es con esta mano, con la que me pone en una bandeja dos figuritas de porcelana, una vive en Oaxaca y la otra en Nueva York y de la magia salen dos de los mejores textos para Nómadas y con estos textos vuelvo a soñar, tienen tacto, son sensuales, y todos los demás sentidos que quieras añadir, gusto, olfato, oído, vista. Este trabajo es impagable y solo puede salir de su propia actitud vital, las dos son nómadas, las dos viven su vida como se debe vivir, de forma única, valiente y arriesgada y es así como escriben, se llaman Nadia del Pozo y Marina Perezagua.

 

viernes, 26 de julio de 2013

PREFIERO ARDER

Toni Campos

Toni Campos
Presentación en Barcelona. Café Salambó 25/07/2013
Ediciones SBe&BOOKS
Primera edición: julio de 2013.
Diseño de cubierta: Miquel Cruañas

Dedicado a Bibiana


No voy a ir. No conozco de nada a este tipo. Hace calor. Tengo sueño. Hace mucho calor.

No escucho música, no hay ningún ruido en casa, salvo el que viene de la casa de los negros, allí el llanto de un niño que anda entre los dos y los tres años, llora, siempre llora, es su forma de buscar su camino. Estoy tumbado en la cama con todo el aire acondicionado y con todo, el calor se mete por las rendijas y por cada grieta. Me levanto de la cama, me miro al espejo y veo a un tipo que no toma drogas, ni bebe, ni fuma, ni nada, no me afeito y así me meto en la ducha, para salir como un coche viejo de un lavadero de chatarra, fresco, algo más fresco.
El barrio de gracia son dos cuerpos, uno pertenece a la línea roja y el otro a la verde, me como todo el recorrido entre estos dos puntos de anclaje y en el final, salgo a la calle por Fontana. Aquí se concentra el bochorno, palmo a palmo. La gente debilitada por esta ley de fuego lento, se ha posado en escaleras, quicios, sillas, terrazas, balcones, paredes, con la espalda sudada, tanto como la mirada.
-Sergi, ¿dónde andas?
Llego en diez minutos, dice Sergi, pero es mentira tarda exactamente tres cervezas que me sirve una camarera filipina a primera orden, junto a la barra; no hay nada en el Salambó mejor que esta camarera filipina. Dos minutos después del primer trago aparece Toni, de la familia Campos, rodeado de la familia Campos, de las mujeres de la familia, el resto al parecer bebían a mi lado. No cuesta saber quién es quién de todos estos, tienen el mismo corte de cara, de pelo, el mismo tiro de pierna, la misma espalda y una voz suave como la noche. Después veo llegar a Jorge y a Eloy, uno es Carrión y el otro Fernández Porta, dos sabios que no se estorban, suben los peldaños de la escalera sin apenas rozarlos, no se como se hace esto pero ellos si, tampoco conozco ni una sola teoría literaria, ni física, ni matemática, estoy aquí  (igual que en el mundo) porque hay cerveza y no sudo; la depresión del principio ha vuelto a su caja, muy bien doblada como el mantel de la última cena que yo he visto entre las reliquias de la catedral de Coria, pues ahí está mi depresión, la supero fácilmente y a la vez con un esfuerzo ingente, pero esto es otro cantar. Subo a la sala de billares del Salambó. Ahí, en ese pasillo lateral con barra y mesas tropicales de la Indonesia colonial de Ikea, es donde se celebran buena parte de los eventos literarios de este barrio, junto con Pequod no hay otro lugar mejor ni más pequeño, ni con más solera, bien lo sabe Pedro Zarraluki, bien.  Los billares para este evento se han reconvertido en grandes mesas, forradas de papel. Y es cuando llega Sergi, la espera me ha costado tres cervezas y en ese momento como subidos a una ola, llegan todos de golpe y todos por las escaleras del Salambó. Nos saludamos, todo el mundo sonríe, hay niños pequeños, carritos, familias, es way.
-Una cerveza –digo a la camarera rubia de esta zona vip- ¿Carlos una cerveza?

Toni Campos estudió derecho en Barcelona, donde se licenció y se aburrió hasta licenciarse en Humanidades y estudiar su Master en la Pompeu. Del Derecho consiguió cierto método, pero de lo otro, de lo que no sirve absolutamente para nada, sacó muñeca y pulso para escribir. Esa historia se resume en dos palabras, prefiero arder.
-Es una historia de amistad y redención a través de la música –escribe en la solapa del libro-
Aquí ya hay tres palabras más amistad, redención, música.

Si, pero por los cojones ¿no Toni?. Cuando le dijo a su padre que quería ser escritor, su padre le dijo que por los cojones, que estudiara derecho y este le contestó “prefiero arder”. Después se lo pasó bien, pero mientras pasa eso, juegas al futbol, te pinchas a la novia de un amigo, o a la novata de la fiesta, pasa la vida y hay un momento en el que tomas aire en la esquina del cuadrilátero, ese momento es un momento poético muy parecido a la transición hacia la muerte, en el que se te aparece la familia repartiendo carne a la brasa, a tu padre contándote un chiste, tu hermano y su envidia, tu amigo Javi el que te salva,  la novata de la fiesta que es más perra que un San Bernardo, a su hermana que no deja de reírse, mientras la historia de escribir te comprime de tal manera el pecho que crees morir y le oyes al médico de esa soledad, “debería pensar en dejar de fumar”, cuando en realidad el diagnóstico era que debería ponerse a escribir. Durante los siguientes años Toni se puso a escribir, pero cada vez que lo intentaba se le endurecían las muñecas, los dedos, el cuello, eran los años noventa y los años noventa fueron la resaca de los ochenta que dejó un rastro demasiado dulce en la música, algo que aprovecharon los nuevos oídos, para acercarse a grupos grunge, con Nirvana al frente y el jaco. Barcelona de un día para otro, se volvió Seattle y todo el mundo se dejó greñas rubias, barba, y se hizo con la camisa que usaba el padre el fin de semana en el huerto, franela. Solitarios y taciturnos buscando encauzar la inteligencia emocional, redimir los traumas familiares con la amistad de los colegas a través de la música. Y ese cambio siempre es una ruina, una ruina que recordarás siempre, porque eras joven, que es nostálgica, que no deja de ser el mejor momento de tu vida, que deja un reguero de cadáveres que se van olvidando, de amigos, de músicas y con el Master debajo del jersey un día empiezas a escribir de lo que sabes y te va saliendo una historia que es esta, que se apoya en un amplificador, una guitarra y una batería, en unos amigos, en una ciudad, en los restos de la familia que siempre dan para algo,  igual que los Levi’s 501 y las Rayban.
A Barcelona le hacía falta este libro que se presentó ayer,  a Barcelona siempre le va haciendo falta libros que la señalen y la coloquen, se lo pedimos a Marsé y nos escribió Ultimas tardes con Teresa, se lo pedimos a Mendoza y nos regaló La ciudad de los prodigios, a Casavella y nos regaló El triunfo y después pagó con su vida, y ahora la presión le pidió a Toni Campos una novela para Barcelona y este nos ha escrito “Prefiero arder”, que presentaron sus amigos entre ellos Eloy Fernández Porta y rodeándole para que no se refugiara en la esquina más oscura, la familia, y algunos de esa jauría de coyotes sin los que esta novela, ni probablemente su autor, existirían. Después alguien llenó las mesas de billar con platos de tortilla, embutido, queso y nueces, con croquetas recién fritas, pan con tomate y vino a discreción y mi estómago se lleno de amor y de palabras y allí nos encogimos junto a los tacos del billar, mientras el evento literario se iba vaciando a medida que Toni Campos firmaba libros, con esa sonrisa que es marca de la casa y esa calma pacífica del grunge, del Indie pop y de calor africano. Todo duró lo que tenía que durar y yo me devolví al paisaje y a mis pesadillas y caminé despacio las calles, antes de que llegaran las doce. En ese espacio encontré esta canción con la que empieza la novela:  “Gotta find a way, to find a way, when I’m there / Gotta find a way, a better way, I’d better wai”.

Un abrazo a todos los que nos encontramos.

 


lunes, 15 de julio de 2013

LA PERFECCIÓN DEL TIRO





Mathias Enard
verticales de bolsillo 

El criminal ha encontrado su lugar en la guerra, es un tirador de élite que no falla, se ha ganado el respecto de sus vecinos y el escenario son las calles, el frente, ellos, tomar un pueblo, una colina, matar y volver a casa a dar de comer a la madre loca, a dormir en sábanas limpias, a seguir de cerca a los que sienten miedo.
La guerra planteada así es el mayor de los absurdos, se lucha contra los otros tiradores, contra los obuses, los morteros, contra un enemigo al que se saca de las ambulancias para rematarles en el suelo, en un garaje. En esta novela se da rienda suelta a toda la barbarie para volver a casa, a dar de comer a la madre loca, a dormir entre sábanas limpias.
-¿Qué tal el trabajo?
El criminal amparado por su trabajo dispara a trescientos metros, es certero, frío, calculador. La novela comienza así:
Lo más importante es el aliento. La respiración calma y lenta, la paciencia del aliento;”
Nada es tan sublime como un buen disparo, un viejo, un taxista, un grupo de chicas saliendo del colegio, la cara, el pecho, un costado. El personaje principal habla de oficio difícil, va a la guerra como quién va a su trabajo, viene de la guerra y necesita a alguien que cuide de su madre loca, alguien que cocine, que arregle la casa, todo con un único fin dedicarse con mayor precisión, el rigor necesario, el tiempo que haga falta, tardar lo que sea necesario sin que los vecinos tengan que encargarse de nada. Fuera del campo de batalla la víctima se llama Myrna, vive con su tía en la ciudad, es joven y guapa, su padre murió reventado por un obús, demasiado joven, demasiado guapa, demasiado temerosa para vivir en la misma casa atendiendo a la madre enferma y aún así en el barrio murmuran, pero el tirador acalla cualquier comentario tan solo enseñando el fusil, una bala, una pistola, cualquier palabra de más puede significar la muerte, un tiro perfecto en la nuca, en un ojo, Myrna también lo sabe, también teme, sabe que el tipo es peligroso, conoce su maldad,  su mirada y su deseo desde la puerta de la habitación en la que ella duerme, a oscuras, y eso nos gusta, el ambiente de guerra nos agrada, vivimos tan cómodos en nuestras azoteas que nos cuesta poco convertirnos en francotiradores junto con el protagonista, en mirar por su visor, en elegir nuestra víctima, a todos nos gusta que la bestialidad de algunas escenas enormes protagonizadas por su amigo Zak al único al que teme y aprecia, se justifique por motivos de guerra, todos deseamos esa perfección, deseamos que la chica vuelva con él a su casa, a cuidad de su madre loca, que sean felices, sabiendo que ese tipo solo es feliz afinando su cuadro poético, con todos los latidos, con la dificultad de cada tiro, solo así en la tranquilidad de un tejado, en la soledad de esa respiración, del pulso, de la elección de la presa, sólo ahí es feliz, igual que Mathias Enard, igual que yo. Y en esa tragedia conocemos el final.