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jueves, 23 de junio de 2016

MAGISTRAL (Presentación en Barcelona)



Rubén Martín Giráldez
Jekill & Jill editores
Miércoles 20 de junio de 2016



El brexit de Gran Bretaña, la huelga de metro de Barcelona, los petardos, la segunda vuelta de tuerca de las elecciones en España, el primer calor del verano, los amigos, los que se quedan frente al sol para recibir la energía del amanecer, el agobiante trabajo en los tiempos de crisis, la tos de mi hijo, la tos de su madre. El miércoles estaba hasta los cojones de todo, tenemos dos coches y una moto, cogí los ferrocarriles y después un autobús y a las 7.30 de la tarde llegaba a la presentación de Magistral, tranquilo y relajado como si me hubiera tomado un batido de tomate con hielo y LSD, pero ni batido, ni LSD solo estábamos Ruben y yo enmarcados por la entrada de la librería Calders, con la librera al fondo, un cuadro hiperrealista; en ese momento llegó la gente y me entró una llamada al móvil, era del servicio de mensajería para aclarar la dirección de un pedido, una revista que espero de la editorial Cabeza de chorlito. Se aclaró y entré en la nave, Rubén se quedó a la puerta liando un cigarrillo con trabajo de hebra. 

El jueves pasado estuve en la librería Altäir porque Julio Llamazares presentaba su libro de viajes del Quijote, hacía años que no veía a Julio en Barcelona, me hubiera gustado quedarme con él, con Pere Bernadas, con Cecilia Orueta, pero una semana antes (por medio del editor JC) había reservado plaza para un pase privado que organizó la editorial Malpaso con uno de sus autores, Robert Juan Cantavella, me habían mandado el libro a casa, había leído ochenta páginas, -nos vemos este verano en León -me dijo Julio- y me fui. Había quedado con Malpaso, cumplí y de paso le dije a Robert (un escritor singular) lo que me había gustado y lo que no, el resto del libro lo seguiré leyendo en estos días. Y en ese espacio de tiempo no han dejado de pasar cosas a una velocidad vertiginosa, he llenado el frigorífico, se ha vaciado, he llenado el depósito del coche, se ha vaciado, he salido con la moto con otros ciento cuarenta más, la gente se para a vernos pasar como si fuera un desfile, militar, he escrito algo y lo he borrado, he comprado libros, le encargo un libro imposible y descatalogado a Xavi Vidal, me lo consigue en cuestión de minutos, me río loco, me tomo una cerveza; -¿papá jugamos?. Jugamos.

Inga Pellisa traduce un libro, Rubén Martín Giráldez traduce un libro, Javier Calvo traduce un libro. Gonzalo Torné traduce un libro. Veo entre el público, sentadita en las escaleras a Beatriz García Guirado, después me cuenta que quiere volver a vivir en Barcelona, nostalgia, amigos, el mar y ese cansancio madrileño tan agobiante. El novelista Gonzalo Torné desenrosca una manta y aparece un muestrario con bisutería que va ordenando pieza a pieza, todas parecen de igual valor, pero unas brillan más que otras, fulgores. Ese tipo, Gonzalo, bebe agua para pasar el trago de Giráldez que parece fácil pero no lo es, y a cada trago deja los labios en forma de ventosa en el fondo del vaso, cuanto más bebe más se le seca la garganta, en esos momentos Rubén saluda a la gente que va llegando, sonríe y por maldad yo me alegro, es un marronaco sentar a alguien a tu lado para esta traducción y también me alegro por ver a Rubén con camiseta, el invierno ha sido largo y en todo ese tiempo solo se ha vestido con un abrigo muy bonito de piel de camello. Su mujer Inga (sin que eso sea una enfermedad) está muy embarazada, le acompaña Noel, su bebé-cisne blanco. Magistral.

Suena bien que todo el mundo diga que Regüeldo es una obra maestra. Metes unos calzoncillos que huelen a tabaco y la lavadora los centrifuga, salen secos, planchados, te los pones y te aprietan el paquete, incluso si te los pones de sombrero. Magistral no te deja de dar bofetadas en días alternos, cambias de acera y te sacude, vas a desayunar al bar del paqui y te sacude, lees la vanguardia y no deja de sacudirte. No descansas hasta que no  terminas con él y después retumba. Dicen que todo el mundo se lo lee del tirón, y después lametea en las conversaciones; la señora Mari, la carnicera, habla de Magistral, dice que su vecina ha adelgazado porque está un poco deprimida. Mari destaza una pieza que pesa setenta quilos, es la pierna de una ternera, supervisa el corte de los cuchillos Francis Bacon que espera a la cola, siempre viene a este mercado a primera hora para ver destazar a Mari. Manolo el mecánico del taller, junto al mercado, habla maravillas de Magistral, la panadera, el arquitecto del Ayuntamiento con el guardia de seguridad, la cartera y un vecino viejo, el chino del almacén, los revisores del metro, todos hablan de Magistral, se enredan en esa primera persona que te abre los párpados para que no duermas -genial -dice el gitano que vende coches de segunda mano- sus coches están sucios, arañados, con la pintura saltada y los vende, hay mercado. Noventa páginas.


Noventa páginas y no dejas de leer, la magia te sube por las venas hasta las amígdalas y allí anida como una araña, la magia. Noel, el bebé-cisne, quiere ir a los brazos del editor de J & J que huelen a hembra. Rubén forma parte de la mejor literatura francesa y traduce la mejor y más bastarda literatura americana. De esas vueltas de tuerca nacen estos prados. Bebemos cerveza en La Calders, las ondas gravitacionales de los ventiladores son bajas, se estancan a dos metros de mi. A veces cuesta respirar cuando lees Magistral y a veces no te das cuenta de que este libro te ha quitado dos litros de sangre. Has perdido peso porque estas un poco deprimido, porque todo gira a tu alrededor, deprisa, ¿verdad Gonzalo?.

Gonzalo Torné, de la factoría R.H. Mondadori, lo nota y lo soporta estoicamente. Le conocí presentando también estoicamente un poemario adolescente (sin caderas) de Luna Miguel, cuando también ella era Mondadori y poeta sin bebé a bordo; entonces Gonzalo me pareció que le sacaba poco partido a la melena, que le sobraba traje; hoy me ha parecido lo mismo y en las dos presentaciones me dio la sensación de que se le quedan fríos los riñones. Pero con frío y sin él salió del paso currando mucho, sacó sonrisas de las primeras filas de chicas, de las segundas filas de hipsters, deliró por delante y por detrás, pero sí, hilvanando muy suavemente casi sin aguja.
Inga Pellisa (primera dama de este acto) está contenta y cansada, tiene caderas de ternera, el cuerpo cambiante y abombado, los embarazos, las varices y la búsqueda de colegios pasan factura y cuando llega la hora una empuja con fuerza, se secan los labios, agoniza y vuelve a vivir y, ya ha nacido otro pequeño bastardo para el álbum familiar, para las vecinas, para los amigos, para los colegios, Magistral.
Barcelona bulle, "Sentí un súbito ataque de claustrofobia y abrí del todo los postigos. Un aire húmedo tropical me envolvió como una boca gigante mientras escuchaba percutir, vibrar y zumbar a mis pies la pesada maquinaria de la ciudad." pero ese sonido de terrazas, motos, bicis, patines y taxistas no entra en La Calders, piedra, papel y tijera. 
No hay ningún crítico literario entre el público, están todos en los sótanos del paralelo lamiendo azúcar como termitas, han pinchado los teléfonos, quieren ver y no ser vistos, quieren saber de cada regüeldo sin contaminarse, han colocado micrófonos detrás de los libros de Bernhard, mal sitio, mala hostia, algunos hipsters con camisas de cuadro demasiado estrechas. Magistral hace daño y da aliento, a los diez minutos de su publicación fue bendecido desde un avión por Jorge Carrión que volvía de una conferencia a la que iba, pero los doctores en filología de las universidades españolas a día de hoy, callan, todos callan luego han reído el libro y ven un enemigo rampante, que no es rival pero que se acerca con los ojos amarillos y malas intenciones. ¿Qué has escrito hijo?, ¿qué hemos hecho mal tu madre y yo?, piedra, papel y tijera.


La cita es de Narcisa Nuestra señora de las cenizas de Jonathan Shaw (Traducción de Rubén Martín Giráldez para sextopiso)

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