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jueves, 29 de marzo de 2012

DAN FANTE


Un legado de escritura, alcohol y supervivencia
Sajalín editores
(Traducción de Federico Corriente Basús)

Presentación en el bar Heliogàbal (Vila de Gracia-BCN. 27/3/2012)


                                                    Dan Fante y su esposa

“Todos los demonios han desaparecido, son poco más que ecos en una habitación recién pintada. Todo lo que queda es mi amor.”


Llegar a la Vila, después de cruzar por Barcelona, siempre te da la sensación de atravesar una frontera y terminar dentro de un pueblo como Gracia, rodeada de su muralla invisible, plazas y terrazas, un territorio hippy, punkie, okupa, con diseñadores, libreros, poetas, editores, novelistas, músicos, traductores, talleres de circo, nuevos y viejos románticos, restaurantes, pequeños cafés, cines e iglesias y el bar Heliogábal. Y es allí donde el martes 27 de marzo de 2012, han elegido Miqui Otero y Kiko Amat, Francesco Spinoglio y los chicos de Sajalín para traer a Dan Fante, el hijo escritor del mítico John Fante, y presentar en Barcelona el relato de su vida, la herencia de su padre, (como dice el título) un legado de escritura, alcohol y supervivencia.
                                                    Francesco Spinoglio

Pero al primero que veo al llegar a la calle Ramón y Cajal es a Francesco Spinoglio, hablando con uno de los de la editorial Sajalín. Hemos llegado con tiempo, hemos aparcado a la primera junto a unos contenedores de basura en zona de carga y descarga. Falta más de una hora, el bar está cerrado y nos vamos a callejear por las tiendas. Francesco sonríe, su escritor de referencia ha venido de los Angeles, le acompañan su mujer y su hijo y estará con ellos, igual que estuvo la última vez.

Dan Fante, es la memoria de su padre. Su padre era un tipo duro, con un oficio duro, el de escribir novelas, guiones y novelas, un tipo que le ponía el corazón y las entrañas en cada página y Dan así lo aprendió, eso y un carácter explosivo mezclado con el fracaso de no conseguir el reconocimiento literario que persigue, forman el esqueleto sobre el que se van montando sucesos reales, experiencias, padres, hijos, trabajos, hoteles baratos, tabernas, escritura, el aroma de queso parmesano, mil gatos, mil perros, borracheras, palizas, shitkikers, el dólar rápido de Hollywood, es decir una vida compleja, una lengua afilada y maliciosa y la devoción católica envolviéndolo todo. Una vida, la del padre John que se desdobla en la del hijo Dan, como una herencia genética de escritores. Ahora lo tenéis ahí (nº13 de la colección al margen) todo bien resumido para que podáis saber cómo se vive una vida desde dentro y por otro lado, para los que pudimos saludarle, una referencia viva delante de nuestras narices; por unas horas estaba a nuestra disposición, con esa amabilidad dura del que ya no necesita seguir peleando en este puto ring en el que estamos los demás, reposando como un viejo guerrero  con su joven mujer y su hijo pequeño, un chico rubio que camina a su lado y mañana, todos se irán a Francia a casa de  un editor amigo; así vive un escritor.
                                                              Laura Fernández 
 Y cuando son las nueve llegamos de nuevo al Heliogábal que sigue cerrado. En la calle ya esperan los primeros. Saludo a Ana Llurba de Honolulu Books hasta que aparece Juan Soto que saluda y al que me presento, sin preámbulo alguno.
-Pareces más joven –dice-
Y uno tiene la edad que tiene, pienso y sonrío. Juan Soto que es el escritor que es, fuma y viste con la raza que le dan sus dos novelas, se le reconoce bien, es un tipo ágil que va y viene mucho, que es flaco porque es joven y porque fuma mucho y al que todo el mundo conoce.
-Me voy a Madrid, el jueves, en Alsa.

Y esas estamos cuando suben la persiana del bar; dentro tienen preparadas dos hileras de sillas que lo ocupan todo, al fondo a la izquierda hay una barra que se ha encogido para que quepamos. En dos minutos cabemos sentados y en otros dos minutos se forman dos filas más con gente de pie, acostumbrados a esperar autobuses, viajar en metro y acodarse en una barra. Y los organizadores, Amat & Otero, dan paso al evento que consiste en leer fragmentos de sus obras.
                                                               Cristina Fallarás

Se suceden Raul Argemí, Lucía Lijtmaer, Cristina Fallarás, Francesco Spinoglio, una Laura Fernández adorable y el propio Dan Fante que despide a la intérprete porque una traducción mata el espíritu de la lectura, algo dramatizada, de algunos de los momentos del libro. Y para dramatizar y teatralizar todos pusieron su punto de emoción, pero Cristina Fallarás se entregó como se entrega siempre esta novelista que fue capaz de meterse dentro de la novela para salir de ella convertida en personaje.
                                                                    Juan Soto

 El homenaje de Barcelona al escritor italo-americano es así. Entre el público no falta el editor David Martín Cope, ni Javier Calvo o Manolo Vázquez y Ana S. Pareja. Los coros del Helio se los hace el bar de la esquina, un segundo lugar para descansar. Cuando esto termina y la gente forma corros, salimos y nos vamos a cenar un falafel rápido en un restaurante de la calle Verdi y cuando volvemos al bar ya han desaparecido las sillas, los micrófonos, no queda rastro de Dan Fante ni de su familia, pero sí que me encuentro a Francesco, recogiendo las sombras del evento, guardando los demonios y ecos bien doblados, la barra se ha estirado, mientras Amat & Otero (dos auténticos Hernández & Fernández), ponen música para sus amigos, mientras dejan algunas sonrisas translúcidas parecidas al gin-tonic, pero es martes y todos los demás, los seguidores y lectores, caminan despacio para sus apartamentos a continuar traduciendo y escribiendo.
Montado en el coche para volver al Garraf, veo a Juan Soto salir del bar de la esquina posiblemente en dirección al Helio, pero tampoco estoy seguro si en ese momento va o viene o posiblemente tuerza a cualquier otra parte, le siguen su novia  (una chica rubia con zapatillas Nike blancas) y dos jóvenes bueyes con bigote y gafas de pasta que caminan despacio como si subieran una cuesta. Queda pendiente una cerveza para darle continuidad a todo esto.   Por hoy no hay nada más. Un abrazo a todos.




Kiko Amat y Miki Otero
 
                                                            Dan Fante

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