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lunes, 6 de febrero de 2017

No escribiré un bestiario. Presentación en Barcelona.

Nollegiu
30 de Enero de 2017.



David Yeste es un percherón cargado  de amor, un adolescente entre revistas y putitas que usan los fotógrafos de los borbones y esa polución no tiene más remedio que explotar y salir, descargarse sin dañar, David es un río  incesante de  poesía a cualquier hora, en cualquier punto. El otro año entregó un libro a PiEdiciones y este año  un Bestiario, que viene de esas incesantes notas a pie de librería, en el interior de los  bares,  mientras ese café de primera hora. 

Se presentó a las siete y media en el salón acristalado de la Librería Nollegiu, era el último lunes de enero y allí estaba de la mano de Sergi de Diego; es en ese salón en cuyas estanterías se reúnen las colecciones poéticas de la Juanita, todo, o una buena parte del todo.

Sergi venía con ganas; sin noticias de él desde antes del verano, fue un reencuentro al final de muchos días  extraños, fiestas cada vez más extrañas; fue el reencuentro de los amigos y en ese espacio se creó un lugar para conversar. 

El libro lo publica ediciones Liliputienses y José María Cumbreño, una editorial que no existe, una norma legal que se firma sin tinta, un par de correos electrónicos y un ISBN, suficiente para que los símbolos de lo intangible se vuelvan melaza. Melaza (ornithoptera alexandrae); es el primer texto y a este le sigue un conjunto compacto, hermoso, a veces inquietante, con todos los deseos de un hombre, de sus fantasmas, de sus temblores. Yeste capta el instante, por eso necesita la libreta y el bolígrafo, sabe que si dejas esa levedad a la memoria, esta te lo cambia, lo tiñe, lo devora y te devuelve un espermatozoide torpe y ciego que se pierde junto con otros miles en  vacío, la intemperie.
Acotación:
La voz que escucho para este libro (la que quiero escuchar en un recital en el Liceo) es la de Nuria Espert, una voz de mujer con la nata, la crema y la acidez del café, el sufrimiento y la pasión. 
Acotación:
No escribiré un bestiario es un libro de consulta como los de Pla, un diario por el que nuestro autor pasa cada día, lleno de escamas que se pierden y vuelven a nacer.

Ese último lunes de mes, la Nollegiu juntó dos emociones, la del reencuentro que decía y la de conocer la nueva obra de David, las dos expectativas se colmaron. Vi a Sergi como es, intenso y brillante, condujo la obra desde Simic hasta la postpoesía y los nuevos paradigmas textuales, un territorio en el que se desenvuelve como pez en el agua y no sé los demás, pero por un momento soñé que aquel encuentro se producía en el Nueva York de Pynchon, en el Berlín sitiado, en el París de Vila-Matas,  el lenguaje del pulso, cerrar los ojos sin bajar los párpados, escuchar como suena el espacio entre la sombra y el espejo, tal y como cuenta el autor, por un momento. 

–Un libro que comienza con una negación –dice Sergi– siempre es un reto.


Así es  y que así sea.

"Hay una manera precisa de que los pasos sean del todo ajenos a la tierra que pisas. No tiene que ver con la gravedad. Más bien con la falta de empeño en imprimir esa huella. Esa envidiable levedad –soy un gigante sé de lo que hablo– se fundamenta en atender más a la yema de la hoja que a las raíces, a la nube antes que a la profunda veta de oro, al temblor pasajero primero, por delante de la cátedra, del dogma, del nicho."

Para primavera tendremos el próximo libro de David Yeste para este dos mil diecisiete.  Todos esperamos desde hace tiempo el próximo de Sergi de Diego.

En esta misma semana podéis ver a David Yeste, en El librerío de la Plata (Sabadell), con  Alex Chico. Espero que cualquier día aparezca Cumbreño o quizá tengamos que ir nosotros a por él.



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