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sábado, 18 de junio de 2011

LILITH


Después, llegamos algo después de las once, quizá demasiado tarde para ver a L en directo. Esteban y Patxi beben desde la barra, ya han comido bocadillos en el Pepe Bar, en el entramado de calles Almogavars, allí donde el Sr. Lobo, la Oveja negra, Celeste, allí donde en los noventa todo el mundo se amontonaba con una cerveza en la mano y un cigarrillo en los labios, en esa zona de naves y fábricas, con esa anchura de calle y ventana, tan de aquel Nueva York de las películas negras, aquella parte de New York dentro de aquella parte. Después llegamos y ya me dolía mi dulce y sucia Janis, pero no era porque yo estuviera enfermo.
-Es esta ciudad –pensé-

En la caja tienen apilados los libros de relatos. La barra tiene forma de U, como toda buena barra y el local tiene también forma de U, como todo buen local y un escenario donde caben todos los que están, ni uno más. No está Loquillo, ni se le espera, pero El pájaro loco, se sabe todas las canciones, guitarra, batería, voz, guitarra, guitarra, piano, armónica, todos cantan y tocan los mejores temas de Loquillo y a su lado a un palmo debajo de ellos sus incondicionales, tres o cuatro amigos más Lilith (la primera esposa de Adán) y sus lilim, vagabundeando mentalmente, igual que una mosca contra un cristal.
Dejo mis últimos quince euros, en la barra y compro el último libro del día, “Simpatía por el relato”, una antología de cuentos escritos por rockeros, 2ª edición y otra vez de nuevo el proceso de firmas, empieza Baco, sigue Patxi, Agnes y me quito la sed a golpe de cerveza. Aquella fiesta en la que el cantante de El pájaro… se lo pasa  bien y los demás músicos disfrutan, hace que nos sintamos como en un local de ensayo.
El tiempo ha cambiado, las calles están vacías y algo oscuras, apenas hay tráfico y nadie por las aceras, salvo algunos porteros solitarios, apoyados en algún coche, bajo alguna luz, esperando que pase algo o que no pase nadie. Los locales están vacíos y las chicas se han tatuado también esta noche, pero los chicos de las motos no han venido, esta noche tampoco han venido.
Solamente Agnes, baila como si estuviera dentro de los pies de otra chica, en otro año, en otro local, en otra ciudad, baila y se come la canción a la que la invitan, con esa voz fuerte, también invitan a Esteban que sube decidido al escenario donde no cabe nadie más y siempre hay alguien más, pero el guitarrista se encoje contra la pared, y los demás se adelgazan, pero siguen sonando y siguen acompañando a esta segunda edición que camina de mano en mano y de voz en voz y que además servirá para ceder los royalties a dos proyectos solidarios en Pamplona y Fuenlabrada.
-Ya nos vamos –digo a Esteban-
Nos hacemos una foto de grupo para colgarla aquí.
-Ten cuidado con el coche –me contesta- y llámame cuando paséis por Madrid.

Salimos a la Ronda, pero ahora el litoral está tranquilo, alguien ha recogido los contenedores, las grúas, los depósitos y ha dejado salir a las sombras y cruzando entre ellas seguimos hacia el Garraf. Hoy también cargamos con unos cuantos libros en la mochila y cerca de dieciocho horas sin dormir. A medida que me alejo de BCN, los dolores desaparecen. Un abrazo a todos.  


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