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jueves, 18 de octubre de 2012

CONVERSACIONES (3)




Había cierta expectación por ver a Lorenzo Silva, no obstante todavía tenía caliente los saludos, abrazos, pasa manos, besos y la cena de la noche anterior por haber recibido el premio Planeta, tenía reciente al ministro Wert, els Presidents Mas y Lara y todos los demás, poetas, novelistas, jurados, periodistas, guardaespaldas, camareros, damas de la corte literaria y ahora ahí está, junto con los profesores Eloy Martín y Jordi Carrión, con calma, tranquilo, algo cansado y contento, había quedado a las seis y media de la tarde en el aula de la Pompeu para esta conversación y allí estábamos los demás,  unos para hablar y otros para escuchar y de fondo, los moros esos personajes diferentes y molestos, que aparecen siempre en un tercer plano de la película Casablanca, pero que cada vez buscan más cámara, porque no hay nadie con más futuro, a los que la humillación de occidente les subleve más, orgullosos de su pasado en el pasado, son los árabes y su futuro es ficción según los acontecimientos que se miren y a qué autor se cite.
Siempre va bien tener a un profesor que inicie el calentamiento de cualquier acto y del otro bando a un novelista, (lo sabe bien Jordi que sufre en carne propia como profesor, novelista y ensayista). El profesor Martín, como todos los que han pasado por estos ciclos, se ciñe a la verdad, ni arriesga ni inventa y fundamenta esa verdad con nombres y apellidos, compara, expone y todo eso lo hace desde la cátedra, con cierta resignación, solo que entre esa cierta resignación tanbien cabe un resquicio de ironía con la que combatir, a esta escala, a los poderes políticos y Lorenzo Silva conecta con Martín, por ese resquicio de ironía que todavía flota en el ambiente, en este ambiente enrarecido de la crisis económica y de primaveras árabes, con la esperanza de que cada año esa primavera árabe renazca de las cenizas del invierno. Y Lorenzo Silva a diferencia de los docentes, habla con todas las voces que se le han asomado, no solo a los libros, si no a ese sexto sentido de los novelistas, a su vida, a sus viajes, (hace diez días en Argelia) volviendo real esa verdad científica de los libros de texto y podía citar también a Juan Goytisolo como ejemplo de escritor, pero no lo hago porque su nombre ayer no salió a relucir por la palestra.
Y así nos confesamos todos, sale lo mejor y lo peor de las religiones, de los fanatismos, del poder económico saudí para instalar en todo el mundo musulmán la vertiente Wahhabi del Islam, que es como un Opus Dei; pero llegar ahí es un proceso y para entender ese proceso también hay que entender lo que un creyente siente, el Islam está metido en la piel de la gente, no es algo que se pueda asilar de la persona, es un tronco que parte del mismo tronco  humano que lo sustenta, eso es el Islam de los creyentes, tan metido está en cada capa social y costumbre que es imposible cualquier cambio político, si el cultural sigue en esa raiz. Para eso Silva recomienda leer “La enfermedad del Islam” de Abdelwahab Meddeb, tripolitano y residente en París, un análisis preciso de los movimientos islámicos en el que se manifiesta que si el fanatismo es la enfermedad del catolicismo, en nazismo la enfermedad de Alemania, entonces el fundamentalismo es la enfermedad del Islam. 

Lorenzo Silva, no solo es sus personajes Bevilacqua y Chamorro, no es el abogado de empresa que dejó su trabajo para escribir, es un tipo con dieciocho novelas, nueve libros más de viajes, guiones, y otros diez infantiles y juveniles; todo eso con cuarenta y seis años le da un tono de voz y una militancia, el peso específico del viajero que sabe que está de paso y desde luego todo eso antes de llegar al Planeta de hace unas horas y que ahora mismo además de por las felicitaciones de todos, no deja de ser una anécdota; un tipo así con esa mochila no se deslumbra fácilmente. Y parece ser que este tipo confía en que la gente de ese norte de África que cada vez está más cerca de nosotros, cree que todo este mundo árabe que se revuelve y lucha, despegará, poco a poco despegará, si el lastre del Islam, de las dictaduras, de la corrupción, todos esos paisajes, que nosotros en nuestra democracia también conocemos, lucha por quitarse el cuartel de encima, esa misma piel que España se quitó con el franquismo.  Así fueron transcurriendo todas esas conversaciones, nadie se atrevió a vaticinios estériles y quedó claro que Egipto, Túnez o Marruecos vivirán su revolución, una revolución que tendrá uno de sus pies en la evolución cultural y en las mujeres, esa mitad de la población, sin las que ninguna sociedad puede avanzar. Son los tiempos que hay que vivir y en los que todos vamos a estar.




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