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lunes, 15 de julio de 2013

LA PERFECCIÓN DEL TIRO





Mathias Enard
verticales de bolsillo 

El criminal ha encontrado su lugar en la guerra, es un tirador de élite que no falla, se ha ganado el respecto de sus vecinos y el escenario son las calles, el frente, ellos, tomar un pueblo, una colina, matar y volver a casa a dar de comer a la madre loca, a dormir en sábanas limpias, a seguir de cerca a los que sienten miedo.
La guerra planteada así es el mayor de los absurdos, se lucha contra los otros tiradores, contra los obuses, los morteros, contra un enemigo al que se saca de las ambulancias para rematarles en el suelo, en un garaje. En esta novela se da rienda suelta a toda la barbarie para volver a casa, a dar de comer a la madre loca, a dormir entre sábanas limpias.
-¿Qué tal el trabajo?
El criminal amparado por su trabajo dispara a trescientos metros, es certero, frío, calculador. La novela comienza así:
Lo más importante es el aliento. La respiración calma y lenta, la paciencia del aliento;”
Nada es tan sublime como un buen disparo, un viejo, un taxista, un grupo de chicas saliendo del colegio, la cara, el pecho, un costado. El personaje principal habla de oficio difícil, va a la guerra como quién va a su trabajo, viene de la guerra y necesita a alguien que cuide de su madre loca, alguien que cocine, que arregle la casa, todo con un único fin dedicarse con mayor precisión, el rigor necesario, el tiempo que haga falta, tardar lo que sea necesario sin que los vecinos tengan que encargarse de nada. Fuera del campo de batalla la víctima se llama Myrna, vive con su tía en la ciudad, es joven y guapa, su padre murió reventado por un obús, demasiado joven, demasiado guapa, demasiado temerosa para vivir en la misma casa atendiendo a la madre enferma y aún así en el barrio murmuran, pero el tirador acalla cualquier comentario tan solo enseñando el fusil, una bala, una pistola, cualquier palabra de más puede significar la muerte, un tiro perfecto en la nuca, en un ojo, Myrna también lo sabe, también teme, sabe que el tipo es peligroso, conoce su maldad,  su mirada y su deseo desde la puerta de la habitación en la que ella duerme, a oscuras, y eso nos gusta, el ambiente de guerra nos agrada, vivimos tan cómodos en nuestras azoteas que nos cuesta poco convertirnos en francotiradores junto con el protagonista, en mirar por su visor, en elegir nuestra víctima, a todos nos gusta que la bestialidad de algunas escenas enormes protagonizadas por su amigo Zak al único al que teme y aprecia, se justifique por motivos de guerra, todos deseamos esa perfección, deseamos que la chica vuelva con él a su casa, a cuidad de su madre loca, que sean felices, sabiendo que ese tipo solo es feliz afinando su cuadro poético, con todos los latidos, con la dificultad de cada tiro, solo así en la tranquilidad de un tejado, en la soledad de esa respiración, del pulso, de la elección de la presa, sólo ahí es feliz, igual que Mathias Enard, igual que yo. Y en esa tragedia conocemos el final.


 

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