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viernes, 14 de febrero de 2014

RECAREDO VEREDAS


Deudas vencidas
Editorial Salto de página
Presentación en Llibrería Pequod
13 de Febrero de 2014


Recaredo se ha cortado el pelo en Madrid para venir a Barcelona, o quizá se lo ha cortado en Barcelona. Ahora todos los trayectos son fotografiados, es el mismo escritor por medio de su teléfono el que va dejando migajas de vida por las esquinas. Al llegar a la librería al primero que veo es a Santiago García Tirado, está de guardia y le saludo, es un tipo que me encuentro a menudo en los saraos literarios de Barcelona, que sonríe, aunque no siempre. Hoy R ha venido a celebrar el apostolado literario presentando su novela Deudas vencidas. R se ha preparado para esto, se licenció en derecho por hacer algo cuando lo que quería estudiar era creación literaria, en cuanto pudo lo hizo pero no era suficiente, para aprender de verdad hay que tener un Master y entrar de lleno en la edición, editoriales de verdad, las grandes, las más grandes, las que ocupan espacio en las ferias y en las librerías grandes y lo hizo, lo hizo todo y como ya tenía una edad se independizó y montó su propio despacho con micro-revista y empezó a ver de cerca a escritores nuevos, los analizó como un entomólogo, eran y son sus moscas, sus insectos, sus coleópteros y se dio cuenta que el mundo de los insectos y de los escritores es un mundo pequeño y miserable en el que una buena dosis de alcohol de quemar y un alfiler es suficiente para disecar a un bicho y a un escritor y que si mezclas a unos cuantos de distintas especies se terminan devorando, él Recaredo IV consiguió domesticarles.
 Para presentar en Barcelona hay que pasar por Pequod, al principio lo sabían Pere y Consuelo y poco a poco se fueron pasando ese secreto de unos a otros por las catacumbas, hoy aunque se sigue llevando con discreción, ya lo saben todas las autoridades de la ciudad y eso es peligroso, pero con peligro o sin el y seas de donde seas y vengas de donde vengas Pequod se ha convertido en la casa de postas de los escritores a su paso por Barcelona. En P. se hacen corros, corros de tres, Pere, Carrión y Recaredo, Santiago G. Tirado, Corominas versión A y la versión B. Me alegré de ver a Corominas en sus dos versiones, después llegaron algunos criminales de la escena literaria e hicieron corro fumando en la puerta, y Sergi Bellver hizo corro con Recaredo y Elías Gorostiaga que pasaba por allí para felicitar a Jordi Carrión y hablar de Nómadas con Pere Cohete, con los que también hizo corro y de paso comprar pañales y todo se fue fraguando, fragmentando, descomponiendo en mil puntos junto a la pizarra, una pizarra en la que se anunciaba el acto de esta tarde con tiza a dos colores. De todos es sabido que a los tíos siempre nos hace falta una puerta, una pared, un quicio para apoyar el chasis, mientras velamos armas, solos o formando corro y ahí estaba R apoyando el suyo en la pizarra de tiza con tan buena suerte que se imprimió en el paño del abrigo su propio nombre, Recaredo y su destino Veredas.
De los comentarios de la presentación sabemos que Recaredo firma los talones y los libros con su seudónimo que de alguna forma encaja perfectamente con su nombre Recaredo Veredas, algo que el tiempo no le ha corregido y si el tiempo no te corrige la cara, con ella te quedas. Por lo que vi y por las fotos R está contento con su cara y con su nombre, quizá el último de los cuatro Recaredos que le preceden en su familia, el último.
Recaredo se rodeó de amigos y no fue suficiente, habló de la vanidad, de la prepotencia y la soberbia, ha escrito una novela sobre los efectos de la crisis por eso en la portada aparecen grúas, la crisis y de la crisis personal de sus personajes, de su personaje principal con el que trabaja en primera persona, le imprime las huellas, le modela, se las hace pasar putas, es decir le da su aliento cabrón, le da vida y se la quita poco a poco, igual que nos pasa a todos, que alguien nos va mermando las fuerzas hasta secarnos. Las presentaciones van bien para mirar a los autores, para escucharlos, para ver como se les funden los ojos, para ver que tipo de profundidad hay en ese lago, para mirarles sin piedad y ver que también fallan, tiemblan y padecen, putos creadores, putos escritores, putos poetas, enmarañados a las crisis como arañas.
El público que asistió a la presentación, no era público, eran escritores con los ojos enrojecidos, todos menos uno, Javier Calvo. Los ojos enrojecidos de leer, leer, leer y volver a leer, no de follar, de leer y leer y leer y escribir y escribir con un foco y un detector de mentiras siempre a los ojos, los ojos que soportan una constante radiación lumínica, y leer y leer y leer y volver a leer, los ojos rojos, todos así menos Javier. Javier antes de ir a Pequod ya ha traducido dieciocho mil voces y con la última se saca el palillo de la boca y escupe absolutamente perplejo por no estar cansado. Para eso J, utiliza una técnica milenaria que aprendió en las letrinas, en los canales de las alcantarillas, en Nueva York, en el Raval, en antiquísimos libros esquistos y ese azul ha comido al rojo de los demás. Le saludo como un perro vasallo.
-Soy Elías
-Si, ya, ya.
Y Recaredo, el aspecto de Recaredo es el aspecto de un Agustino, un abogado más saliendo de un portal que ha cambiado la corbata por una camisa de flores de Paul Smith, que ha cambiado la comodidad de un whisky en familia o con amigos de paddle a la incomodidad de escritores pordioseros, siempre pidiendo un hueco, un premio, un plagio, un elogio, pidiendo algo con los ojos enrojecidos de envidia, siempre queriendo publicar, siempre ahí dando por culo, pero lo prefiere por sabe dios que razones, que claves, que desajustes. Y este tipo que tiene pinta de buena persona, tampoco tiene los ojos rojos y es capaz de sacarle tres horitas diarias a sus deberes, su familia con bebé incluido, para ofrecerlas en sacrificio a la literatura. Ahí está y ahí le dejé en Pequod, el día en el que se presentaba en Barcelona su última novela, pasadas las ocho y media de la tarde, saludando a los suyos como un entomólogo.

Otros libros del autor:
Pendiente (Editorial Dilema)
Actos imperdonables (Bartleby Editores)
Nadar en agua helada (Bartleby Editores)

Como escribir un relato y publicarlo (Editorial Dilema)

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