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lunes, 18 de septiembre de 2023

Los que escuchan. Diego SÁNCHEZ AGUILAR (presentación en Barcelona.Nollegiu)


 

Hacía tiempo que la librería Nollegiu, (La Juanita) no se llenaba tanto de Candaya. Eso ocurrió el sábado 16 de septiembre de 2023 para presentar “Los que escuchan”, la segunda novela de Diego Sánchez Aguilar(Catagena 1974. Premio Setenil 2016). Llegué tarde así que me tuve que acuclillar en los peldaños de la escalera hacia la segunda planta, que es como estar en la buhardilla, justo al lado de uno de los escritores fetiches de la editorial, Alex Chico, así que ambos compartimos cuclillas y gallinero. Una de las características literarias de Candaya es su cantera. Buena parte de la cuadra son credencial murciana y de entre ellos, Diego Sánchez Aguilar que además confesó que él lo que quería, de siempre, era ser un escritor sudamericano. Por fin hoy en Barcelona lo consiguió y caminó por terreno desbrozado previamente por una argentina de pura raza murciana, Fernanda García Lao que, como buena escritura argentina ha vivido la mayor parte del tiempo fuera de su país, como debe ser, a más gloria de dios y por lo que se ve para seguir otro tiempito más, tal y como discurre hoy, ahora mismo, Argentina sin el peronismo. Hoy sábado 16, en la Nollegiu, algunos de estos argentinos del país de Borges que, como Argentina, es un lugar inventado para los libros y las películas, acompañaron, uno era Diego Gándara intentando asomar la cabeza en las escaleras que van al sótano, lugar que le tocó ocupar por llegar fuera de hora y otro Aníbal Cristobo que como fue puntual se puso en la primera fila Candaya, justo al lado de otro argentino Juan Trejo, que aunque no sea murciano también cuenta como tal y, sin ser argentino cuenta como si lo fuera. El caso es que Fernanda, dotada además de una inmensa vena teatral,  monta unas presentaciones que son para agruparlas y editarlas con forma de libro, como ya alguien ha dicho antes que yo. Fernanda escribe como la mismísima hija del diablo y como tal, después de desgranar cuanto quiso de la novela, le pregunto a boca de jarro a Sánchez Aguilar, mientras este miraba al techo o al tendido, que si su formación era católica, a lo que contestó ante un público entregado por el buen hacer de Fernanda con un <<he estudiado en un colegio público español>> lo que es una verdad como una catedral porque yo también, así que mi formación, como la de Sánchez Aguilar, es católica, apostólica y romana (más romana que nunca) y por lo tanto aconfesional como lo es el estado español por lo que, incurriendo en contradicción, perdona a la Iglesia el tributar una buena parte de sus posesiones en la tierra. La pregunta fue suficiente para que Diego tomara el micrófono por el rabo y empezara él mismo, sin ayuda de Dios, a hablar de su libro que para esto estaba allí y dijo: <<Tenía tiempo para escribir y he escrito una novela total>>, <<los capítulos son largos y recomiendo acompañar la lectura con diazepam (risas), las frases son también… muy largas; que a ningún profesor le dé por dárselas a analizar a sus alumnos>> (diazepam) y dijo algo que a mí me llenó de emoción, el capítulo que empiezas, no lo puedes dejar a medias, hay que terminarlo hasta el final, rebañar la salsa y tragarse la pastilla de diazepam, es la única manera de enganchar esa estructura sonora que dice, tiene la novela, que es una novela total, como el Quijote. Si su novela es una “novela total”, él es un escritor total, además de poesía, también tiene un libro de relatos, como digo esta es su segunda novela y su sentimiento es el de alguien con visión de artista, es decir el que tiene una visión total de distintas artes en un mundo complejo en el que puedes mezclar a Pynchon, Foster Wallace, con El Bosco y mirar el mar sin ser pedante. De todo eso habló un poco Diego y también Olga, que dijo que esta fue la última novela en la que intervino, como editor, Paco Robles. Como todos los Candaya saben, las novelas que publican las leen o leían en el coche, de viaje a todas esas librerías y provincias amigas, alternándose, <mientras uno conduce el otro lee>, comenta, viendo pasar quilómetros, paisajes, carreteras y si la cosa se pone, se meten por caminos secundarios o dan vueltas a las rotondas, el caso es que en una de esas, le recomendaron y negociaron con el escritor que determinado capítulo lo adelantara al principio del libro y, para que lo sepan todos, Diego hizo caso, es el segundo de los capítulos. No sé si es importante, pero son cosas que se dicen en las presentaciones. Lo que no se dice es que la edición de “Los que escuchan”, como de casi todo lo que se publica en este país, difícilmente llegará a vender diez mil copias, tan difícil como pensar que el director general de Random House, Planeta o de Galaxia Gutemberg, lee entera alguna de las cientos de novelas que editan, con o sin diazepam (conduciendo mientras conducen) y sin embargo venden bastantes más copias de sus libros, muchas de las cuales las adquieren los distintos estados de las Españas para suministrar sus muy diversas bibliotecas. De las que yo uso en la gran ciudad de L’Hospitalet y Cornellá (Diputación de Barcelona), ninguna de ellas se gasta un solo euro en libros Candaya. Así que amigos, si queremos seguir en el espectáculo, no queda otra que intentar que Olga siga tirando de edición libre y a pulmón; para eso, nuestra parte está en seguir leyendo a sus autores, asistir a las presentaciones de sus libros y formar parte de ese entramado de lectores cultural y gastronómicamente franceses, a más gloria de dios. Abrazo grande para esta Olga, editora viuda y valiente, para Eduardo Ruiz Sosa, editor huérfano de ambos padres. Tribu Candaya.






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