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sábado, 18 de noviembre de 2023

18 ciervas (Bartleby Editores). Rosana ACQUARONI. Presentación en Barcelona







 

 

La librería Jaimes es francesa y herida, como un animal, de poesía. La escritora rescata de internet una página de cazadores “Anatomía del primer disparo” que nos sitúa: <<La importancia del primer disparo es que, según la lesión infligida, tendremos o no que rastrear al animal herido.>>. Rosana Acquaroni, ayer viernes diecisiete de noviembre, fue la cazadora y los poetas de Jaimes, el animal herido: <<Un animal herido tratará de poner la mayor distancia posible entre él y su agresor. Sin embargo, si sólo acusó el dolor del impacto, que a veces es mínimo, puede quedarse en el lugar del disparo tratando de dilucidar qué fue el ruido escuchado.>>, se podría añadir, <<mientras muere>>. Sucedió así: cuando Acquaroni comenzó a recitar notamos el dolor del impacto y no se movió nadie, escuchábamos y tratábamos de contener cada pequeño golpe, sin huir; la actitud del cazador ante el disparo era mirar a su público y agradecer cada expresión, quietos, sin huir; la actitud del cazador fue señalar una cueva donde una mano femenina y tamponado rojo, dibujaron dieciocho ciervas atrapadas en la prehistoria y en la roca de Covalanas, Ramales de la Victoria, Cantabria. De ese momento, es de donde parte este libro. De ese momento y de los momentos previos que tiene una vida, desentrañar, huir sin ser seguida, escribir sin que se note el tamponado rojo de la poeta, y escribir poesía sin que el dolor te obligue, sabiendo que ese dolor, lentamente, te va a matar. Ayer Rosana nos fue matando lentamente, uno a uno, cierva a cierva, sin dejar de sonreír ni de recitar, desenterrando cada esquirla del hueso, esquirla como esta: <<Antes de que un segundo más nos envejezca/ antes de que esta suerte/ de mimbres y venenos/ que no aciertan a ser materia oscura,/ cobíjame a morir/ bajo este freno de cierva/ fugitiva,/ de galerna hacia dentro./ Para que nunca sea/ regresar lo que fuimos/ y en vano nos juremos/ jardín de lo vivido,/ labra arena. En la calle, las luces navideñas colgaban en toda su hermosura nocturna, apagadas como una promesa de muerte sin dolor.









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