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sábado, 4 de noviembre de 2023

Perro fantasma. José Daniel ESPEJO (Candaya) Presentación en Barcelona.

 La Social. Viernes 3 de noviembre de 2023.

 




A veces el único lugar de la tierra es el purgatorio. Anoche el único lugar de Barcelona era la sede de la editorial Candaya. El inicio del purgatorio comenzó en la librería La Social, una de las más pequeñas de la ciudad que abrió sus puertas y su fondo de armario para presentar PERRO FANTASMA, de José Daniel ESPEJO. Joseda viene de presentar en Antígona (Zaragoza) habiéndose ganado el respeto de toda la raza humana de perros, escritores y poetas. <<El deseo de la luz produce luz>> es algo que Simone Weil dejó escrito, por lo tanto, el deseo de la oscuridad produce oscuridad, veleros y aves en la playa. La Social comenzó a crecer y a reproducirse gracias al milagro de las sillas tijera ya que el altar del día de los muertos ocupaba el escenario de otras veces. De esas veces, la última fue para ver a Marc Caellas con su libro de suicidas, hoy Marc Caellas apareció de nuevo en el lugar del crimen, vestido con un poncho (hubiera podido con un mandil coquetamente atado a la cintura), la fiesta es eso, ver entrar la cabeza de Marc a dos metros del suelo y que no se vuelque ningún vaso, que no rueden las botellas ni las latas cuesta abajo. Para amparar a Joseda eran dos mujeres buenas y perras, Myriam Soteras y Ale Oseguera, una arrastraba a la otra, empezó Ale y continuó Myriam, empezó Soteras y continuó Oseguera, mientras J espera en el quicio de la puerta sentado en su silla de enea, trenzando cestillos para que los  llenen de almendras, anises y ajonjolí; lo hicieron con la facilidad de las diosas antiguas. En aquel secreto, al abrigo de las paredes del huerto que eran los estantes con libros hasta el techo, me adentraba en el bosque rodeado por las piernas de Juan Vico, de Sergi de Diego, un grupo de espaldas plateadas y otro de Candayas que asistían al acto en sus horas de trabajo. En el canto XIII Maru Bernal escribe: “Un piropo amable desde la calle, los cucuruchos de polpe y gamberetti de la freiduría del puerto, los niños correteando entre las nasas, viejos en silencio pegados a su silla de enea, manos sobre el regazo, los ojos bien abiertos. Calipso recoge el cestillo, saluda grácil desde la baranda, corta un par de hojas de laurel y entra en la cocina”. Si no fuera porque Maru Bernal presentaba “No todos volvimos de Troya” en Valencia, hubiera jurado haberla visto en La Social. Nos deja así en la cocina de Candaya, rodeados de fotos de escritores, una mesa de boda repleta de viandas y vinagretas, sillas de tijera ocupadas por más escritores, unos residentes en la editorial y otros en el cuarto de baño, en la cocina; en el sofá J perplejo por el despliegue, cerca del balde con hielo y cervezas, bebe cerveza, disfruta con cautela, fuera y a la vez dentro de casa, de un viernes cualquiera en el que había firmado los libros del perro sobre el propio pellejo del perro, casi transparente; se anunció en el acto una segunda edición. Sin orden alguna nos hicimos con toda la comida, nos bebimos las botellas de cava del Penedés, con hambre atrasada por todos los siglos de penar y penar en un tiempo siempre envenenado de poetas que saben que queda ya poco para que llegue el invierno, hay que meter grasa al cuerpo; y dado que las existencias se acabaron, empezaron, sin tonterías y a requerimiento del patrón, Eduardo Ruiz, a leerse poemas en el Día del Juicio y explicar concienzudamente qué es el purgatorio un viernes cualquiera en la que brota la teoría del tacto. Tal era el momento que brotaron los poemas al tacto de los teléfonos, donde todos guardamos algo de fiebre, de pena y algunas oraciones al padre, a los hijos, a los espíritus y aprender que esa es la forma de fundir el hielo con el fuego del infierno para llegar al purgatorio. Sobrevolaron los ángeles esa noche del viernes y entre todos ellos Olga, en todas direcciones. Amén.

 

 


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