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viernes, 18 de noviembre de 2011

REINICIA

                                                   


Después de ver la snuff movie sobre la muerte de Gadafi, su miserable cuerpo en descomposición exhibido públicamente, de la misma manera que se exhibe públicamente la putrefacción económica de este país, de sus comunidades y ayuntamientos y a la vez, de lo que bien que les va a los tipos (en muchos casos siniestros) que los gobiernan, el fin de la extorsión y los asesinatos de ETA, el final del verano que se extendió al final de octubre y la llegada de un frente tras otro que arrasa con lluvias implacables, caminos, canales y puertos.
Después de haber visto pasearse a Miguel C (como estrella imbécil de la gala) y sus amiguetes por la audiencia de Sevilla, ante el silencio y el dolor de los padres de Marta del Castillo, de ver la bonita melena de un tipejo al que apodan el Cuco, el típico hijo que quieren todos los padres, un amigo noble, un tipo fiable a carta cabal, después de tantos acontecimientos deplorables, digeridos en directo, uno lee cualquier cosa y le sabe a poco.
                                           

Qué les voy a contar a ustedes hoy, que hemos pasado por el Festival de cine fantástico de Sitges para ver películas espeluznantes, cuando no hay nada tan fantástico por real, como el desastre de Fukushima, o una riada tras otra, bajando entre arrabales de casas y arrastrando todo lo que encuentra a su paso, o las intencionadas declaraciones de Durán sobre los andaluces, las declaraciones en general sobre los catalanes, vascos, gallegos, toda esa bazofia de políticos y sindicalistas sin escrúpulos, anclados en sus despachos, mientras avanzan esas subastas semanales de deuda a precios imposibles de devolver, las incertidumbres de los parados, los timos de Telefónica, de los vendedores de coches, de los Bancos y sus juegos de sartenes, la Sanidad, la Educación, ese mercado global, esos líderes mentirosos que se soban la espalda y los sobacos, emputecidos.
Que les voy a contar sobre el libro de relatos Mi madre es un pez, en la que treinta y tres autores se asoman a sus abismos con muy buena prosa pero sin ninguna perspectiva económica, igual que el libro de Francesco Spinoglio, sobre la niñez de Tomaso, su alter ego en Sueños de bolsillo, qué les cuento de la fotográfica novela  Vivir y morir en Lavapies otro abismo más en el que se asoma  José Ángel Barrueco como un taxidermista, del Mapa y el  territorio de Houellebecq (él mismo y sus propios traumas), qué les voy a contar hoy, que se cae el cielo, que no amanece en todo el día, que uno anda con el sueño a vueltas y con las ganas de dormir.
 Para cuando salgan estas líneas ya habré vuelto de León, de llevar flores y recuerdos. Esa vieja costumbre de noviembre, no podrán ejercerla los padres de Marta del Castillo, ni las madres de esos niños que desaparecen jugando en un parque, delante de su padre y que nadie, ni el más avezado de los policías CSI, es capaz de encontrar, pero si las cámaras de televisión que enseñan su sufrimiento a los aburridos espectadores y pusilánimes clientes, de esos canales especializados en enseñar el lado más vil del ser humano.

 Qué les voy a contar de la nostalgia que me produce escuchar a Leonard Cohen, de leer los viejos y acerados versos de Luis Miguel Rabanal, qué puedo decirles hoy sobre la tristeza o la corrupción, cuando el horizonte donde verdaderamente existe la nación de los hombres libres, también se desvanece entre nubes, nieblas y vapores. Tengo esa sensación, vamos perdiendo, poco a poco vamos perdiendo los lugares donde nos agarrábamos, esos  nombres propios, que aunque no mueran también desaparecen, esos lugares que sirven para no despeñarse y que a cada uno le marca una referencia en estos caminos, polvorientos a veces y otras veces, tan embarrados.
Qué les voy a contar, si el domingo se elige a esos padres de esta patria, entre hastío y desencanto,  unos padres que prometen lo que no pueden cumplir, que prometen que todo va a ser por tu bien, que arruinan a la familia con caprichosos préstamos que devolverás tu con tu empeño, para seguir recreándose en esos maravillosos nuevos horizontes.
Algo tengo que decir de todo esto, porque encima de esta democracia, se ha subido demasiada carga que no hay manera de mover, igual que esos viejos camiones que cruzan el desierto cargados de fardos y personas.
Yo digo lo que veo y tu sabrás lo que tienes que hacer con tus votos y promesas, con tus hijos y con una crisis que nadie entiende, que se apodera de todo, ustedes sabrán si en realidad tienen que votar todo eso, o hay que cambiar de democracia, con una abstención brutal para este domingo día 20 de noviembre de 2011; y que de esa naturaleza broten nuevos tallos. Salud.
                                    
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REINICIA por ELIAS GOROSTIAGA se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

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