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sábado, 17 de noviembre de 2012

PLAYA DE ÁKABA




Es la última editorial y llega de la mano de Lorenzo Silva y Noemí Trujillo. Hoy a las doce del medio día ha nacido en Barcelona en la Casa del Libro; firmó como testigo-poeta Carlos Zanón y bendijo el también poeta Santiago Tena. Todos los demás hicimos coros, saludamos y acompañamos al recién nacido.
Lorenzo Silva justificó el nombre de la editorial, como la playa en la que descansar después de cruzar el desierto de Nefud (en referencia a T. E. Lawrence en el levantamiento árabe contra los turcos 1917-1918). Muchos escritores de talento, ven como sus libros no encuentran editor o se editan de una forma muy precaria, que esa producción queda fuera de mercado, por eso esta editorial busca en ese hueco un espacio para crecer, editar de forma respetuosa con el libro y el autor y para llegar ahí, cuatro pilares que son una colección de poesía, obras clásicas, narrativa e infantil y esa edición partiría, tal y como explicó el autor y se puede leer en la web de la editorial como “ un modelo intermedio: literatura de calidad, impresión bajo demanda, distribución en librerías, presentaciones y venta de Ebooks.
No me cabe ninguna duda de que va a ser así. Estos tipos se levantan a las cinco de la mañana y disfrutan todo el día de su trabajo, escribir, leer, viajar, compartir con la familia y los amigos, ampliar círculos, asistir a todos los compromisos, con esa seriedad, honestidad y fiabilidad de los motores alemanes junto con la dulzura y la inmensa sensibilidad de Noemí Trujillo, que no es una persona sino un duende. Esto último no, pero lo primero lo pude comprobar, cuando asistió a las charlas de la Pompeu organizadas por Jordi Carrión, el día siguiente de ganar el Planeta y vérsele después en el Getafe Negro y otros compromisos, sin fisuras y con esa entrega que pone Silva a cada paso, cuando quizá lo más cómodo hubiera sido no ir, por puro agotamiento.

 Y saldrá adelante esta editorial porque ese camino de Ákaba ya lo recorrió Lawrence de Arabia en una situación más arriesgada y más penosa, pero con la misma convicción, con la misma entrega, rodeado de amigos con quienes soñar juntos en algo tan básico y simple como es conocer el terreno. Silva y Trujillo saben que clase de arena pisan en este desierto, lo saben porque lo publican “Aprende todo lo que puedas sobre tus jerifes y tus beduinos. Llega a conocer sus familias, clanes y tribus, amigos y enemigos, pozos, colinas y caminos….Llega a hablar su dialecto del árabe, no el tuyo.“  Los dos son escritores, saben de lo que escriben y del trabajo que cuesta, del miedo y la soledad, la angustia y lo duro que es seguir escribiendo cuando nadie te publica, la insistencia de continuar ese camino, intuyendo que en el final llegarás a ver el mar, pero rodeado de ese desierto en el que sin duda muchos desfallecen, porque el trabajo es largo, muy largo. Lo saben y te tienden esa mano.

Hoy sábado abrieron esa puerta de cristal y uno de los que estaban allí para contarlo era Carlos Zanón, un novelista que escribe poesía y un poeta que se ha metido en el territorio de las novelas. Ahora reúne en este libro “Yo vivía aquí” un antología poética, que suena a desahucio o a paisaje quemado, que va de los años 1989 a 2012. Y en esa casa o en ese paisaje viven seis libros “El sabor de tu boca borracha”, “En el parque de los osos”, “Ilusiones y sueños de 1000 maletas”, “Algunas maneras de olvidar a Gengis Khan” “Tictac Tictac” y “Rock’n’roll”. Zanón tiene un perfil muy contundente, casi tanto como D. Carlparsoro, y sin embargo cuando se pone a recitar se emociona y te levanta los pelos y la piel y se emociona más cuando habla de Isabel Núñez y eso hizo que todos los que estábamos en la casa del libro, estalláramos en un silencio explosivo. La complicidad de un poeta va siempre de la mano de sus versos y estos son algunos de ellos: “La soledad no es añorar/ a quien amas y no está./La soledad es no añorar/ a quien no amas y está”, el poema se titula El caníbal y es del cuarto libro. Vas a disfrutar.

Ya te dije antes que Noemí Trujillo, es un duende y se lo dije así a Lorenzo mientras me firmaba su libro. Y además se le toma la voz cuando recita porque se emociona, sufre, es cómplice con caricias y sonrisas y sabe que se ha metido en un buen lío con esta editorial, pero ahí está,  recita y se le toma la voz, por eso prefiere que para leer sus poemas suba al atril de la Casa, el poeta Santiago Tena y este los recita a tono y fuego, pero a la misma languidez de un paisaje con lago a las seis y media de la mañana. 
Fue algo así; en una hora conocíamos las intenciones y los afectos, pero duró más porque se organizaron tres colas para firmar, un tic tac de saludos y deseos y fotos y esos círculos de cosas que suceden cuando la gente se junta alrededor de un recién nacido al que todo el mundo quiere ver y sacar un parecido.
Fue algo así y Lorenzo Silva terminó la presentación con este poema de Noemí: “A veces me nacen ortigas porque me abandono”. Nadie, en aquel momento, estaba dispuesto a que eso ocurriera.
Mi hijo de dos meses también estuvo allí y por su naturaleza lloró.

Solo fue un post. Noemí Trujillo
Yo vivía aquí. Carlos Zanón
Camino de Ákaba. Thomas Edward Lawrence.

http://playadeakaba.com

 
Decían que se llamaba amor,
lo que hizo que Sylvia metiera la cabeza
en el horno,
Frida se pintara con clavos en la cara y el cuerpo
y Anne se cansara de ser mujer;
esto que día a día te vuelve débil
y puede matarte mientras duerme contigo.

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