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jueves, 23 de mayo de 2013

EUROVISION



  Foto: AFP PHOTO / THE SUN

Hay un hombre tendido en la calle. El tráfico se ha detenido, algunos curiosos vigilan de lejos. Un hombre negro con las manos teñidas de sangre explica lo que ocurre, en una mano lleva un cuchillo y un machete de carnicero, con la otra igual de ensangrentada gesticula de forma muy elegante. Un colega suyo, merodea tras un coche y junto al cadáver tendido en la calle, lleva una sudadera con la gorra tapándole la cabeza. El coche parece que ha sufrido algún tipo de accidente, está subido en la acera con el capó abollado, del fondo del motor mana un hilo de aceite que corre por la acera y baja a la calle, es una mancha oscura. El hombre del cuchillo termina sus explicaciones con  un “ojo por ojo y diente por diente”, con esa referencia, entramos en otro tiempo, una época arcaica en la que las explicaciones eran así, “el que la hace la paga”, y esos asertos se convirtieron en leyes. Desde hace décadas, alguien volvió a sacar esas leyes de aquellos libros que parecían polvorientos y ese alguien las puso de nuevo en circulación. El hombre que yace muerto, es un soldado del ejercito inglés, uno de los ejércitos más poderosos del planeta, pero no ha podido evitarlo, uno de estos dos tipos le ha cortado la yugular y ha muerto desangrado en pocos minutos, esa es una forma salvaje de morir en Londres. El tipo que grava las explicaciones es un aficionado con una cámara que pasaba por allí, no hace preguntas, mantiene el tipo y consigue que no le flaqueen las fuerzas, no le tiembla la imagen, no es periodista en una zona de guerra, su conocimiento técnico de las grabaciones, se limita a tomas caseras, quizá practica mientras sus hijos juegan, en una excursión durante el fin de semana, hoy esa excursión se ha convertido en una primicia mundial. Después ya no hay más grabación, el horror se fue metiendo en el cuello de este hombre, fue bajando hasta la boca del estómago hasta que ya no pudo más y se alejó horrorizado de estos hombres. Lo siguiente en esta liga de imágenes, es la final del concurso, el premio final. El concurso de Eurovisión lo ha ganado una cantante que representa a Dinamarca. Hoy la guerra santa en una barriada del sur de Londres, lo han ganado dos senegaleses con un par de cuchillos bien afilados que a ojos de los europeos es a la guerra santa del Islam más radical contra el mundo y no se cansan de repetirlo, contra nuestro estilo de vida. En esa rueda de prensa, sin que apenas le tiemble la voz, ese hombre con las manos ensangrentadas y algo pegajosas, un tipo por lo demás elegante, vestido de forma informal, que no presenta síntomas de angustia, ni pobreza o abandono, que es muy joven, quizá tan joven como el soldado que yace a unos metros, nos deja sin palabras, sin sonrisa, como si fuera parte de una película, de un concurso, de una canción del gueto. No tienen miedo, no huyen como los hermanos de la bomba en Boston, la policía no va a tardar mucho en llegar, ellos lo saben y permanecen rumiando esa ruina del ojo por ojo, del diente por diente, sin soltar los cuchillos. En Eurovisión España quedó penúltima con su canción, pero la banda dice que aprendió mucho, que lo pasaron bien, no tenían fuerzas para huir y poco más dijeron, y ya todo el mundo lo ha olvidado. Anoche, mientras veía a estos dos personajes invocando a Allah el más grande y justificar en su nombre esta locura, mientras veía esos largos minutos al hombre muerto sin que nadie se acercara a auxiliarlo, mientras me preguntaba en que parte de su cabeza el miedo había desaparecido, la falta de remordimiento les impedía huir y que parte es esta de las sagradas escrituras que no está escrita, en la que un hombre puede matar a otro sin necesidad de huir, pero si de explicarlo públicamente y esperar su muerte de forma resignada, igual que se espera para entrar a un concierto o un partido de football. Solo les faltó bromear entre ellos, pero tan solo esperaban, esperaban y la policía no llegaba, nadie llegaba, el tiempo se detuvo durante unos minutos. En la siguiente y última imagen, los dos asesinos yacen abatidos en el suelo, rodeados de equipos que intentan estabilizarlos. Si no están muertos les espera un acto de contrición bajo vigilancia, los investigadores construirán una ficción con sus declaraciones, que serán convincentes, no volveremos a saber nada más, nunca más se les volverá a ver, la contra réplica vendrá en forma de funeral y muchas flores, todo el mundo hablará a la vez, pero entonces con la misma falta de dolor, se pasará la página, para ver quién ha ganado la última final de football, de tenis, de ciclismo. Mirando todo esto, tan reciente y mirando a mi alrededor desconecto las imágenes y los sonidos y solo quiero salir de aquí, no ser ni pertenecer a ninguna religión, a ningún estado, no tener que reverenciar ninguna bandera, no tararear ningún himno, no escuchar canciones pueriles en ningún festival de Eurovisión, estar solo, poder estar solo y aprender a rezar de una vez.


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