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sábado, 6 de abril de 2013

DISOCIADOS



El Angel
Karmelo C. Iribarren
Roger Wolfe
David González

Este es un libro macizo formado por el cadáver de un poeta y tres muertos más. El cadáver poeta es El Angel, los tres muertos en vida son Karmelo C. Iribarren, Roger Wolfe y David González. Todas las demás opiniones son aspavientos y volteretas. Acompañando a este réquiem, celebran a capela Gsús Bonilla y José Ángel Barrueco. Todos ellos forman una poética libre e independiente. Yo es ahí donde quiero estar, pero con el hígado fuerte, los pulmones sin esporas, el estómago entero, sin fisuras en los huesos, ni en la piel, ni en las arterias y es que la vida a veces aprieta mucho muchacho y vosotros lo sabéis.
El territorio en el que se enmarca la edición, lo forma ese medio camino (totalmente edificado) entre Vallekas, Lavapiés y Malasaña. Allí no hay ayuntamiento solo vecinos, y todo lo que encuentras y la gente con la que te cruzas son notas de poesía en un pentagrama de negras, blancas, corcheas, fusas, semifusas y todas esas notas alternativas, de ritmo, espacio y tiempo. Ese ritmo te explota nada más ver la cara de El Angel (foto de Alberto García-Alix).  A este chico le han tatuado con tres adjetivos que son: marginal, apasionado y proscrito y ahora solo queda Ana Curra para defenderlo y su poesía Los planos de la demolición, un título que en si mismo seduce por todo lo que se ha construido desde esos años ochenta, tanto a ladrillo como a novela, tanto a música como a películas y cine. Los planos de la demolición, son los planos que cualquier persona con un tatuaje debe saber leer y desde luego el tatuaje no hace falta que esté en la piel.

Todos los demás somos supervivientes en esta larga noche de Zombies y premios literarios, tertulias de Facebook y sueños incumplidos, rodeando la marabunta, un torbellino de poetas y mercaderes envuelve todos estos caminos inclasificables.
Todos los que hay aquí reunidos, que son todavía más y que deberán salir en próximas ediciones (hasta que la ruina editorial impida habitar el edificio) dejaron el casete encendido y sin darse cuenta se fue gravando letra a letra, toda la sangre del mundo, las gargantas, las caladas de los cigarrillos, las chutas, los chupitos, las tardes de siesta, la ruina. Es el réquiem de todos ellos, de los que vamos detrás, de todos nosotros, de los que nos saltamos algunas clases, de lo que nos ofrecieron y no quisimos.
Disociados no es un libro inofensivo, los autores que lo firman, el editor, todos los que escriben aquí su nombre, no son hermanitas de la caridad, se han dejado jirones de piel y pelo, fotos, recuerdos, venas y muchos amigos.
 

David González, escribe duro cuando sus recuerdos llegan de los maderos, de la cárcel, de Maika y su boca sin dientes. En pie de guerra, David elige para sus poemas el pelo largo, elige esa parte de perdedores en la que ya estamos todos y escribe para darte dignidad y quitar el orgullo, piel de serpiente, botas de serpiente, siempre mudando la piel, para crecer.
El Angel dejó a su muerte la leyenda, la movida, algunas fotos, alguna chica, Ana Curra, una banda de rock&roll “Tuve dinero y lo gasté a manos llenas” “tuve presente y futuro” “Tuve todo y lo perdí todo” y algunos amigos que si alguna vez lloraron no volverían a llorar más, esa interpretación es la de David González:
My Generation:
Rellena esquelas/como crucigramas:/ y cuando en los entierros/  o en los funerales diluvia/ my generation/ se pone gafas de sol: espejos: negros: así nadie nota/ que no ha derramado/ una triste lágrima:/
El Angel se recupera ahora bebiendo cervezas en Lavapiés, con un homenaje in memoriam.

Karmelo C Iribarren es uno de esos tipos que se queda triste después de una sonrisa y después las sonrisas se van espaciando, se disocian de la realidad. Karmelo es un poeta que se asoma al balcón antes de pisar la calle, que se ensimisma y contempla, porque en poesía la contemplación es el eje por el que gira una y mil veces el mundo. Aquí te vas a encontrar un recorrido de poemas desde el año 1993 hasta el 2012, una selección personal que representa a una raza de escritor que ha llegado al mar y se encuentra solo y a la vez otro hombre que se encuentra solo, a unos metros ve y reconoce esa soledad y esas pulsaciones y reconocimientos se van contagiando por las calles, los bares, la pareja, el teléfono, frente a la televisión, bajo un paraguas y un taxi: “Ésa es la diferencia:/ los taxis son como ciertos amigos,/ nunca están cuando más los necesitas./ Los paraguas, en cambio, mueren por ti.
Con Karmelo C Iribarren notas una orfandad apocalíptica, atraviesas la noche una y otra vez y te regala un par de versos como estos
“Es como si tuviese todo/ lo que nunca quise”
 
Roger Wolfe
Me gusta un poema que se titula ODIO, te lo presenta como dedicatoria Céline y dice: “Me faltan algunos odios todavía. Estoy seguro de que existen”. A continuación Wolfe describe cinco páginas de odios, con los que Céline y tu, estáis de acuerdo: “El odio son las cosas que te gustaría hacer con el locutor deportivo de la radio del vecino esos domingos por la tarde.” Todos esos odios que leo que Céline conoce que algunos nos faltan, se van acumulando en la vida de todos nosotros desde que sales de casa hasta que vuelves y a veces sin necesidad de salir de casa, son esos odios los causantes de que un tipo mate a su mujer, de que alguien se líe a tiros en un colegio, en un supermercado, en plena calle, son esos los odios que te van haciendo adulto, que te van quitando la sonrisa, que vuelve histéricas a las cajeras, a las peluqueras, a los tipos de la Seguridad Social, a todos esos policías anti disturbios que te vigilan y aporrean, mientras cobran sueldos del presupuesto general. Y de la misma manera te explica Wolfe qué es la poesía, las palabras y lo que espera
Las amarras
Lo único/que de verdad voy a sentir/cuando me muera/es no poder fumar./Por lo demás, / puedes soltar amarras,/ Caronte/cuando quieras.

Cada uno de estos poetas usa palabras de distinta espesura, cada uno te vuelca emociones de distinto pelaje y todos tratan de enterrarte, de levantarle el velo al paisaje que todos ven, para curiosear en esa otra estancia que hay detrás.

Mil gracias a José Ángel Barrueco (JAB) que se acuerda de mi y me proporcionó  un ejemplar de la antilogia Disociados, editado por Ya lo dijo Casimiro Parker y una portada gráfica de Chillida que es como esperar a que desaparezca tu sombra, cuando te vas. 

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