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sábado, 17 de diciembre de 2011

MANCHESTER BAR


Alpha Decay promociona estos días “Contra la posmodernidad” de Ernesto Castro. Presentaron el libro en la Cripta de la Central del Raval en Barcelona. Junto al autor dos escuderos de la misma cuadra, Eloy Fernández Porta y Antonio J. (los de la foto, foto).
Me hubiera gustado estar por allí, pero aquella tarde recogía cartones y los amontonaba en un portal para pasar la noche, junto con mi perra, una botella de vino don Simón y en mi äppäpärat,  un libro de poemas de una chica de veinte años que se abría las venas del brazo derecho, mientras su madre (recitaba nanas y) le cosía las del brazo izquierdo.
(En una dimensión paralela)

En ese momento J. Calvo, pedía una cerveza en el Manchester y alguien le hacía una foto con un äppärät , que en medio segundo aparecía comentada en facebook con sesenta “me gusta” debajo. Aquella noche en el Manchester se juntarían escritores modernos, postmodernos, punkarras, pops, alter egos, egos vagos, y todos sus escoltas, aduladores, caja-risas, debidamente hormonados, enfilados, bien leídos o perturbados.  

“Contra la posmodernidad”, en si mismo guarda los siguientes adjetivos: agotado, petulante, miope, pusilánime, arbitrario, memo, partidista, monocromático, anacrónico, sincrónico, diacrónico, antinatural, amorfo, es decir, cansino, aburrido, anti estético, pacato, humilde propuesta, marrón oscuro, abstracto.
Oscar Sáenz, si asistió al evento, callado, sentado en una esquina, tomando notas y en ese estado puro, pudo después escribir Una humilde propuesta en sigueleyendo, que el joven cínico Juan Soto Ivars, califica en Facebook como: “tan irónico, que es hasta inquietante”.

Más:
Densidad extrema (totalmente necesaria), lubricante, “hubiese pagado lo que me hubiesen pedido por comprender de lo que me estaban hablando”, tono de voz, convicción, nada chabacano, “me aburrí como una ostra”, en primera fila, 1147 amigos, lista de contactos, espectador privilegiado, Manchester.

Cuando J. Calvo, acodado en la barra, le da el último trago a la segunda cerveza, en La Central, Eloy Fernández Porta deglute una palabra bastante hueca, pero muy bien entonada, y la palabra quiebra el micrófono para ir a parar a la nariz de Antonio J, que la devora de un lengüetazo y regurgita una frase sin principio ni fin, sin género alguno, sin motivación, una frase desnudita de veinte minutos, que corre a refugiarse en el sobaco derecho de Luna (poco después vemos como se rasca ese sobaco y se huele el dedo) y a la vez –en paralelo- como a cámara lenta, en blanco & negro J. Calvo, pide una nueva cerveza acodado en la barra del bar, sin un solo gesto en la cara, sin ninguna expresión moderna ni postmoderna, con un solo pensamiento.

-Cobrar entradas en las presentaciones de libros –repite como una obsesión-

Yo en otra dimensión, conectado post-telepáticamente a todos los eventos literarios de la ciudad, hepáticamente al vino don Simón, sigo enmarañado con todos los arañazos que se da la joven poeta y en la ensoñación que me produce este estado tridimensional y termodinámico, me veo enculandola, mientras su madre me recita versos sobre la muerte en un poema muy largo.

En el sueño aparece Antonio J. que ve y entiende la situación y a su vez lee, de forma improvisada, un discurso de entrada en la Modern Akademica de Viena, con los ojos cada vez más estrávicos y desde detrás de  una cortina de terciopelo verde, sonríen de forma distinta Eloy Fernández y Ernesto Castro, digo así “de forma distinta”, porque de la sonrisa de Eloy  no se puede sacar nada bueno (útil o sano), y de la de Castro (sádika-precoital-maliciosa), solo se puede esperar una condena de estilo jesuita  (“-arderás a rabiar, fill de puta”).

Por supuesto, comento la foto y afirmo: los tres llevan puesta la misma nariz. ¿Constituye eso un rasgo de postmodernidad?. ¿Es una nariz intercambiable?.

El sueño dura unos veinte minutos, la joven poeta de veinte años, sangra por todas las costuras y me deja bastante pringoso, creo que es por lo que la perra me lame continuamente. Después digo (al estilo Camilo de Ory )
-Que pase tu madre y ahora lees tu.

Suerte Oscar Sáenz, que nació en Barcelona en 1984, un año muy de Orwell. Entre otras cosas Master Pompeu en Edición. Quizá algún sábado de estos, un lunes literario en la casa del libro, un Jueves en Mutt, en Pequod,  El nostre Racó, en cualquier bar literario, empiecen a cobrar un par de euros, para que uno de estos modernos o contra post-modernos, me pueda babear contra el oído izquierdo, sentencias ferreas e ininteligibles, mientras me acuerdo de sus novias o ardo a lo bonzo y empieza una revolución.
  

 

2 comentarios:

  1. Voy a dejarte un comentario que seguro que te hace ilusión, aunque no lo publiques. Para querer ser escritor, escribes mal, tío.

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  2. Me hace ilusión tío. ¿Cual es el comentario?

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