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lunes, 5 de diciembre de 2011

PEQUOD LLIBRES

                                  Pequod Llibres c/Milà i Fontanals, 59

El médico me dijo que tenía que leer para recuperar la memoria, algo así como embutir de historias todo el hueco que dejó un espacio mental, llamado vacío. Desde entonces leo sin cesar y las historias se van decantando en el hueco y allí dejo que fermenten, para trasvasarlo cuando sea necesario a barricas nuevas. Desde entonces ya no bebo solo, bebo en compañía de ciertos escritores, editores, filósofos y ahora libreros jóvenes. Es el caso de Consuelo, que la encuentro detrás de una pantalla LG en su mesa de trabajo, bajando música, escribiendo, leyendo y esperando clientes, hoy lunes 5 de diciembre, día de puente para diez millones de españoles y día de trabajo para otros diez, el resto no entra en ninguna contabilidad y ella, en Pequod esperando la ballena blanca.
-No te engañes –me dijeron-, es una librería pequeña.
No me engaño, puesto que no recuerdo, no puedo engañarme ni desengañarme, no me puedo enganchar ni desenganchar a nadie, puesto que a la vuelta de la esquina, sus caras dejan de ocupar espacio. Lo que sea que hay o no hay en mi cabeza, viene a ejecutarse como una especie de ctrl F4, borrado-reinicio, cada veinte minutos.
Antes de que llegue eso, hoy, en estado de total sobriedad nos vamos a Barcelona, S a ojear ropa y zapatos para el segundo armario, puesto que el primero ya está lleno y yo a buscar un hogar y lo encuentro en el salón de Pequod.
Me va bien, con su sillón, su ordenador, sus estanterías, mesas de juguete, ediciones de libros viejos y libros recién guisados, lo más actual de las nuevas editoriales, de los nuevos escritores y en todo caso solo novela y literatura. Me va bien caminar a lo largo de Gran de Gracia, siempre ves tiendas nuevas y curiosas; me va bien la Ciudad de Gracia con todo su esplendor, sus cines, sus bares, sus diseñadores, las pequeñas tiendas, los pisitos de los traductores, los escritores, las editoriales, allí, al lado del Mercado, allí vive Pequod.

En cualquier parte del mundo, el valor del terreno se mide en metros cuadrados, en Pequod se mide en centímetros. He visto crecer estos centímetros cuadrados y he visto como un espacio infinito se convierte en un espacio sólido, aquí también se puede probar la Conjetura de Poincaré, es decir la dimensión 2 en la Topología geométrica tridimensional, la resolución matemática es una locura, pero aquí solo consiste en una especie de puzzle de voluntad y sonrisa y en esas circunstancias caben tres dimensiones enlazadas tal y como se repite de uno en uno, en todos los comercios, gente inmensa (empeñada en el día a día) que ocupa espacios muy pequeños, planos redondos y geometría.

Entras y ya estas en tu casa y si te apetece te tomas un café calentito o un te y hablas algo de literatura, te informan, te aconsejan, les das tu nombre y te abren una cuenta mental, les das tus gustos en una tarjeta y al momento tienes una libreta de ahorro donde apuntar todas las medidas y los plazos.
-¿La conjetura de Perelman?
-Si, nos queda uno, el del escaparate
-¿Está bien?
-Se está vendiendo bien.
De las conjeturas se sabe como se entra, pero no como se sale, ni en qué estado. Escucho y veo, miro de lado y de frente, y siento esa tristeza infinita de no saber que pasará con los libreros, cuando la gente haga sus compras con el Kindle DX, bajando textos en un par de minutos. En todo caso, mi médico dice: “te tienes que acostumbrar a ir quedándote huérfano varias veces a lo largo de la vida”. Por eso, a veces cuando te encuentras con un oso panda te lo quieres quedar, te quieres abrazar a Consuelo y no soltarla en un par de minutos, pero no lo haces.
Y ahora ya no se a donde quiero llegar, yo quería escribir sobre la librería Pequod, pero he saltado a otra dimensión y ahora estoy en un paisaje desconocido, eso sí tengo la mesa llena de libros, saltos de libros, una conexión entre ellos y sus historias que pasan, por prescripción facultativa a llenar el vacío de mi memoria.

Los libros hoy comprados allí, fueron escritos por Patricio Pron (El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia), William Lindsay Gresham (El callejón de las almas perdidas) y Thomas Wolfe (El niño perdido). Había algunos más pero quedaron pendientes en mi libreta de pedidos Pequod, para la próxima visita.

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