Páginas vistas en total

sábado, 5 de febrero de 2011

El último tango


No creo que El último tango en París sea la película más erótica de todos los tiempos, pero sí una de las que mejor demuestra la angustia existencial, la soledad, la dejadez y el abandono y supongo que en estos tiempos en los que Reina el Imperio de la Estupidez,  la prisa y las video-imágenes, nadie va a aguantar la lentitud y los diálogos radicales y homófonos de los personajes.

¡Los personajes!. Son tan reales que Gabriel, mi vecino, sería un dibujo animado a su lado. Marlon Brando. No hay nada más real en la vida que una película en la que aparezca M.B. y te aseguro que no hay nada más real que la locura que es capaz de generar una chica de diecinueve años, en el corazón de un hombre de cuarenta y ocho, casualmente la edad que cumpliré en breves momentos (y eso ahora mismo me conmociona), como la emoción que desató en su estreno el año 1973.

¡Años setenta!. Si ahora España, sigue siendo un país de catetos-especuladores, lectores-analfabetos y paletos urbanos gafa-pasta y paga-fantas, España en los años 70, era lo mismo pero en blanco y negro, cuello de cisne y pata de elefante, grises y grilletes,  y así fue que aquellos jóvenes, corrían a la frontera para ver en Francia aquella película americana, sucia y que iba contra el matrimonio y que por supuesto aquí no se podía ver. El resultado de aquella fórmula eran colas de españoles en los cines franceses,( para los franceses, los españoles siempre hacen cola, para salir de España, a la puerta de un cine, o donde sea) medio huidos, y mirando el reloj para volver a la casa patria, antes de las doce, o convertirse definitivamente en calabaza del Un-dos-tres.

Y allí estaban ellos, M.B. y María, María Schneider, María. Y allí estaban sus juegos, sus correrías, sus amores, sus tormentos, un sufrimiento que más que cinematográfico es literario, por eso escribo sobre ellos, literatura pura. Lo que se encontraron los que corrían a ver esa falsa película erótica, no era a Fernando Esteso y Andrés Pajares, no era una película de Suecas en la playa, no era eso, era una historia totalmente existencial que les explotó en la cara, como les explotaría tiempo después Carrero Blanco, la matanza de Atocha, el 23 F, y la democracia. Eso es lo que tiene la democracia que solo volverás a hacer colas, en las rebajas de enero ante las cajeras de Zara, por decir algo y que las salas de cine se convirtieron en multicines donde proyectaban en cualquier sala que entrases, la misma película, hasta conseguir la extinción total, salvo las de efectos especiales 3D gafa-pasta, cristal rosa.

Los que cruzaron la frontera tras el escándalo, volvieron cabizbajos y notaron frío. Aquellos españoles no estaban preparados para digerir exquisiteces. Seguimos igual porque España sigue siendo esa gran casa de Gran Hermano con sus millones de familiares y seguidores
“-puta familia”.

Pasó el tiempo del existencialismo, de las drogas, de aquellas minifaldas, Bertolucci se hizo viejo, MB desapareció para siempre y tu, María, ahora también y para siempre. Es poco, pero estas líneas son solo para ti, para que sepas que hay alguien que se acuerda.

1 comentario:

  1. Como el resto de tus relatos, este también me gusta. No obstante, esta vez no es la exquisitez del texto, ni la carga melancólica al hablar de una historia pasada, la tristeza abrumadora por echar la vista atrás, o la incisiva precisión de tu crítica sobre un tema de actualidad. Esta vez me atrapa la finura de esa pincelada que nadie aprecia, y que se llama María.

    ResponderEliminar