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viernes, 25 de febrero de 2011

LUNA MIGUEL (Crónica en Cuarto Creciente)


                                                     Luna Miguel y Antonio J.Rodriguez

1.-
Nadie de los que andaban por allí llevaba 17 horas sin dormir, yo si. Pagué la Fanta, tres, Exhumación, Estar enfermo y Poetry is not dead, 23 euros clavaos. El tipo me lo agradeció porque vendía libros, pero no llevaba cambio para las vueltas, de hecho no llevaba cambio para las idas y así fue como le jodieron un libro.
No era lugar para saludar a nadie, nunca lo es (aunque mi intención era saludarla y conocerla). El grupo estaba dividido entre los que esperaban dentro, apoyados en la barra sujetando una cerveza y los que esperaban fuera, (por la Ley Sinde, ¿es esa?, o es la antitabaco, o es la de limitación de velocidad, no se ya como van las cosas por aquí), el caso es que estaban fuera y en la acera, fumaban todo lo que podían. Llegué del aeropuerto de buscar a Silvia que venía de Madrid, dejé el coche en el garaje, frente al Bar (5 euros más) y entramos. Lo primero que vi fue la paradeta con los libros, lo segundo a Luna, después a todos los demás y ya fue cuando conseguí que el chico se aclarara con los precios de los libros, le pagué etc y me senté al lado del escenario, que encontré, porque lo que quería era ir al WC. Pedí dos Coca-Colas, (6 euros) esperamos el momento, en  un pequeño diván muy apropiado al lado de las escaleras y junto a un grupo de indies, con las mochilas y los bolsos y los abrigos en el suelo. Eran más o menos las ocho. Las seguidoras y amigos de Luna fueron llegando a donde ya estaban, de hecho ya estaban todos desde algo antes, se fueron despojando de las chaquetas, mochilas, algunos desfilaron a los WC, algunos me pisaron los zapatos, llegó una chica con un vestido azul con los pies grandes dentro de zapatos grandes, caminando como si fueran pequeños y poco a poco, con la coreografía de un laboratorio de fotografía, se fue desgranando el misterio. Apareció un tipo de la editorial DVD, y dijo que habían editado 1500 ejemplares y que eso era muy meritorio tratándose de poesía y que de aquí a unos meses calcularían una segunda edición, se felicitó por organizar en acto entre dos editoriales, dijo que así debía ser, dio las gracias y se fue a sentar a las escaleras del WC. Dejó el micrófono al telonero, un tipo calvo que buscó su minuto de gloria en lo que fueron quince o veinte, dijo algunas tonterías, hizo algunas gracias, pocas, que levantaron la sonrisa de una seguidora de Luna, sacó sus aplausos, pocos, los guardó en el bolsillo de los pantalones y de la camisa y abandonó la tarima sin mediar sonrisa, sin que nadie le debiera nada y sin dejar ninguna deuda y se perdió entre los bultos de los seguidores de Luna. Comenzó el recital.

2.-
Luna Miguel, sentada en un taburete, junto al espejo de la pared, con un cuadro de flores al fondo, Antonio Rodríguez, a pelo con un micrófono y un músico con una guitarra y un ampli que empezó a desgranar acordes suaves, sentado sobre un whisky.  Delante de mi estaban de pie dos chicas una de ellas con una cámara de fotos y otra su amiga, una tercera la fotógrafa del evento y una cuarta, Ana S. Pareja, de la editorial Alpha D. No veía nada, tampoco me esforcé mucho, por eso me centré en los pies. Todas las chicas tienen los pies grandes y todas caminan como si fueran pequeños. Ya antes observe que los pies de Luna son pequeños, pero sus botas son grandes y camina como si el suelo estuviera lleno de ratones. Después de las fotos y los primeros poemas, Ana S. Pareja desapareció y volvió a aparecer con una cerveza, pendiente de cualquier detalle, sube y baja a la red como un buen tenista, sube y baja, sube y baja y es eficaz como un cartero, (si yo tuviera una editorial tendría que tener a una Ana S. Pareja). Después la fotógrafa oficial, se movió con cortesía e hizo su trabajo y se abrió el recital. Mientras no veía, escuchaba.
La voz de Luna es agradable, dicta bien y se la entiende todo, baja y sube por la garganta, es segura, no hace extraños, la voz de Luna no está gastada, no está cansada, no está quemada, no tiene hipo y la caja de la boca resuena firme, una voz fiable como el motor de un Pathfinder.
Fiable, comenzó a leer de un folio Ladras o mueres (Howl) y no digo nada más sobre Poetry, ni sobre Estar enfermo, ni sobre Exhumación, porque para eso necesito dormir algo más durante estos días y los siguientes y así hasta que consiga saber si ya en este momento de mi vida pertenezco a alguna generación a la que pueda soportar, no se cual es el pecado, o si nunca he pecado.
Y se fueron intercambiando el micrófono entre Luna y Antonio, Antonio y Luna y por el medio andaban los acordes del joven músico, no mucho más joven que los poetas y no entendía nada de lo que decía Antonio y no entendía nada de lo que decía el músico al que nadie presentó y nadie dijo su nombre, pero todos acompañaban a Luna, que era también lo que hacíamos todos los demás y fueron cayendo los folios, despacio durante poco más de quince o veinte minutos, hasta que el músico intentó un malabarismo, para el que le faltaba algo más de edad, de hecho lo que el intentó yo lo he visto en otros músicos, pero a él le salió torcido y se derramó el whisky, después todos igual de tranquilos, fuimos desgranando hoja a hoja cada palabra.
Pude ver a los seguidores de Luna, a la corte de jóvenes poetas, acólitos de una religión que ya viene de los Beat, pero sin los Beat, con los rostros inexpresivos, limpios. Era pronto, nadie toma ya drogas en Barcelona, ni siquiera suaves, nada resultó exagerado, arriesgado, no hubo fallos técnicos, ni demasiado amor, todo transcurría como en una nube de algodón algo dulce, algo tibio, algo que contrastaba fuertemente con el alma de esos versos.
(Abro un paréntesis. Siempre que veo a Enric Cucurella en uno de estos actos, siempre que le veo ir y venir, siempre que le veo cerca de la barra con una cerveza, siempre me pregunto, ¿qué piensa Enric?. Cierro el paréntesis).
Le pedí a mi novia que se acercara a Luna Miguel, para que escribiera mi nombre y así lo hizo:  Para Elías Gorostiaga, después de una presentación repleta de problemas técnicos pero también de amor. Con cariño LUNA Barcelona 2011.  
Higiénico y Perfecto. Esperé en la calle, donde la acera volvía a estar llena de fumadores. Dentro, el ambiente era suave, escritores de la cuadra Alpha Decay, bien afinados por la incansable Ana, seguidores Facebook, ni frío ni calor. No se como son las relaciones sexuales de los mejores cerebros de mi generación, se lo que leen y lo que escriben, no se cuanto se juegan, pero hay algo apagado ahí dentro, los folios se desmayaban y más que complicidad noté humedad, algo extraño para gente de un mismo estilo y sin ningún drama.  Había un desacople que no era técnico, era otra cosa, una pose y ese exceso de pose apaga cualquier espontaneidad, ni siquiera entre ellos (y Antonio es el que tira de esa cuerda). Un recital no es un laboratorio, ni un quirófano, no es una nave espacial; debes ser algo más mediocre, tanto como el sudor en la palma de las manos. Mientras tanto al editor DVD, sentado en las escaleras, le dolían cada vez más los huesos. Pensé que ese tipo tenía suerte, le acompañaba una mujer.

Cruzamos la calle, rescatamos el coche del garaje y salimos de Barcelona hacia el Garraf. No crucé ni media palabra con nadie, salvo para observar lo de los pies grandes de las chicas, las cosas salieron así, a mi las cosas casi siempre me salen así. Los cristales se fueron empañando. Creo que LUNA…(continuará) http://alenarterevista.net/luna-miguelpoetry-is-not-dead-porelias-gorostiaga/

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LUNA MIGUEL (Crónica en Cuarto Creciente) por ELIAS GOROSTIAGA se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

4 comentarios:

  1. Yo sentía hormiguitas en la barriga, ahora son ratones en los pies.
    El tiempo pasa, inexorablemente pasa. Alguien me dijo que la forma de pisar, de caminar, de desplazarse, dice mucho de una persona. No sé más, no conozco el lenguaje de los pasos, pero supongo que navegar en un zapato grande a menudo te pierde.
    Aquí lo importante no es Luna, eres tú y tu victoria frente a la Pereza.

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  2. ¡Hey, colega! No intenté ningún malabarismo, se me soltó la correa y me la tuve que subir a la espalda para no perder punto de apoyo, luego la camarera desconectó el ampli por error :) De todos modos hay que dormir más, parece escrito desde una óptica rebosante de serotonina. Aprecio la franqueza, en cualquier caso.

    Un saludo,

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  3. Encantado de saludarte Julio, no estuve al tanto de ese detalle, en todo caso saliste airoso y quedó bien. Espero volverte a ver por alguna otra plaza, con tu banda.

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  4. Sí, tío, fue un pequeño Armaggedon, jajaja. Ojalá que sí, a ver.

    Un saludo,

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