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sábado, 22 de enero de 2011

BRUEGEL EL VIEJO



Solo tú viejo Bruegel, solo tú. ¿Qué había debajo de las mazmorras?. De dónde salen esos peces, qué había en aquellos vientres. Cuanto es el vino que se toma antes de una siesta, cuanto el trabajo en la cosecha, después de una jornada, como era el sol de Flandes, de qué madera se fabricaron los cuencos de leche, del agua, del vino, de la ginebra que se beben en las fiestas, de las bodas a las que asistías con tu amigo Franckert. Dónde te guardaste la locura viejo Brueghel, en qué parte de la sepultura enterraste aquel frasco y su licor o su perfume, o quizá fue entre los pañales de la que sería tu mujer, la hija de Pieter Coecke, del que aprendiste a pintar. Y con todo, viejo, por qué nadie, ninguno de tus personajes, de tus modelos, ¿por qué nadie ríe?

Mala vida viejo, la de esos años, la de esos años en el centro de Europa con todos los Habsburgo y Valois, llenando de guerras de religión y de estandartes políticos, insoportables, robos, navajas y muertos, seis guerras entre 1515 y 1553, los años en los que tu pintabas, donde triunfaba la guerra y como siempre la vida. Y como siempre también había que pintar el final de la risa.
-Había que darse prisa –dice el Viejo- la vida era corta.

Y había que pintar a todos los protagonistas. No se te escapó nadie. En la Muerte, el destino final de la multitud: ahorcados, empalados, despedazados, torturados, despojos de cuerpos para las alimañas.
-Nadie pinta tan bien como tu las alimañas –le digo al viejo-
-Si, -contesta- el Bosco.

Y no es menos la Vida, una dura mirada sobre sus compatriotas, labriegos, niños y ancianos protagonistas con la expresión estremecida, cansada, aldeanos toscos de los lugares que él conocía, como buen vividor.
-La vida es corta –repite-

Y tampoco salen bien parados, no repara en gastos y nos lo regala todo; todo son los detalles, la geografía de sus paisajes, las emociones, los deseos, lo grotesco. Esos dos triunfos, el de la Muerte y el de la Vida, siempre presentes en la obra del pintor, de este Bruegel, (que es padre de otros Bruegel también pintores) y sus paisajes, “el triunfo de la muerte” o “cazadores en la nieve”, paisajes que no dejan de ser otra cosa que el final de la risa, que iguala a hombres y animales.

Bruegel sabe que la muerte se disfraza mal y da más miedo. Sabe Bruegel que la alegría de los juegos de niños, boda de campesinos, no sirve para disfrutar más, no es completa.

Uno no termina de creerse lo que ve y uno no deja de amar estos cuadros porque son humanos, sufren, viven y mueren delante de nosotros, sin ningún pudor. Me pregunto qué pintor actual, transmite estas sensaciones y me contesto, ninguno, todos son demasiado abstractos, ¡tan abstractos! y los que no lo son, que coño son.
-Becarios –dice un vigilante del Museo del Prado-

Al servicio del Ministerio de Cultura, sus becas y sus prohibiciones, al servicio del hambre, mas funcionarios esperando que alguien pague la última ronda.

4 comentarios:

  1. Viejo angustioso, Bruegel. Me gusta su capacidad de captar durante largo tiempo la atención de quién los mira.
    Algo así me ocurre con muchos de tus escritos. Y esto, en estos tiempos de locura e inmediatez cargada de falso éxito, es un privilegio. Una frase, dos palabras, tres silencios...un privilegio.

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  2. Gracias Carreteira, una frase, dos palabras, tres silencios.

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  3. Vengo del fb donde la revista alenarte, que también enlacé un día a través de otro blog, agradece una crítica tuya. Y así voy tejiendo esta red de buena literatura...Gracias...

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  4. Eres bien recibida en esta casa, lo es Alena y sus amigos y lo son todos los que quieran aportar ideas. Gracias a ti.

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